¿Y si hubiera ganado el PRI?

Si el 1 de julio el Partido Revolucionario Institucional hubiera sido el triunfador de la elección, ¿el gobernador Marco Antonio Mena Rodríguez habría salido a reconocer públicamente que su gestión no ha sido atinada en el primer año y medio?

El inesperado mensaje que el mandatario emitió el jueves 5 de julio, apenas cuatro días después de las votaciones –innecesario ante lo innegable–, fue la salida para señalar culpables del fracaso electoral del PRI, sin asumir la propia falla como cabeza. La gobernanza moderna prometida todavía no se percibe. Los diferentes sectores no se sienten incluidos.

Es el día que todavía los priistas y funcionarios de gobierno se preguntan por qué el tricolor y sus aliados perdieron las cuatro elecciones: presidente de la República, senadores, diputados federales y locales. No lo asimilan. Entre sus círculos reprochan dónde están los votos de miles de burócratas y el de los 10 ciudadanos que cada uno garantizó; dónde quedó el compromiso de quiénes recibieron algún beneficio.


Por eso Marco Antonio Mena está molesto. Es su primer proceso electoral como jefe del Ejecutivo estatal y entregó malas cuentas, porque la ciudadanía también lo reprobó en las urnas. Y por eso se lanzó hacia sus colaboradores al advertir que no tolerará la falta de compromiso en el desempeño de la función pública, desgano, apatía ni deslealtad.

La elección del 1 de julio tuvo que quitarle la venda de los ojos para ver los “muchos negativos” y que el ciudadano es y debe ser el único foco de atención, pero al que –según él– sus funcionarios han sido desleales y por eso prescindirá de ellos, además, por su falta de compromiso con el gobierno.

El descalabro comicial también le sirvió para tratar de deslindarse, aunque tardíamente, de la sombra de su antecesor Mariano González Zarur, el político que lo encumbró y lo llevó a Palacio de Gobierno, pero cuyo peso ha llevado a cuestas en ya poco más de 18 meses. “Las actitudes patrimonialistas, las aspiraciones dinásticas, de apellidos o linajes, quedarán atrás”, dijo. Ni tardo ni perezoso, ya emprendió la medida de “refrescar” las titularidades de las dependencias y lo hizo con la de mayor carga política, donde su segundo de a bordo representaba al viejo PRI, ese contra el que el electorado se rebeló.