¿Y la aspiración democrática?

El primer debate presidencial de 2018 se ha realizado bajo un formato diferente, que ha permitido una mayor exposición de “ideas” para la y los candidatos. Las autoproclamaciones de triunfo no se han hecho esperar, lo que ha faltado es un ejercicio de autocrítica que les permita asumir con toda responsabilidad las deficiencias argumentativas y la incapacidad para encontrar puntos de encuentro que les permitan lograr los acuerdos que son necesarios para hacer frente a las problemáticas que la nación enfrenta en materia de seguridad pública y violencia, combate a la corrupción, transparencia, democracia y atención a grupos vulnerables.

Este primer debate nos deja ver el escenario complicado que hemos venido arrastrando: la falta de capacidad de diálogo y la integración de todas las visiones posibles en las soluciones y propuestas; la presunción de que una vez asumido el poder las cosas cambiarán por decreto y la descalificación per se ante quienes piensan diferente y vislumbran caminos distintos. Y a este grave contexto hay que sumarle la confrontación entre una ciudadanía desalentada que no se ha fortalecido en la crítica, en la reflexión y mucho menos en la tolerancia, evidenciando lo endeble de nuestra aspiración democrática.

La y los candidatos se dirigieron a sus públicos cautivos, pocos visos encontramos de presentarse como una real opción para quienes aún no tenemos definido el rumbo de su voto. Se arriesgaron poco, fueron previsibles y uno de ellos fue lastimosamente evasivo para posicionar y explicar sus cómos en materia de seguridad pública. Como ciudadana de a pie me hubiera gustado saber de viva la voz a qué se refiere la amnistía propuesta por Manuel López Obrador.


La y los candidatos no fueron capaces siquiera de mencionar las perspectivas de derechos humanos y género, que son transversales y fundamentales en los temas previstos en este primer debate, pues la mejor manera de calificar la calidad de una democracia es precisamente la observancia de los derechos humanos, porque no se puede abatir la pobreza ni la violencia si no se tiene claro que se deben propiciar los medios para alcanzar la igualdad entre mujeres y hombres como piedra angular para lograr estos procesos y porque la justicia debe ser sin prejuicio ni discriminación.