LA CAPITAL COMO SÍMBOLO

En las elecciones locales, más que en ninguna otra, el imaginario popular juega un papel fundamental. Ganar o perder un territorio se transforma en una historia, que magnificada, se convertirá en una saga que será la materia prima de todo comentario político.

Tlaxcala, la capital del estado, es el actor principal de esta narrativa. Nunca ha caído en manos de la oposición, aunque el Poder Ejecutivo estatal pasa de manos del PRI a las del PRD  y luego a las del PAN, siempre permanece fiel al tricolor.

La última ruptura en el PRI lleva a Lorena Cuéllar al PRD. Cuando por las venas de la senadora corría sangre priista, consideraba que la capital era su espacio y su dominio, de ahí que las elecciones locales sirvan para recuperarla y mantenerla bajo su cuidado.   


Si el PRD gana la capital, se estacionará frente a la puerta de Palacio de Gobierno. Esperará que llegue 2016 para confirmar el avance y entrar triunfante al patio y bajar la bandera del PRI, partido que le negó esa posibilidad.  

Pero si el PRI confirma su permanencia en Tlaxcala, no sólo derrota al PRD, sino a la candidata al gobierno del estado y muestra que el alcázar no sólo se encuentra protegido sino que lo han convertido en una muralla inexpugnable.    

El PRI puede ganar 59 ayuntamientos y perder la capital, lo que en el imaginario se convierte en una gran derrota, en cambio si confirma su triunfo en la capital, puede perder todos los demás municipios y no pasa nada. ¡La capital es el símbolo!

Perder la capital no significa un avance en la alternancia, como sucede con el Poder Ejecutivo, el Legislativo y los otros ayuntamientos. ¡No! Representa el anuncio anticipado de la salida del PRI del Poder Ejecutivo en 2016.

Pero si mantiene la capital y gana Apizaco, la elección se convierte en la  victoria que ha de ser contada, porque la derrota no es sólo para los partidos: PRD y PAN, sino de las aspirantes al gobierno del estado.




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