La Cueva del Coyote

“¡Coyotes, coyotes! Venimos de sangre de guerreros, nuestra fuerza nos llevará a triunfar y decirles nosotros venceremos y nada nunca nos ha de intimidar. Trataremos al rival con dignidad y con garra hemos de derrotarlo, defender el honor de nuestra causa, somos hombres de trabajo y dignidad ¡Somos Coyotes! Por mi sangre corre Tlahuicole, preferimos morirnos en la cancha que volver derrotados a Tlaxcala ¡Somos Coyotes! Afición por tradición, te llevo en el corazón. Coyote de Tlaxcala soy ¡sí señor!”

Cada 15 días, este himno sonaba en la Cueva del Coyote, cientos de aficionados coreaban y bailaban de la mano del abuelo Coyote en las tribunas, mientras La Clandestina, porra oficial, no deja de cantar, brincar y bailar.

Al final de los encuentros siempre se escuchaba como segundo himno: “Tlaxcalteca soy, desde la cuna hasta la muerte, cada partido vengo a verte, eres mi raza, mi pasión. Tlaxcalteca soy, nacido para ser valiente, soy un guerrero descendiente, soy un mestizo con honor, Tlaxcalteca soy. Vamos Coyotes, seremos campeones, vengo a alentarte con valor, vamos Coyotes, desde el Tlahuicole, vengo a dejar el corazón… Tlaxcalteca soy como el volcán de La Malinche, con el orgullo en la bandera soy de esta tierra indígena. Tlaxcalteca soy”.


El proyecto del equipo de Coyotes de Tlaxcala fue una muestra de la adaptación deportiva entre la iniciativa privada y la política del Estado. El anterior gobierno hizo del deporte una acción política prioritaria, no politizándolo, no promoviendo el uso partidista del mismo, sino haciendo de él un elemento importante para promover el desarrollo del Estado.

Un desarrollo en cuanto a la unidad, cohesión de la sociedad, incentivar los sentimientos de orgullo, identidad social, solidaridad, el mérito, el esfuerzo y la unidad. La identidad plena del ser tlaxcalteca. El deporte, principalmente el fútbol, fue un asunto de interés para el Estado, un tema de patrimonio cultural.

El proyecto deportivo de Coyotes fue, sin duda, una posibilidad de impulso y reactivación económica, que pasó del deporte aficionado a la rama profesional, del ocio deportivo a una integración de múltiples sectores sociales a través de la gestión de un espectáculo deportivo.

Con el cambio de gobierno y con la llegada de la “gobernanza” las reglas del “buen gobierno” en el deporte sucumbieron, ello a pesar de que el proyecto de los Coyotes llegó a ser parte del Plan Estatal de Desarrollo, consistente en la renovación del estadio Tlahuicole para que pueda albergar cuando menos a 15 mil aficionados. A poco más de un año, nada. Al equipo se le ha retirado el reconocimiento de ascenso por no tener un estadio adecuado. El equipo de Coyotes se va de Tlaxcala.

Para el nuevo gobierno la prioridad parece ser el pensar y repensar la “gobernanza”, en teoría, en el orden normativo y, además, seguir buscando la forma de aplicarla en la región. El proyecto permanente del nuevo gobierno parece ser la reinvención de la entidad, desde el escritorio, desde las salas de diálogo privado. La “ciencia” parece ser la invitada de lujo del nuevo gobierno, esa ciencia que está siempre a merced del mercado y que, suele servir ampliamente al ramo de la producción automotriz.

La Cueva del Coyote permanece cercenada, es una efigie más de un gobierno cuya dirigencia labora y decide en la más completa invisibilidad, es un reflejo de la ausencia de un proyecto deportivo de largo aliento, una “gobernanza” hueca que no termina por encontrarse con la realidad. Una “gobernanza” que no cumple con el requisito mínimo del consenso y de mediación entre el Estado, el mercado y los múltiples actores sociales y políticos.

La Cueva del Coyote ha dejado de ser una referencia para la identidad tlaxcalteca, un espacio olvidado en el que los ecos de una sociedad orgullosa resoplan vagamente, donde se cantaba de forma catártica “Tlaxcalteca soy, desde la cuna hasta la muerte, cada partido vengo a verte, eres mi raza, mi pasión. Tlaxcalteca soy, nacido para ser valiente, soy un guerrero descendiente, soy en mestizo con honor, Tlaxcalteca soy. Vamos Coyotes, seremos campeones, vengo a alentarte con valor, vamos Coyotes, desde el Tlahuicole, vengo a dejar el corazón… Tlaxcalteca soy como el volcán de La Malinche, con el orgullo en la bandera soy de esta tierra indígena. Tlaxcalteca soy”.

El gobierno de la “gobernanza” se ha sumergido en un prolongado monólogo, en un marcado circunloquio de autoadulaciones, en el más soberbio ascetismo. El actual gobierno olvidó que la legitimidad social de su actividad política tenía una puerta de entrada, ya labrada y construida por su antecesor: la Cueva del Coyote. El actual gobierno olvidó la continuidad, lo dicho, prometido y proyectado. Con la ilusión, la unidad, la esperanza y la identidad no se juega. Recordemos las sabias palabras de Nelson Mandela: “El deporte tiene el poder de cambiar el mundo. Tiene el poder de ilusionar, tiene el poder de unir a la gente de una manera que pocas cosas lo pueden hacer”.