La manzana podrida

No hay día en que no haya evidencia del saqueo de los gobiernos, de los poderes legislativos y de los judiciales, la manzana está podrida. Son miles de millones de pesos que en lugar de ser distribuidos entre la población han sido utilizados para el enriquecimiento de la clase política enquistada en los poderes de la Unión y en los partidos políticos, desde luego derramado en un segmento de la clase empresarial que llenó sus bolsillos con contratos a modo, evasión de impuestos y hasta devoluciones inexplicables de Hacienda. La reingeniería que tendrá que hacer el nuevo gobierno deberá ser tan profunda para no sólo pelar la manzana, sino para desecharla y sembrar desde ahora nuevos plantíos frutales. Ante la evidencia del saqueo, urge una transformación a fondo.

A un mes del triunfo de la coalición Juntos Haremos Historia y del fenómeno que se ha convertido Andrés Manuel, hay dos hechos que llaman la atención: el primero es el flujo de información que está brotando por todas partes con respecto a los ingresos y egresos, en particular al gasto público, en segundo lugar la crítica sin cuartel contra Andrés Manuel de la clase política que fue derrotada en las urnas y de los intelectuales orgánicos que más que defender la libertad de expresión buscan blindar los privilegios, las prebendas, en general su status quo.

En relación al gasto, la información que fluye indica un aumento desmedido de la deuda pública interna y externa, pérdidas multimillonarias en la Comisión Federal de Electricidad, pérdidas en Pemex, salarios escandalosos en la alta burocracia –más de 20 mil burócratas– viviendo como ricos, gobernadores y ex gobernadores que han ocupado el recursos público para su enriquecimiento y para hacer del presupuesto su mejor botín, bonos estrafalarios para los ministros de la tremenda Corte, así como miles de millones de pesos para gastos personales de los representantes del pueblo, ya sea en el Senado, en la Cámara de Diputados o en los magistrados. Por si eso fuera poco, se han dado a conocer contratos transexenales en los sectores energéticos, en obra pública para infraestructura o en compras de gasolina, gas y energía eléctrica que huelen a podridos. Estos gastos, la deuda y los contratos transexenales ponen en riesgo a las nuevas generaciones, por si eso fuera poco la desmantelada Auditoría Superior de la Federación sigue publicando múltiples irregularidades de las dependencias, no hay día que no aparezcan evidencias de uso ilegal de los recursos públicos; la famosa Estafa Maestra es una muestra del saqueo, pero le siguen muchas más instituciones del gobierno, ya sea federal, estatal o municipal, que tienen sendas irregularidades. Como nunca los mexicanos estamos conociendo cómo nuestra clase política hizo del gobierno un botín, mientras que más de 53 millones de hombres, mujeres y niños viven la pobreza a lo largo del territorio. Es curioso que desde el 1 de julio los datos fluyan a tal velocidad que con tanta información es sumamente complejo acabar de digerir los usos y abusos desmedidos del poder.


En cuanto a las críticas sin cuartel de la clase política y de los intelectuales orgánicos, tampoco hay día que no se critiquen las propuestas del nuevo gobierno, al gabinete y a los procesos de descentralización y desconcentración que se visualizan. En ambos casos, los argumentos se centran en poner en tela de juicio: los resultados de las propuestas y de los personajes que ejecutarán las mismas, en bajar los salarios, en la revisión exhaustiva de los contratos transexenales, en tener un coordinador estatal de la Federación que ponga lupa en el actuar de los gobernadores, en poner en entredicho de dónde vendrá el dinero para los programas sociales anunciados por el nuevo gobierno. Las críticas tienen un eje central, mantener los privilegios y, por ende, el status quo para mantenerlo. Según los críticos, se requieren las mismas prácticas, las mismas instituciones, el mismo presupuesto y sólo cambiar al presidente en turno y a su gabinete, cambiar para seguir iguales.

De hecho, la crítica sobre el poder hegemónico que tendrá AMLO y en particular el relacionado con la división de poderes es una verdad a medias, en las épocas del PRIAN el Poder Ejecutivo tenía mano ante la debilidad por el dinero de los diputados, senadores y gobernadores de al menos ambos partidos políticos, dicho sea de paso, el presidente subordinaba a éstos a punta de cañonazos de un millón de dólares. Los propios intelectuales del régimen de privilegios están aterrados porque ahora tendrán que ganarse la vida como cualquier hijo de vecino, se acabarán los contratos, los viajes, las comidas y todas las prebendas que obtenían a cambio de tinta y pluma que siempre aplaudía al gobierno, a las famosas plumas se les ha olvidado los atropellos de los gobiernos del PRI y del PAN y han  perdido la memoria histórica que a todas luces muestra que la manzana está podrida, y entre sus pieles ellos fueron parte de la complicidad del régimen que está por dejar el poder. Ante los datos de corrupción, impunidad, dispendio y discrecionalidad, es necesario cambiar el barco y no sólo el timón. Nadie quiere seguir comiendo manzanas podridas.

Entre tanto, según la historia, el pecado original surge porque Adán y Eva sucumbieron a la tentación, simbolizada por la manzana. ¿Usted seguirá deleitándose con el fruto prohibido?