¿Feliz regreso a clases?

El problema no es que regresen a clases, sino que terminen la educación superior. En términos generales el problema de la cobertura está resuelto en la educación básica, no ocurre lo mismo con la educación media superior y superior, donde aún existe falta de cobertura, la trayectoria escolar muestra problemas de ingreso, permanencia y egreso. En el caso de educación básica los datos son positivos, la mayoría de los que ingresan concluyen la secundaria, salvo situaciones extraordinarias un niño que entra a preescolar no concluye con su educación básica, pero qué ocurre en los niveles de bachillerato y universidad.

El festín organizado por la SEP, ante el regreso a clases, resulta lamentable. El que haya altas tasas de cobertura en educación básica es su obligación, para eso se pagan impuestos que permitan que haya escuelas, infraestructura y equipamiento suficiente para atender la demanda de padres de familia para que sus hijos acudan a la escuela. El celebrar el regreso a clases con discursos, inauguraciones y homenajes no cabe cuando permanecen problemas estructurales en ingreso, permanencia, egreso y eficiencia terminal de amplios grupos de jóvenes que quedan excluidos del sistema educativo nacional. De hecho, las autoridades hacen muy poco para corregir la plana, la educación en México sigue siendo de baja calidad, solo basta revisar los resultados de las pruebas PISA, Enlace y Planea para confirmar que seguimos rezagados al interior y en comparación con países que integran la OCDE, años luz.

Evidentemente hay problemas internos en la educación pública, profesores que no tienen vocación, directivos que no tienen ni una idea de lo que implica dirigir, planes y programas que poco ayudan para ampliar los horizontes formativos de los alumnos, secuencias didácticas que restringen la capacidad de enseñar o la capacidad de aprender para cumplir con el formato de planeación de la secuencia y con ello cumplir haiga sido como haiga sido (sic. Felipe Calderón) con el contenido del libro. Los productos son niños y adolescentes con altas calificaciones, pero con carencias de conocimientos básicos, cultura elemental y con escasa visión del mundo que les rodea, limitados, ignorantes y con pocas herramientas para insertarse a una sociedad cuyos cambios vertiginosos los dejan por lo regular en desventaja. Resulta curioso que las autoridades no alcancen a mirar que el problema de la educación no sólo es de la escuela, sino que hay muchos más factores que explican el rezago histórico: el sindicato, las plazas, las herencias, las influencias que llevan a que haya profesores frente a grupo cuya vocación era ser panadero y terminó siendo maestro de escuela; condiciones de pobreza y vulnerabilidad que limitan a que los niños y jóvenes no tengan mayor horizonte que su precaria casa, cuyo acceso a conocimientos de cultura general se obtenga a través de la TV, si bien les va por tableta o por celular, sin ninguna posibilidad de experimentar viajes, aviones, barcos, bibliotecas, museos, sabores culinarios y evidencias que la tecnología está por encima de muchos de ellos. La mayoría de los niños y jóvenes tiene carencias, desventajas sociales, son parte de la estadística de pobreza y pobreza extrema, un niño con carencias será un estudiante que aprobará el año escolar –porque el actual modelo casi hace imposible que alguien reprueba–, pero más temprano que tarde retornará a su precaria vida, reproducirá el modelo, el círculo vicioso de la pobreza.


De hecho, el que haya becas, apoyo para útiles y uniformes en algo ayuda, pero no es suficiente, se requiere que las condiciones generales de vida mejoren sustantivamente, que los horizontes cambien y la mirada se extienda y eso no te los dará el actual sistema educativo nacional. Es un fracaso.

Inicia un nuevo ciclo escolar, con la esperanza de que este será un mejor año, no lo será porque quienes dirigen la educación están más preocupados por la sucesión presidencial que por la calidad de la educación, porque están más preocupados por el homenaje que por la concientización de la base magisterial, porque están más preocupados por los logos de los gobiernos en las mochilas que por atender lo verdaderamente importante. El sistema educativo puede ser punta de lanza para los cambios que el país requiere, desde luego puede aportar, pero para ello se requiere estadistas, visionarios que dejen la tecnocracia y regresen a la defensa de un proyecto nacional, los que están al frente son reproductores de un modelo económico que ha demostrado su fracaso. Las orejas de burro existen y no habría que desentenderse de ellas.

México y Tlaxcala requieren formar hombres y mujeres cultos, ávidos de aprender, analíticos y críticos, con un pensamiento lógico–matemático capaz de afrontar la adversidad con creatividad, inteligencia e innovación y eso no te lo da, al menos por ahora, el sistema educativo nacional; sin embargo, feliz regreso a clases para quienes hacen su mejor esfuerzo por romper las inercias de una educación que ha sido sometida por la ola neoliberal, a quienes las distancias no son factor para enseñar bien a pesar de los embates de una adolescencia, cuya niñez les ha dejado como saldo la ignorancia, la rebeldía sin causa y el desinterés por ir a la escuela, triada promovida por la SEP. Ver para creer.