Fracaso colectivo

En el marco de las campañas electorales que están en curso, es lastimoso ver cómo, en general, la mayoría de las y los políticos arengan proponiendo cambios que generen una vida mejor para la población y dadas las macabras cifras de feminicidios y de violencia contra las mujeres, incluso proclaman que “no es normal acostumbrarnos a la injusticia”; sin embargo, en los hechos tanto quienes esto manifiestan como tantas personas más, han sido no sólo indolentes sino profundamente negligentes para garantizar el derecho de las mujeres a vivir libres de violencia.

Y es que la determinación colectiva impulsada desde el dolor de miles de familias que lloran por la muerte, por la ausencia o por la tragedia de ver sufrir día a día a sus hijas, no ha encontrado el eco suficiente para erradicar la misoginia que en el día a día merma los derechos y limita el desarrollo en plenitud de quienes somos más de la mitad de la población. No, no basta con presentar posicionamientos públicos incendiarios si los partidos políticos desde sus espacios de poder no han dado prioridad a una agenda de derechos de las mujeres. Hoy, todo mundo se escandaliza por los feminicidios y la trata, posicionando el argumento para golpear a gobiernos en turno, pero mañosamente olvidan que sí han podido generar cambios, impulsar políticas públicas y presupuestos con perspectiva de género, pero han tenido la bajeza de no hacerlo.

Sí, apuestan a la desmemoria y al desconocimiento, pero si examinamos la vida interna de los partidos encontraremos historias de trasgresión, abuso, acoso y hostigamiento contra sus propias compañeras¸ incluso se ha impugnado la resolución de que sean mujeres quienes encabecen listas plurinominales. ¿Y la coherencia, la integridad y el compromiso, sólo es propaganda electoral?


Lo que en dignidad se esperaría es que todas y todos, sociedad y gobierno, organismos políticos, empresariales, académicos, etc., nos hiciéramos cargo de estos problemas y trabajáramos en corresponsabilidad para que hombres y mujeres vivamos en igualdad, porque todas y todos hemos fracasado y le hemos fallado a madres como Olga Tezmol, que ha tenido que celebrar en este abril el cumpleaños número 14 de su hija y a más de dos años sigue sin saber #DóndeEstáKarla.