LA NEUROSIS DE LA REPRESENTACIÓN POPULAR

En el mismo instante en que el ciudadano elige a un representante popular se produce una ruptura; elige a una persona que sólo se representa a sí misma, a su familia o a su grupo.

La fragmentación de la representación popular opera en contra de la ciudadanía, porque al elegir aquél que no representa más que a una fracción de los representados, no se asume como tal, porque tiene que negociar su propia representación.

La representación popular fragmentada se convierte en una representación no popular, no colectiva, sino individual de la persona o cuando mucho del grupo que representa.


Esto provoca la neurosis de los representantes populares, porque si bien han sido electos, no se consideran con la suficiente representación de la ciudadanía y reaccionan en contra de sus propios representados.

Los representantes populares se consideran traicionados por sus seguidores por el hecho de que pocos los hayan elegido y, a la vez, hayan elegido a tantos, cuando pudieron  haber otorgado mayor valor a la representación que ellos tienen.

Esto hace que los representantes populares se planteen la necesidad de construir una nueva representación, a partir de la idea que tienen de sí mismos y de la fuerza que se imaginan poseer, lo que los lleva a negociar el tamaño de su representación posible.

El tiempo que toma entre haber sido electo y tomar posesión se convierte en la eterna búsqueda de los caminos que posibiliten el que los otros los reconozcan con un determinado peso a fin de aliarse o coaligarse.

Los diputados locales, sin importar el partido político, se encuentran frente a la disyuntiva de que siendo representantes populares, no son tan populares y para representar algo tienen que romper con lo que representan, lo que los pone al borde de la neurosis.




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