Infantes despojados y humillados

Solo una mente distorsionada como la de Donald Trump y la de sus incondicionales puede concebir con toda malicia e inhumanidad una política migratoria para separar a los hijos de familias con situación legal irregular en Estados Unidos, mediante uno de los peores mecanismos.

Imágenes desgarradoras de decenas de niños migrantes depositados en jaulas de metal en el estado de Texas, han dado la vuelta al mundo provocando indignación y manifestaciones de repudio hacia el presidente estadounidense.

La Convención Internacional sobre los Derechos de los Niños, por cierto firmada por ese país, establece que niños y niñas tienen derecho a ser respetados, sin importar estado de salud, origen social o étnico, idioma, religión y nacionalidad.


Esto significa que no deben ser discriminados, por tanto, tienen derecho a la igualdad. Los gobiernos deben respetar y proteger sus derechos, entre ellos a tener un nombre y una nacionalidad que les permita ser aceptados y protegidos por un país; a conocer a sus padres y a vivir con ellos, aun cuando carezcan de nacionalidad, así lo dispone el artículo 7.

Contrario a este pacto, al paso del tiempo el gobierno estadunidense ha construido una política migratoria que apunta a la destrucción de la dignidad humana. Esta, la de Trump, de “Cero Tolerancia”, la cual busca disuadir a migrantes de cruzar ilegalmente la frontera norteamericana, ha provocado que alrededor de 2 mil infantes hayan sido separados de sus padres en los últimos seis meses, según estadísticas de esa nación.

El gobierno de Donald Trump ha violado esa convención y ha pisoteado la integridad de niños y niñas al quitarles el estatus de prioridad. El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia ha advertido que apartar a padres e hijos puede crear un estrés tóxico en esos infantes y dejarlos “más vulnerables a la explotación y el abuso”.

La cancillería mexicana ha condenado el hecho como cruel e inhumano y los candidatos presidenciables han reaccionado, sin embargo, estos tendrán que ir más allá de declaraciones mediáticas, porque el triunfador del 1 de julio heredará un problema complejo y tendrá que enfrentar a un homólogo perverso.