¿Fin de la globalización neoliberal?

Jaime Ornelas Delgado*

En el ámbito político (García Linera, 2016), pero con mayor insistencia en el académico (Fraser, 2017), ha empezado a considerase la posibilidad de que el capitalismo esté llegando al final del proceso de globalización bajo la modalidad neoliberal y el libre comercio.

Para el vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Álvaro García Linera, las cosas no dejan lugar a la duda y afirma contundente:


El desenfreno por un inminente mundo sin fronteras, la algarabía por la constante jibarización de los estados–nación en nombre de la libertad de empresa y la cuasi religiosa certidumbre de que la sociedad mundial terminaría de cohesionarse como un único espacio económico, financiero y cultural integrado, acaban de derrumbarse ante el enmudecido estupor de las élites globalófilas del plantea (García Linera, 2017: 13).

Por su parte, para la académica estadunidense Nancy Fraser (2017), existen en todo el mundo muestras de un creciente rechazo a la globalización y al neoliberalismo. En el caso de Estados Unidos, señala Fraser, la elección de Donald Trump, incluso la candidatura del “socialista democrático” Bernie Sanders, dan testimonio del hartazgo de los votantes y su intento por modificar el rumbo neoliberal de su economía. Al respecto, dice Fraser:

La elección de Donald Trump es una más de una serie de insubordinaciones políticas espectaculares que, en conjunto, apuntan a un colapso de la hegemonía neoliberal… Aun cuando difieren en ideología y objetivos, esas insubordinaciones comparten un blanco común: rechazan la globalización gran–empresarial, el neoliberalismo y al establishment político que los ha promovido. En todos los casos, los votantes dicen “¡No!” a la letal combinación de austeridad, libre comercio, deuda predatoria y trabajo precario y mal pagado que resulta característica del actual capitalismo financiarizado (Fraser, 2017: 1).

Ambas afirmaciones no carecen de razones y conviene, entonces, señalar algunos acontecimientos que expresan cambios en el mundo, y por supuesto en México, que pueden ser indicios de un cambio de paradigma y hegemonía.

No está por demás recordar que, en el capitalismo, cuando las relaciones de producción obstaculizan el desarrollo de las fuerzas productivas, esto es, cuando el proceso de acumulación de capital se dificulta y el modo de producción enfrenta obstáculos para reproducirse, la solución no siempre ocurre fuera del capitalismo, algunas veces sobrevienen cambios que, sin alterar la esencia de ese modo de producción, sino sólo su modalidad de funcionamiento, permiten reanudar su funcionamiento.

Los primeros indicios del rechazo creciente a la globalización neoliberal, se pudieron observar en Latinoamérica. En la región, a inicios del siglo XXI, se produjeron los primeros rechazos críticos a la ideología de la globalización y el neoliberalismo, “cuando obreros, plebeyos urbanos y rebeldes indígenas desoyen el mandato del fin de la lucha de clases y se coaligan para tomar el poder del Estado” (García Linera, 2016: 13), lo que condujo al “giro a la izquierda” y al surgimiento de los gobiernos con proyectos alternativos al capitalismo en Venezuela, Bolivia y Ecuador y gobiernos, como el de Lula en Brasil y Kirchner en Argentina, que asumen el desarrollo como un proceso dirigido por el Estado para impulsar el crecimiento y mejorar la distribución de la riqueza y el ingreso.

A su vez, las dificultades del proceso de acumulación neoliberal se pudieron observar, más tarde, al estallar en 2008 la crisis general del capitalismo que tuvo efectos depredadores en el nivel de vida de los trabajadores. La crisis hizo que si el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) mundial en 2007 fue 5.4 por ciento, su dinamismo se redujera al año siguiente a sólo 2.8 por ciento y en 2009, incluso, se tuvo un registro negativo (-0.6 por ciento), con la consecuente caída en el empleo y los ingresos de la población, de manera que: “Ningún país, incluyendo a China e India, se pudo sustraer a la Gran Recesión de 2008–2009” (Guillén, 2016: 104 y cuadro 8).

Sobre los trabajadores recayó todo el peso de la crisis, mientras se concentraba la riqueza y el ingreso de manera nunca antes vista, de manera que, según cálculos ofrecidos en el último informe conocido de la organización Oxfam:

–En 2015, sólo 62 personas, en el mundo, poseían la misma riqueza que 3 mil 600 millones (la mitad más pobre de la humanidad). No hace mucho, en 2010, eran 388 las personas más ricas.

