Jorge presta ayuda sin esperar nada a cambio

Jorge I. López asegura que conducir una ambulancia “es una experiencia muy diferente a cualquiera de las demás. Se siente mucha adrenali- na al escuchar la sirena y llegar a la escena del accidente” ■ Foto Alejandro Ancona
Jorge I. López asegura que conducir una ambulancia “es una experiencia muy diferente a cualquiera de las demás. Se siente mucha adrenali- na al escuchar la sirena y llegar a la escena del accidente” ■ Foto Alejandro Ancona

El tiempo es el peor enemigo de Jorge I. López, operador de ambulancia en turno de guardia de la Cruz Roja. Es cuestión de vida o muerte.

A los 15 años de edad ingresó a la Coordinación de Juventud, luego pasó al área de socorros porque le gustó. Allí realizó un curso de conducción a la defensiva y talleres afines a la materia.

Sugiere a los jóvenes “que traten de invertir su tiempo en algo productivo y de beneficio a la sociedad; que no lo desperdicien”.


Concluyó estudios de preparatoria y actualmente trabaja en el área de ambulancias de la Secretaría de Salud (Sesa), donde es operador desde hace dos meses.

Dedica los sábados y domingos a la Cruz Roja.

“Se siente satisfacción cuando se ayuda a los demás sin recibir nada a cambio”, indica el conductor de 19 años de edad.

Afirma que brindar este tipo de servicio “es una experiencia muy diferente a cualquiera de las demás. Salir en una ambulancia, escuchar la sirena, llegar a la escena, pues sí, se siente mucha adrenalina y eso es lo que me gusta”, reconoce.

“Es una gran responsabilidad porque no sólo voy yo, van mis compañeros. Tenemos la misma responsabilidad que cualquier conductor, pero con algo de preferencia porque se supone que vamos al llamado de una emergencia”.

–¿Has llegado tarde a algún servicio?

–Sí, porque a veces los conductores de otros vehículos se ponen nerviosos o son prepotentes y no nos permiten el paso en la ambulancia y ha habido servicios en los que llegamos tarde.

El tiempo es clave para Jorge. “Se siente feo, impotencia, por no haber llegado a tiempo y haber podido hacer algo por la persona; en la mayoría de los casos ya falleció”, subraya.

Vive con el tiempo encima. Bajo presión.

“Es la responsabilidad de llegar en el momento adecuado y hacer lo más que se pueda por la persona lesionada”, precisa.

Jorge resalta la importancia del servicio oportuno. “Porque hay en juego una vida o varias”.

“De niño me imaginaba en esta actividad. Me llamaban la atención las ambulancias y los chavos que iban ahí. Ese fue uno de los motivos por el cual me integré a la Cruz Roja”.

–Pero no pagan un salario en Cruz Roja y hay quienes que no se incorporan por esta razón, ¿qué piensas de esto?

–Ese es un motivo por el que muchos no entran. En mi caso es la satisfacción de hacer algo por las demás personas.

“Hace poco tiempo acudí a un accidente que ocurrió lejos de la delegación Huamantla y no podíamos entrar con ambulancia hasta ahí, nos llevaron en una patrulla y tuvimos que ir sobre el cerro… y pues sí había cinco lesionados, los estabilizamos y trasladamos al hospital”.

Recuerda que durante toda una noche se dedicó a auxiliar a los heridos, debido a que la distancia en que se encontraba el lugar de los hechos complicó las labores.

A las 2 de la tarde de cada domingo, Jorge termina su guardia en la Cruz Roja y llega a casa a prepararse para el transcurso de la semana. Cuida que ni su trabajo ni su función en esta institución de socorro se interponga una con otra.

“Me gusta mucho hacer esto y quiero llegar hasta el último nivel que pueda en esta rama, como técnico superior universitario en paramédico. La universidad se localiza en Izúcar de Matamoros, Puebla. En dos años o en tres ya estaré bien preparado”, abunda.

Confía a La Jornada de Oriente que le llaman la atención los cóndores. “Quiero llegar a una institución reconocida a nivel nacional, prestar mis servicios y seguir en la Cruz Roja”.

Jorge porta orgulloso el uniforme de este organismo de carácter internacional y comparte el sentimiento hacia el resto de voluntarios.

“Tenemos dos familias, la de casa y la que encontramos en la Cruz Roja. A todos mis compañeros ya los veo como mis hermanos; a la comandante, se puede decir que como una mamá”, expresa.

Trata de organizar su tiempo para estar las tardes de todos los días con sus familiares en el hogar y el fin de semana en la Cruz Roja.

Reitera el exhorto a la juventud tlaxcalteca para que se incorpore a la Coordinación de Juventud. “Es un mundo diferente, es muy padre, son muchas experiencias que se viven y a la sociedad en general le pido que apoye a la institución”.

Pero en especial, este operador de ambulancia, requiere a la población que cuando conduzca un vehículo permita el paso a la Cruz Roja “para que el auxilio no llegue tarde a las escenas”.




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