Juan Luis heredó a sus hijas sus habilidades matemáticas y de cocina

Juan Luis López ha vivido, a sus casi 58 años de edad, del esfuerzo y de la tenacidad, mismas que ha impregnado en su quehacer y en la formación de sus dos hijas y de su familia en general. Foto:Alejandro Ancona/La Jornada de Oriente

Así como los árboles heredan sus genes a sus frutos, así los hombres lo hacen con su descendencia, sostiene con firmeza Juan Luis López García, un hombre que a pesar de su casi nula preparación escolar, heredó a sus dos hijas sus habilidades y gustos por las matemáticas y la cocina.

Aunque solo pudo, “por desgracia”, como afirma, estudiar hasta el tercer grado de primaria, “porque a mis familiares solo les interesó que les generara dinero y ganancias”, don Juan Luis logró que la mayor de sus hijas estudiara la licenciatura en matemáticas aplicadas y la menor de ellas, está por titularse como chef en cocina internacional.

Don Juan Luis han vivido, sus casi 58 años de edad, ha vivido del esfuerzo y de la tenacidad, mismas que les ha impregnado en su quehacer y en la formación de sus dos hijas y de su familia en general, quienes “no esperamos que las cosas se den, no esperamos a que las oportunidades lleguen, nosotros vamos a buscarlas, vamos a crearlas.


Esa mística la trae en su ADN, ese que heredó también de sus padres, unos campesinos oriundos de la comunidad El Progreso, allá por el municipio de la mixteca de Ixcaquixtla, Puebla, a quienes les aprendió que el trabajo es la única fórmula casi exacta de la aritmética de la vida, que sumando dedicación, más honradez y esfuerzo, pero restando vicios, logras los mejores resultados.

Él dejó su tierra por la necesidad de salir adelante, pues sus padres querían mejores condiciones para él, por lo que a los 10 años dejó su terruño para llegar a Apizaco, en donde ya se habían asentado algunos de sus tíos.

“Me mandaron para acá, según me acuerdo, para estudiar, pero en la escuela tardé solo unos seis meses en darme cuenta que no era esa la idea de ellos (sus tíos), porque me sacaron de la escuela, por lo que no pude ni terminar la primaria”, rememora don Juan Luis mientras prepara sendos tacos, combinados de maciza y pata de res.

“Soy de buen cerebro, lo poco que aprendí lo aplico, aunque me falla escribir, porque me voy todo chueco, pero en matemáticas no me ganan, mientras usted saca su calculadora para hacer sumas, multiplicaciones o divisiones, yo ya las hice en la mente, esa sí es mi habilidad”, dice don Juan Luis orgulloso.

Y es que en las operaciones aritméticas han estado en su vida, ya que desde pequeño, en su primer empleo como vendedor de ofertas de cobijas por las ferias de “casi todo el país”, generó su habilidad.

Cuando dejó la primaria ese fue su primer empleo, se dedicó a vender y vender cobijas y diversas ofertas de pueblo en pueblo, lo que le ayudó a generar esas operaciones. “De verdad, estaba bien chavo, y mis tíos, mientras trataban de hacer sus cuentas yo ya estaba cobrando y dando cambio. Al principio dudaban, pero ya después, casi me hacían el encargado de las operaciones”, dice orgulloso.

Juan Luis ha basado su desarrollo en la tenacidad

En esa labor duró casi 15 años, pero ya después, con sus dos hijas y una familia que disfrutar, decidió cambiar de actividad e inició un negocio propio, que es la venta de trastes en las ferias y pueblos, en donde continuó desarrollando sus habilidades e inculcando a sus hijas.

Esa condición y gusto por los número, estima, se la heredó a su hija la mayor, pues estudió la Licenciatura en matemáticas aplicadas, “ella sí se fue muy alto, y gracias a dios le va bien, creo que no podemos quejar.

Al paso de los años y las bajas ventas en su actividad, don Juan Luis decidió darle un giro  a su oficio, y desde hace más de un lustro, abrió un negocio familiar como es la realización y venta de barbacoa, misma que comercializa en Apizaco, por las inmediaciones de la clínica del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

“Heredé el gusto de mi familia por la barbacoa, mi hermanos y primos tienen sus carnicerías, hacen barbacoas, pero como allá en mi pueblo, cocidas en hoyo, y algo así decidí poner y nos va bien, sacamos para los gastos y para que las niñas estudien”, refiere.

Su gusto por esa actividad gastronómica fue acogida por la pequeña de sus dos herederas, quien abrazó el estudio de Chef, licenciatura que está por concluir allá en la ciudad de Puebla.

“A ella se le metió el gusto por la cocina, y quiere superarse, por eso le apoyamos porque no le voy dejar otra herencia, solo los estudios, ya depende de ella aprovecharlo. Es una carrera muy cara, porque entre hospedaje, utensilios, prácticas es como si tuviera que mantener unas tres casas”, dice entre risas.

-Don Juan Luis debe estar muy orgulloso de lo que ha logrado con esa mística de sumar esfuerzos y lograr buenos resultados, se le inquiere.

-Le mentiría si le digo que no. Nunca imaginé que las cosas se darían de esta forma, pero ahora que me lo pregunta, creo que si estoy muy orgulloso, pero no de lo que he hecho, sino de lo que hemos logrado como familia, porque este negocio que ve no es mío, mi esposa labora, mis hijas me ayudan con sus resultados a darme ánimos. Todos cumplimos una función, estos frutos son de nosotros, no de una sola persona, concluyó antes de hacer sus sumas mentales de todo lo que degustamos.