–La riqueza en manos de esas 62 personas más ricas del mundo, se ha incrementado en un 44 por ciento en apenas cinco años, algo más de medio billón de dólares (542 mil millones) desde 2010, hasta alcanzar 1.76 billones de dólares.

–Mientras tanto, la riqueza en manos de la mitad más pobre de la población se redujo en más de un billón de dólares en el mismo periodo, un desplome del 41 por ciento.

–Desde el inicio del presente siglo, la mitad más pobre de la población mundial sólo ha recibido el uno por ciento del incremento total de la riqueza mundial, mientras que el 50 por ciento de esa “nueva riqueza” ha ido a parar a los bolsillos del uno por ciento más rico.

–Los ingresos medios anuales del 10 por ciento más pobre de la población mundial, en quienes se concentran pobreza, hambre y exclusión, han aumentado menos de tres dólares al año en casi un cuarto de siglo. Sus ingresos diarios han aumentado menos de un centavo al año (Oxfam, 2016).

Esta situación provocó una creciente oposición política a la globalización neoliberal, tanto de las derechas como de las izquierdas de todo el mundo, que coincidió con un periodo de reducción del comercio mundial, que sí, entre 1986 y 2008, aumentó a un ritmo del 6.5 por ciento, entre 2012 y 2015, esa tasa se redujo hasta situarse en 3.2 por ciento y se calcula que en 2016 el crecimiento haya sido 1.7 por ciento.

Ante esta situación, la respuesta de diversos gobiernos ha sido aumentar la aplicación de medidas proteccionistas. Así, con el fin de proteger a la economía interna los gobiernos han acudido a los aranceles y a la aplicación de diversas medidas restrictivas a las importaciones. Algunos datos muestran que los gobiernos de todo el mundo han casi doblado la utilización de medidas proteccionistas en los últimos dos años, de manera que el libre comercio comenzó a ser una falacia.

Otros hechos que muestran el rechazo al libre comercio y al reforzamiento de las fronteras nacionales, fue el referendo sobre la salida (Brexit) de Gran Bretaña de la Unión Europea, que estuvo marcado por preocupaciones sobre la inmigración y el libre comercio; por último, pero no al final, se produjo el insospechado triunfo de Trump, quien devolvió el discurso del proteccionismo en Estados Unidos, que significó el retiro del Tratado Transpacífico (TTP) y la decisión de cancelar, o por lo menos revisar, el Tratado de Libre Comercio de Norte América (TLCAN).

Estos hechos permiten considerar que estamos cruzando la fase inicial de un rápido y caótico proceso de cambio de paradigma: de la globalización neoliberal a un paradigma que no acaba por definir sus rasgos principales y que, hasta el momento tiene dos proposiciones: nacionalismo y proteccionismo. Al respecto, Álvaro García Linera, vicepresidente boliviano, escribe: Trump “no es el verdugo de la ideología triunfalista de la libre empresa, sino más bien el médico forense al que le toca oficializar una muerte clandestina”. Y añadía que la era en la que estamos ingresando es rica de incertidumbres y, justo por esta razón, potencialmente fértil, hemos de aprender a navegar en el aparente caos generado por el cambio de paradigma (García Linera, 2016).

Lo peculiar es que la globalización y el libre comercio están bajo asedio de la derecha y la izquierda, pero en este momento la salida es hacia la derecha lo que, a países como el nuestro, impone nuevas tareas a emprender en una situación con las siguientes características:

1) Trump no representa solo un electorado compuesto por perdedores de la globalización (desocupados, trabajadores blancos empobrecidos, etc.), sino también un mosaico de fragmentos de las élites dominantes preocupadas por la política neoconservadora de Hillary Clinton, que se mostró dispuesta a mantener guerras localizadas en defensa de la hegemonía estadunidense, sostenida en el binomio fiinanciarización/globalización.

2) La transición del paradigma neoliberal al proteccionista, obliga a Trump a llevar una política contradictoria y aparentemente incoherente, por ejemplo, dando marcha atrás en la globalización, pero protegiendo, al mismo tiempo, los intereses de los monopolios que la impulsaron y se benefician con ella.

3) La política de seudo new deal (relanzamiento de la economía de pleno empleo) no logrará contener las protestas sociales contra la política migratoria de Trump y sus actitudes que refuerzan el capitalismo patriarcal.