La cuesta de enero

Se acabó la temporada navideña, a partir de hoy inicia la cuesta de enero. Se empieza el año 2014, que a diferencia de otros, arranca con una alza en muchos de los precios de los productos derivados de la aprobación de aumentos de impuestos, mismos que ya se han reflejado en varios artículos de consumo cotidiano, a ello se añade una disminución del salario neto de los trabajadores que pertenecen a la economía formal, consecuencia de una mayor tasa impositiva que impactará en su próximo pago quincenal, semanal o mensual. En suma, la cuesta de enero, que es el periodo de tiempo en donde se autorestringen entre otras cosas el consumo por falta de liquidez, una disminución en la demanda de productos y una falta de pagos puntuales con acreedores bancarios, servicios públicos y privados, será sumamente pesada para gran parte de las familias mexicanas. En esta ocasión la cuesta se prologará hasta finales de febrero, dos meses que permitirán al trabajador y, por ende, al consumidor hacer los ajustes pertinentes para adaptarse a su nuevo ingreso familiar, la relación gasto–ingreso volverá a generar una disminución en el poder de compra afectando la canasta básica, vestido, zapatos, entretenimiento, cultura, problema recurrente en la economía mexicana en al menos los últimos 30 años. Llevamos al menos tres décadas viviendo la cuesta de enero los 365 días del año.

La cuesta de enero generalmente se explica a partir de un excesivo consumo realizado en diciembre, en virtud de un crecimiento temporal del nivel de ingreso, que por lo general provoca un consumo acelerado y masivo. Es la temporada del año donde hay mayor volumen de circulante, ya sea por el pago de aguinaldo, primas vacacionales u otras fuentes de ingresos, la mayor circulación de dinero genera en los consumidores una percepción subjetiva de querer adquirir productos que en otras temporadas del año sería imposible acceder; de hecho, el fenómeno se puede explicar a partir de las carencias en los 11 meses que le precedieron, es decir, el fin de año se presenta como una oportunidad para cubrir necesidades básicas, pero en muchas ocasiones necesidades creadas por una sociedad de consumo que se han consolidado en el mundo global, esto se observa de forma muy clara en los centros comerciales donde los consumidores acuden de forma masiva para comprar de todo y para todos, las enormes filas reflejan la catarsis colectiva de la temporada navideña.

Sin embargo, la cuesta de enero puede explicarse de otra manera, de hecho en las economías de los países ricos no es nada parecida a la mexicana o a la de los países pobres, la diferencia es profunda, mientras en México y economías similares el fenómeno se explica por el exceso del gasto, producto de un aumento en el volumen de ingresos y de las carencias, en los países ricos la cuesta prácticamente no existe, en gran medida la ausencia de ésta es porque el nivel de ingreso y de vida es radicalmente opuesto, esto significa que en los países ricos el ingreso per cápita durante el año permite adquirir o pagar los productos y servicios que se van requiriendo, los esquemas fiscales son mucho más eficientes y la distribución de la riqueza es homogénea, lo que se traduce en calidad de vida y bienestar para un segmento muy amplio de personas durante todo el año. Eso no significa que no haya consumo masivo en diciembre, en realidad los centros comerciales también están al tope, pero la posibilidad de que termines e inicies el año sin un centavo es prácticamente nula, pues el consumo si bien puede ser banal, no pondrá en riesgo las finanzas familiares.


Es común que en los países ricos se tengan planes financieros que eviten el despilfarro a partir de esquemas de ahorro obligado, ya sea para jubilaciones, pensiones, seguro escolar que garantice la educación de los hijos o hasta para planear las famosas vacaciones de verano, es decir, los recursos extraordinarios de un año de trabajo son otorgados, pero no son necesariamente dinero disponible a través de liquidez, esto restringe el consumo, genera ahorro individual y familiar y evita presiones inflacionarias por el excedente de circulante. Un ejemplo importante es el de los Estados Unidos, donde está la sociedad más consumidora del mundo, para ellos la temporada navideña representa de mejor manera el símbolo del consumo. El adorno de las casas, empresas, edificios y avenidas es una muestra de una intensa identidad por papá Noel o Santa Claus, así como el fin e inicio de año, en esa sociedad la entrega e intercambio de regalos es una práctica colectiva arraigada, no es casual que en las películas navideñas se reproduzcan esas costumbres, árboles navideños rodeados de múltiples envolturas de regalos, pero hasta para el intercambio hay reglas, quizás el lector se sorprendería por el número de productos que presentan descuentos en Estados Unidos, pero sobre todo quedarían perplejos por los topes de gasto de consumo que establecen los centros comerciales. En general los establecimientos ponen límites, un consumidor individual no puede rebasar los montos asignados, pasa en Orlando, Miami y en el conjunto en la Unión Americana, esto sin duda ayuda a disminuir el consumo y afecta de mejor manera la improbable cuesta de enero.

En México, ocurre lo contrario, en el periodo navideño escasean las ofertas o descuentos, no hay límites para el consumo y se amplían las alternativas de crédito, lo que en suma provoca incentivos para comprar a precios altos y dejar sin dinero a las familias mexicanas, las ofertas inician precisamente al final de la temporada y son conocidas como las ventas de liquidación, éstas no ponen en riesgo la tasa de ganancia de las grandes empresas, pues la compra convulsiva de diciembre ha dejado la derrama esperada que soporta las ventas de enero y febrero. Es mejor comprar en la venta de liquidación, pero rompe con la tradición de regalar, comprar o adquirir lo que no necesitamos, aunque las familias se queden sin un quinto, prefieren gastar en diciembre.

La cuesta de enero no puede atribuirse únicamente a la subjetividad y catarsis de los mexicanos, debe comprenderse a la luz de un país que ha promovido una enorme desigualdad en la distribución de la riqueza, misma que hace que las familias mexicanas vean en este periodo del año la única ocasión para poder adquirir lo que en 11 meses anteriores les fue imposible obtener. La cuesta inicia con la primera ausencia del año, la rosca de reyes, ¿o no? Ver para creer.