Intertextualidad musical

En la semana que corre pareciera que padecimos una resaca política y como muchas resacas sólo podemos darle paliativos mientras pasa, entre el “ya lo sabía”, “Morris ganó”, “quedaron los mismos”, escuché con gran gusto en varios medios de comunicación que ya están corriendo los festejos a los 50 años de publicación de Rayuela de Julio Cortázar, luego entonces entre Morris y Rayuela, escogí lo segundo, me asaltó el recuerdo, corrí a buscar mi Rayuela al basurero que tengo por estudio, en lugar de aplicar la afamada segunda opción de lectura, abro al azar  y abrí en el capítulo 21, allí me encuentro como hace muchos años puntos de contacto, seguramente no los mismos de hace varios años: Uno, “en realidad después de los 40 años la verdadera cara la tenemos en la nuca”. Dos, Ionnisations de Edgar Varese, termino el capítulo y en lugar de ir al capítulo 79 como indica la segunda opción, hago loop y vuelvo abrir al azar, se abre en el capítulo 139, de inmediato todo allí es punto de contacto, es un comentario anónimo sobre el Kammerkonzert para 13 instrumentos de Alban Berg, que Cortázar cita haciendo gala de la intertextualidad cultural, de la que está repleta Rayuela.

Así que esta resaca de días de política ha sido menos soporífera, releyendo y escuchando dos obras monumentales de la música de cámara del siglo XX. Ionnisatiosn de Varese fue sin duda el trampolín para que otros compositores se aventuraran a componer sin el salvavidas de la “melodía”, construcción abstracta con un ensamble para percusiones, obra en un solo movimiento que pareciera ser un retrato de los nuevos rascacielos y que apuesta por el timbre como elemento unificador, un piano aparece al final y nos regala un racimo de notas ininteligibles desde el oído del siglo XIX. Por otra parte, el Kammerkonzert de Alban Berg, es un compendio de conocimiento musical europeo, despliegue de virtuosismo intelectual en el que las emociones se lustran, se cepillan, se maquillan y si amerita la emoción, se vuelve a desgreñar… ciertamente no es una descripción técnica, pero le dará idea de cómo escucho esta obra a la distancia. La resaca va más leve ahora.

Julio Cortázar nos comparte su melomanía y todavía mejor en Rayuela, se convierte en parte fundamental de sus historias entrecruzadas, así nos podemos topar con la cita de algún tango, la vivencia de un pianista de jazz y be bop, pasar a la música de Bach y rematar con una discusión sobre diversas versiones de tal o cual intérprete según sus personajes. La curiosidad que provoca, tantas citas, dan ganas de buscarse la música, la experiencia resultante le dejará de menos una pila de discos nuevos por escuchar. Si la resaca no le deja tanto tiempo para salir a buscar tantos discos y autores, de menos busque los dos autores arriba mencionados: Edgar Varese (Ionnisations), Alban Berg (Kammerkonzert) y festeje con todos los rayuelianos , re–leyendo la obra maestra de Julio Cortázar.





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