La herencia de Luther King

Este 15 de enero se conmemora un aniversario más del nacimiento de Martin Luther King, uno de los líderes de conciencia de nuestro tiempo, enlazado a la cadena de luchadores sociales que encontraron una respuesta eficaz contra la violencia: Gandhi en la India, Lanza del Vasto en Francia, Helder Cámara en Brasil, César Chávez en California; ellos fueron pioneros en encontrar la estrategia frente a la creciente violencia que siempre ha sostenido al sistema capitalista, el que hoy más que nunca se radicaliza y revela su rostro de bestia apocalíptica. ¿Por qué vale la pena reflexionar sobre la herencia intelectual de Luther King en el contexto actual? Por muchas razones, principalmente porque viviendo en el corazón del país más capitalista del mundo desde sus contradicciones y polarizaciones internas, fue capaz de tomar conciencia y ayudar a que miles de ciudadanos de su país y del mundo, tanto de color como blancos, tomaran conciencia de la situación de injusticia que padecía y se coordinaran para llevar a cabo acciones no violentas que modificaron profundamente las reglas injustas de la sociedad. En su célebre discurso “Más allá de Vietnam: el momento de romper silencio”, pronunciado el 4 de abril de 1967 en una iglesia de Nueva York, por un lado denunció que los tres grandes males del sistema eran: el racismo, el materialismo extremo y el militarismo, mismos que generaban la violencia inadmisible de las guerras, el odio excluyente y el materialismo a ultranza promovido por la cultura capitalista, como motor del consumo permanente y sin medida, como metáfora de una hipotética felicidad social. Con los desplantes del desequilibrado mental que encabeza el gobierno de la Casa Blanca, esos mismos temas siguen siendo los fundamentales dentro del statu quo neoliberal: así escuchamos calificar de “hoyos de mierda” a países que han sido víctimas del despojo de sus riquezas hasta la extenuación y cuya dignidad, lo único que les queda, hay que pisotear. Se oye hablar también de la “guerra necesaria e inminente” contra los países que supuestamente son “poderosos enemigos” y hasta comienzan a hacerse simulacros de falsos ataques con misiles nucleares sobre poblaciones civiles, como se acaba de hacer con Hawaii. Finalmente el discurso deja claro que la “sociedad del bienestar y en confort”, como supuestamente lo es la norteamericana, sólo es para unos cuantos, para aquéllos que participen activamente en la lucha a muerte por el despojo, para los que trabajen a favor de las grandes empresas y en contra de las grandes mayorías. ¿Cómo responder a esta violencia? Las claves las han dado todos los ilustres antecesores y continuadores de la no–violencia, y el mismo Luther King, cuando en diciembre de 1955, Rosa Parks que viajaba en los autobuses del Apartheid, con una sección exclusiva para blancos y una reducida sección para negros, se negó a dejarle su asiento a un blanco y desencadenó en Montgomery, Alabama, en el que Luther King participó activamente el primer boicot de la historia norteamericana en el que la gente de color, ampliamente mayoritaria, decidió no usar durante meses el transporte público con sus reglas racistas, hasta llevarlo a la quiebra y obligar a la empresa y a sus supremacistas blancos a eliminar esas reglas y reconocer la dignidad de los negros, marcando el inicio de la lucha por los derechos civiles. Este tipo de acciones es el único que puede contrarrestar la creciente violencia del sistema.