Estúpidos e ignorantes. Candidatos independientes y funcionarios no políticos

Estúpidos e ignorantes. Candidatos independientes y funcionarios no políticos

Estúpidos e ignorantes. La población otorga calificaciones muy bajas a la clase política porque los considera “arribistas”, “parásitos” “corruptos”, etc. Los políticos se miran como “innovadores, amantes de la libertad e internacionalistas”.

La democracia ha entrado en crisis. Parece que ésta es una crisis de las personas que se dedican a la política. Lo que ha provocado el surgimiento de sanadores de la “fatiga democrática ”. Se presentan como hombres y mujeres comunes que nada tienen que ver con los partidos políticos.

Estos personajes, conocidos en el mundo de la vida pública como “populistas” -de pueblo, popular-, se han convertido en candidatos independientes. Curiosamente casi todos devienen de lo más tradicional de los partidos políticos.


Hay otro lado de la moneda que refleja esta misma intención. Personas que se desempeñan en organismos empresariales, de la sociedad civil o la academia que al ser  designados funcionarios en la administración pública. Se llenan la boca diciendo que no son políticos.

Este tipo de personas muestran su ignorancia al no distinguir entre política y partido. El simple hecho de participar como ciudadano en forma individual o asociados en organizaciones e instituciones los convierte en políticos. Porque son parte de la vida de la ciudad (polis). De lo que carecen es de filiación partidista.

Pero cuando se rasca en las currículas, casi todos han servido a gobiernos de diferente signo ideológico. La clase política independiente y  no política, trata al ciudadano como si fuera estúpido e ignorante. Le vende la idea de que no forma parte del grupo de “personas que se dedican a la política”, sino ciudadanos comunes y corrientes. Lo que es un engaño de y para estúpidos e ignorantes.

El síndrome de la fatiga democrática

En 1945, en el mundo no existían más que 12 democracias electorales.  70 años después, en 2015 estas se han multiplicado, sobre todo a partir de la desaparición del realismo socialista. Sin embargo, hoy más que nunca se registra un desencanto con la democracia.

La visión que construyeron los ciudadanos de lo que sería el mundo y sus sociedades con la democracia electoral, y los resultados que han obtenido de la práctica, no coinciden. Suponían que habría progreso, riqueza, bienestar social, y el resultado es delincuencia, desempleo, y un Estado desmantelado.

La población es presa de una gran desconfianza de los políticos, los representantes populares que ella misma elige. Pero tampoco cree en las instituciones democráticas. Los peor calificados en cualquier encuesta son los partidos políticos y los gobiernos –sin importar el signo ideológico-.

Curiosamente la política cada vez es más presente y cercana a la vida cotidiana de las personas. Se habla de política como se habla de fútbol con los amigos, con los compañeros de trabajo, con los familiares. Sobre todo en tiempo de elecciones.

Parece que entre la ciudadanía disminuye la confianza en la democracia, pero aumenta el interés por saber y participar de ella. La suma de todos estos factores es lo que algunos académicos han llamado “el síndrome de la fatiga democrática ”

Lo que determina, como apunta Moisés Naím, que sea cada vez más difícil gobernar, porque “el poder se ha hecho más fácil de obtener, difícil de usar y fácil de perder”. (Naím, M. (2016) Repensar el mundo. Debate, México). Estúpidos e ignorantes.

La fatiga democrática es un asunto de las personas que se dedican a la política

Uno de los primeros diagnósticos sobre la fatiga democrática es lo que se ha llamado el diagnóstico populista –derivado de la palabra pueblo y popular-, que parte de considerar el problema de la crisis de la democracia como una crisis “de las personas que se dedican a la política”.

El punto de partida es que quienes se dedican a la política son una casta, una élite, un grupo de profesionales, que tiene que ver más con grupos de interés o partidos políticos que con las necesidades y demandas del pueblo.

Los políticos no conocen la realidad y por tanto no legislan a favor del pueblo sino para beneficiar a los grandes capitales, a las grandes empresas, lo que ha provocado desempleo, migración, deterioro del nivel de vida, etc.

