Globocolonización

Así es como algunos pensadores contemporáneos designan la etapa actual del capitalismo salvaje caracterizada por el despojo, ya no sólo de las riquezas naturales del planeta por parte de unos cuantos, sino también el despojo a la población de todos los elementos que antes le daban autonomía (salud, educación, alimentación, entre otros), para un mejor control y explotación social. Hoy en día, con las falsas promesas de un futuro desarrollo para todos, que nunca llega, se siguen impulsando reformas legislativas en todos los dominios de la vida pública y hasta privada, para eliminar cualquier obstáculo que frene la imposición del modelo de explotación radical.

En el caso de México, estamos siendo testigos de los efectos en la realidad, de las “reformas estructurales” que supuestamente nos iban a beneficiar, cuando la escalada de precios continúa, los recursos energéticos ya no son nuestros y la exclusión social, la violencia institucional y la corrupción nos están llevando a situaciones insostenibles. En este panorama digno de un verdadero teatro del absurdo, mientras se cocina en lo oscurito una nueva Ley de Bioseguridad con la que las transnacionales esperan apoderarse de lo que queda en cuanto a biodiversidad biológica y cultural, dando el consabido madruguete legislativo, un grupo de supuestos “científicos”, escudado en la Academia Mexicana de Ciencias, sale a la palestra pública a defender y promover los transgénicos en nombre de una también supuesta “ estricta neutralidad científica”, argumentando que la creación de organismos genéticamente modificados, es un gran paso para solucionar los problemas del hambre (al igual que las reformas estructurales lo fueron para sumir más al país) y que no contravienen a la naturaleza que desde siempre ha actuado creando organismos nuevos mediante la combinación genética.

Además, califican de mitos y mentiras las objeciones y las luchas de los grupos de la sociedad civil que se oponen al cultivo indiscriminado y criminal de los transgénicos, especialmente el maíz, que ha sido la base de nuestras culturas ancestrales y lo sigue siendo de las comunidades campesinas del país. Este fue el mensaje de los presentadores del libro Transgénicos, grandes beneficios, ausencia de daños y mitos en el Colegio Nacional, hace algunos días, texto que recoge toda una serie de trabajos “científicos” a favor de los transgénicos, basados en más de 2 mil artículos internacionales que igualmente defienden sus bondades. En términos generales, los autores de los trabajos se centran en defender la ingeniería genética y se quejan de que no esté aún accesible para los campesinos mexicanos que, (oh paradoja) se siguen envenenando con el uso de agrotóxicos en lugar de modernizarse. Incluso, aclaran que sólo defienden la ingeniería genética, pero no defienden a las empresas transnacionales. Indudablemente que el texto merece un análisis más profundo para desmontar las falacias que encierra, pero por el momento salta a la vista que la postura de estos investigadores es similar a la de los creadores de la fisión nuclear: nosotros hacemos ciencia, pero no somos responsables de las muertes que provoque la bomba atómica; su uso y consecuencias no son materia de la ciencia. Eso explica que no aborden el tema de las patentes, ni mencionen los efectos devastadores sobre la biodiversidad de todos los organismos vivos ni lo que significa en control de los alimentos.