¿Fraude?

A pesar de lo que digan los titulares e integrantes de los organismos e instituciones electorales respecto de que está garantizado el respeto a la voluntad ciudadana, lo cierto es que hay dudas fundadas sobre un posible fraude electoral en los comicios del próximo 1 de julio.

Diversos estudios definen al fraude electoral como el conjunto de acciones clandestinas e ilegales que buscan alterar los resultados electorales y a pesar de que en México y en sus estados, los gobiernos han gastado miles de millones de pesos para erradicar la vieja práctica autoritaria del fraude electoral y se han construido instituciones para evitar que se modifique la voluntad del electorado, todavía hay dudas.

Todo ello porque el proceso electoral se ciñe y sustenta en la acción y reacción de la ciudadanía que participa en la organización de los comicios y sobre todo en el cómputo y resguardo de los votos. Es la ciudadanía, con o sin partido, que compra o deja que le compren el voto o coacciona o se deja coaccionar en su voluntad.


Y para ello, el dinero es fundamental y la visión de la gente es que en tiempo electoral existe mayor flujo de circulante; con las elecciones se da el milagro y se activa la economía. No es broma ni visiones banales, porque para “aceitar o calibrar la maquinaria electoral” se requiere de flujo de capital y de acuerdo con el Banco de México, los años con elecciones existe un aumento inexplicable el flujo y circulante de dinero en efectivo.

Ahí están los datos oficiales de los años 2012 y 2015, en donde hubo elecciones presidenciales y la renovación de la Cámara Baja del Congreso de la Unión, periodo en el que el flujo aumentó más de 37 mil millones de pesos, es decir, 5 por ciento más que en los meses anterior a los comicios y, sobre todo, es inexplicable, porque en esos tiempos de elecciones no hay, de acuerdo con nuestra legislación, pagos especiales o gratificaciones a nuestra clase trabajadora.

La semana pasada, el ex presidente del entonces Instituto Federal Electoral (IFE), Luis Carlos Ugalde reconoció que en estricto sentido todavía hay fraude electoral, y éste se concreta cuando es el dinero una de las principales estrategias de los partidos para acceder al poder.

En su estudio, “Dinero bajo la mesa: financiamiento y gasto ilegal de las campañas políticas en México”, advierte que todas las fuerzas gastan mucho más de lo permitido. Hasta 15 veces más dinero que lo autorizado. Aceitar y mantener las poderosas maquinarias cuesta y cuesta mucho, y en eso, por desgracia, México goza de una infame opulencia.