José Luis Angelino triunfador de la primera corrida de la prensa

José Luis Angelino ganó la estatuilla que combina las herramientas de trabajo de los periodistas y un toro, al ser el triunfador de la corrida que organizó la UPET el pasado sábado en la plaza Rodolfo Rodríguez El Pana de Apizaco

El fino diestro apizaquense, José Luis Angelino logró hacerse, sin discusión alguna, de la presea y del mote de triunfador de la corrida de toros de la prensa, celebrada el pasado sábado en la plaza de toros Rodolfo Rodríguez El Pana, en la ciudad de Apizaco.

Ante un verdadero aguacero que acompañó prácticamente toda la corrida de toros –desde que saltó a la arena el segundo de la tarde–, todos los actuantes, aficionados y los empresarios –la mesa directiva de la Unión de Periodistas del Estado de Tlaxcala (UPET)–, le echaron para delante ante una brava corrida, armoniosa en su mayoría, de la dehesa De Haro.

El hubiera no existe; la conjugación del verbo haber pero “pretextado” ahora sí encaja en lo ocurrido el pasado sábado en la plaza de toros Rodolfo Rodríguez El Pana, pues qué habría ocurrido sí el dios Tláloc hubiera escogido otro lugar y otra hora para desfogar sus lágrimas.


Si ese aguacero hubiese llegado después de rodado el último de la tarde, que inundó la plaza de toros –por cierto con deficiencias en su desagüe y en sus tablas del redondel– muy seguramente, estoy seguro, otra cosa habría pasado y seguro estoy que el devenir del festejo habría sido con un mayor triunfo de los espadas.

Pero no hay mejor forma de defender la fiesta brava, esa que se defiende sola, cuando las cosas se hacen bien, que la gente aguantó estoica el derrumbe de las nubes sobre la mayoría de los asistentes.

Los asistentes mostraron afición y de esa manera los toreros hicieron lo propio y a pesar de aumentar a mil por ciento los riesgos que su profesión reviste, decidieron también salirse a jugar la vida.

Y de esa épica tarde, sin lugar a dudas el triunfador fue José Luis Angelino, quien cortó las dos orejas al cuarto de la tarde, un precioso ejemplar, en tipo de la ganadería que dirige Antonio de Haro; fuerte, musculoso, armonioso y fijo a la sarga al mayor de los hijos del finado Joaquín Angelino, hizo que los ángeles bajaran para hacerlo torear.

Como describió el maestro Álvaro Sánchez, “José Luis Angelino, desde hace tiempo, ha demostrado que se halla en un momento de madurez taurina, lo que le ha valido triunfos en diversos cosos; ante el cuarto de la tarde, un toro alto, bravo bravo y de buen estilo, logró una faena interesante con el mérito de realizarla bajo la lluvia y remató de contundente estocada”.

Suave con el percal, se hizo de las embestidas del burel y con la muleta se fue para arriba la faena. Pese que para esos momentos el ruedo era un charco enorme, en el que era mayor el agua anegada, José Luis logró hilvanar una faena con largos trazos rematados por momentos detrás de la cintura, dejando embebido en su muleta mandona para lograr ligar el segundo, tercero y cuarto muletazo.

Fue una faena tersa, pese a las condiciones del ruedo, en el que seguro estoy que ni toro ni torero se sentían confiados. Qué hubiese sido si la lluvia nos hubiera esperado.

Y con la espada, José Luis anda en plan superior. Un estoconazo que hizo doblar sin puntilla al astado y que ante la algarabía de la mojada pero entusiasta afición, obligó al juez José Luis Andriano –por cierto, personaje que hace unos 11 años lidió el primer ejemplar de la historia de lo que fue el Festival de la Prensa– a otorgar las dos orejas del burel.

A la postre, esa faena y su culminación hizo triunfador a José Luis Angelino del trofeo en disputa, una hermosa estatuilla que combina las herramientas de trabajo de los periodistas y un toro.

Antes de ese triunfo, el matador Alberto Ortega fue el encargado de abrir la tarde ante Quilombo, un astado de 490 kilos, que si bien tenía largueza y transmisión, no pudo acomodarse del todo.

Aunque por momentos encontró el sitio adecuado para torearlo por el lado derecho, la faena no tuvo el calado ni el final que el toro habría deseado. El tiempo no pasa en vano y lo evidenció el matador Alberto, quien en su segundo viaje con la espada, fue trompicado y, por desgracia, sufrió un percance en la clavícula derecha. No se arredró y en una muestra de hombría, regresó de la enfermería para despachar a su toro.

Uriel Moreno El Zapata fue el segundo espada de esta corrida de la Prensa, quien tuvo que aguantar el inicio del aguacero y con ello el mermado interés de la afición, quien hizo por peteneras para guarecerse.

El diestro clavó banderillas con poca precisión dado lo difícil del terreno; sin embargo, logró una faena ligada por ambos lados que mantuvo la atención del público, la cual malogró con el estoque ya que pinchó dos ocasiones; al final le sonaron las palmas.

Cuando estaba por salir el tercero, los matadores y sus cuadrillas revisaron las condiciones del ruedo, que para ese momento ya era un barrizal, pero decidieron seguir. Bajo esas condiciones el matador Jerónimo nos deleitó al veroniquear bajo la lluvia sin que ésta menguara la calidad de su toreo.

Y con la muleta, unos trazos largos, inmensos y templados con la baba clavada en el pecho. Vaya expresión de este torero. Falló al matar no obstante recorrió el anillo.

Angelino de Arriaga, con el quinto de la tarde, se vio esforzado sin conseguir ligar la faena; cuando decidió entrar a matar el toro echaba la cara abajo y así pasó fatigas con la toledana retirándose en silencio.

En esas condiciones difíciles, Alejandro Lima El Mojito echó toda la carne en el asador con el sexto al recibirlo de rodillas en los medios, repitió la suerte en tablas y luego voluntarioso clavó dos pares de banderillas con exposición.

Se le vio rápido con la muleta, por momentos sin templar al toro, que tampoco, pese a su bravura, se confió ante las condiciones del ruedo y peor, porque se puso pesado con la espada.

La verdad, un éxito taurino lo ocurrido en esta primer corrida de la prensa, en la que matadores, afición y empresa (en este caso la UPET) dieron muestras de la grandiosidad de la fiesta brava.