Esto construye un escenario que muestra que lo que se requiere no son más políticos sino gente común y corriente, gente del pueblo que defienda a los más débiles, a la clase media en franco descenso.

Estos se presentan como uno de ellos –un no político-. Todos estos hombres o mujeres buscan la popularidad con simple palabrería porque no presentan diagnósticos de la realidad, ni propuestas para resolverlos. Argumentan que lo único que se requiere es “sentido común”.

Lo que estos populistas –repito de pueblo, popular- expresan –y en eso tienen razón- es que los políticos han perdido legitimidad. Ese es el caldo de cultivo en el que crecen los candidatos independientes y los funcionarios de la administración pública que se declaran no políticos. Estúpidos e ignorantes.

Estúpidos e ignorantes. Candidatos independientes

La Presidencia de la República se ha convertido en termómetro de las candidaturas independientes, solicitan registro 86 personas, de las que 48 reciben constancia para iniciar la recolección de 866 mil firmas y se rechazan a 38 por falta de algún requisito.

Todos estos padecen el síndrome Wharol y la solicitud presentada les permitirá tener sus 15 minutos de fama. Serán nombrados en los medios, algunos quizá entrevistados, pero la mayoría se preguntará: ¿Y éste quién es, que aspira a ser presidente? Estúpidos e ignorantes.

En la lista hay algunos realmente conocidos. La primera es Margarita Zavala, una mujer reclutada familiarmente por el PAN, capacitada y promovida, lo que le permite ser diputada local, diputada federal, consejera jurídica de su partido y consejera nacional.

De forma similar a lo que ocurre en el PRI, Margarita Zavala aspira a la candidatura y al ver que su partido no se la entregaría decide renunciar y convertirse en independiente. ¿En un día borra todo lo que sido en la vida pública?

Jaime Rodríguez “El Bronco”, ex priista utiliza la estrategia ensayada por Alfonso Sánchez Anaya y Ricardo Monreal. Como Lorena Cuellar, afirma: “me guacarié y saqué al PRI de mis venas ”. Juró que no dejaría el puesto para brincar a otro y ya solicitó registro.

Armando Ríos “El Jaguar ”. Un joven de la élite económica de Guerrero. De otra manera no se explica que haya estudiado en el ITAM, por el monto de las colegiaturas. Se afilia al PRD, por el que llega a senador y entre irse a Morena o ser independiente opta por lo segundo.

Estúpidos e ignorantes. Los funcionarios no políticos

En Tlaxcala, los corifeos de algunos funcionarios públicos –hombres y mujeres- que quieren brincarle a la representación popular, son presentados como “no políticos”. Los adjetivan como académicos, empresarios, profesionales o ciudadanos.

Pero el hecho de no militar en un partido político provoca la pregunta: ¿Cómo llegan a ocupar un puesto de primer nivel en la administración pública? La respuesta es fácil. Organismos patronales, colegios de profesionistas y asociaciones civiles juegan a la política.

Se inician como críticos del sistema y luego pasan a formar parte de él. El ejemplo más exitoso se da con Vicente Fox que incorpora a casi todos los dirigentes de las ONGs. Con lo que elimina cualquier dejo de crítica u oposición.

Así que no hay funcionario público que “no sea político”. Pueden no militar en un partido, y aun así. Siempre tienen cerca de su corazón algún color que usan para dar el salto.

La experiencia en Tlaxcala muestra que empresarios, líderes de la sociedad civil y académicos que se incorporan al gabinete como hombres y mujeres de confianza. Le agarran gusto al poder. Y buscan la mirada del gobernador en turno para que los convierta en candidatos a diputados, senadores o presidentes municipales.

Los candidatos independientes y los funcionarios no políticos, ven y tratan al ciudadano como estúpido e ignorante. El problema es que los electores se la creen y después le echan la culpa a la democracia. Quizá es tiempo de volver a las enciclopedias de la ignorancia y los manuales del perfecto idiota. Estúpidos e ignorantes. Candidatos independientes y funcionarios no políticos.