LA INEPTITUD Y LA IMPUDICIA

Cuando dos o más personas o grupos entran en contacto pueden elegir entre construir una relación conflictiva o integradora, lo que determina que entre ellos surjan los desacuerdos, el antagonismo y los conflictos.

La unidad ya no es la esencia de la sociedad, sino que tiene que ser construida o instituida como resultado de un esfuerzo para articular o integrar la diversidad política imprimiéndole una forma específica.

Los individuos y los grupos parten de reconocer que su relación se da a partir de un mínimo de reglas bajo las que actúan en el campo o arena política. Hasta para el desacuerdo debe existir un acuerdo.


El desacuerdo es el encuentro de dos lógicas incompatibles que se despliegan para sostener una relación asimétrica sobre los principios que se consideran son la base de la sociedad.

El antagonismo es el reconocimiento de la existencia de una multiplicidad de sujetos de cambio que tienen una visión distinta del orden establecido y que buscan y encuentran las vías para subvertirlo.

El conflicto se produce cuando las respuestas del comportamiento necesario para satisfacer una motivación no son compatibles, es decir, cuando dos o más actividades se excluyen mutuamente.

En política la lucha es por el poder y los recursos, de modo que los partidos políticos actúan con la intención no sólo de obtenerlo sino de neutralizar, dañar o eliminar a los rivales. Aunque como decía Chantal Mouffe: “no hay enemigos, sólo adversarios”.

La competencia y la honestidad deberían ser los elementos que determinan los desacuerdos, los antagonismos y los conflictos entre la clase política de Tlaxcala, pero lamentablemente es todo lo contrario, son la ineptitud y la impudicia.




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