LA DIVISIÓN MUNICIPAL

La votación del pasado 7 de julio provocó la integración muy diversa de los 60 ayuntamientos y del Congreso local, lo que determina que ningún partido político pueda asumirse como mayoría. ¡Todos son minoría!

El saldo electoral es de nueve minorías, pues cada uno de los partidos políticos quedó reducido a una minoría, más fuerte o más débil que las otras, pero al final minoría. El PRI resulta la minoría más fuerte y las más débiles son PVEM, MC y Panal.

Las declaraciones de los dirigentes políticos que asumen ser la mayoría en el poder o que gobernarán sobre la mayoría de la población no son más que ficciones. La célula básica de la organización política está conformada por múltiples minorías.


De las 344 regidurías asignadas por el IET, al PRI le toca el 22.6 por ciento; al PRD, 16.8 por ciento; al PAN, 13.2 por ciento; al PVEM, 7.8 por ciento; al PS, 6.3 por ciento; al MC, 6.3 por ciento; al PT, 6.1 por ciento; al PAC, 4.9 por ciento y al Panal, 4.3 por ciento.

Esta pulverización se ve incrementada con la incorporación, que la ley determina, de los presidentes de comunidad que pasan como regidores de pueblo, lo que hace que la verdadera mayoría la conformen ellos.

En las formas en que los cabildos, más no los presidentes municipales, planteen los problemas y el tipo de soluciones en esa instancia, dependerá el grado de gobernabilidad o ingobernabilidad que logren los ayuntamientos.

La convocatoria de los dirigentes de los partidos políticos para hacer frentes comunes o grupos de oposición no tiene ningún eco en este nivel de gobierno. Lo único que los mueve es la cantidad de recursos y obras que tocará a sus pueblos.

El plan de desarrollo puede convertirse en el instrumento más poderoso y eficaz para construir consensos y conciliar las diferencias entre cada pueblo y grupo que alcanzó representación en los cabildos como resultado de la votación dividida de los ciudadanos.




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