Impuesto solar

Cuando en los libros de historia nos enterábamos de las trapacerías y corruptelas de los primeros gobernantes criollos del recién nacido México, como el caso de  López de Santa Anna que entregó más de la mitad del territorio nacional a los yanquis y no dudó en cobrar un impuesto por “el aire” que cada casa utilizaba, según el número de ventanas que poseía, no podíamos menos que sonreír y pensar en lo ridículo de tal impuesto y en la ingenuidad de un pueblo ignorante que lo aceptaba; sin embargo, esa idea de cobrar por los bienes comunes hoy regresa con una fuerza inusitada en el marco del capitalismo neoliberal.

En España, el derechista Partido Popular acaba de plantear una iniciativa por la que, simple y llanamente, se pagará un impuesto por el uso del sol: toda persona que mediante cualquier sistema, eólico o fotovoltaico genere y aproveche su propia energía, tendrá que pagar un impuesto “de respaldo”, lo cual busca desincentivar el uso de energías alternativas para evitar que las empresas de hidrocarburos, hidroeléctricas, nucleares y hasta alternativas, pierdan el control sobre el consumo masivo y mermen sus ganancias. Para lograr este objetivo, el impuesto planteado es tan alto que resultará más caro para los consumidores generar su propia energía que consumir la que venden las empresas ya establecidas, independientemente del grado de contaminación y deterioro ambiental que provocan.

En un segundo momento, en el contexto del agotamiento de los hidrocarburos y de las formas convencionales de producir energía, el impuesto servirá para acostumbrar a los consumidores a que tienen que pagar por los bienes comunes que todavía proporciona generosamente la naturaleza, de tal forma que cuando sólo exista la posibilidad de usar masivamente las energías alternativas, se tenga que pagar por ella, usando el consabido argumento de que el sol está ahí y es gratuito, pero que la tecnología para transformarlo en corriente eléctrica, tiene un dueño, tiene patente, tiene derechos y, por lo tanto, habrá que pagar. Se trata en pocas palabras de impedir el acceso individual y autónomo de los consumidores a las energías renovables, para seguirlos manteniendo en la dependencia de los precios y las tarifas que las empresas quieran ponerle a sus productos.


Y en esta misma lógica se inscriben todos los proyectos neoliberales que disfrazados de “desarrollo” se pretenden imponer sobre todo en zonas que, gracias al cuidado milenario de sus pobladores, han mantenido intactos sus recursos naturales, paisajísticos, energéticos, culturales, alimentarios. El caballo de Troya neoliberal siguen siendo los proyectos de hidroeléctricas, de parques eólicos, de minería a cielo abierto, de privatización de Pemex, de gestión privada de los recursos del patrimonio cultural, de la creación de las llamadas “ciudades rurales”, que lo único que esconden es el despojo de esos bienes comunes que habiendo sido destruidos por la codicia y el lucro en la mayor parte de las zonas urbanas, hoy se vuelven bienes escasos y susceptibles de venderse. El sistema se recicla sobre las mismas ruinas y el deterioro de la vida que provoca.




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