Estrategia Atenco

A pesar de los 45 años que han transcurrido desde la masacre de estudiantes, trabajadores y ciudadanos en Tlatelolco, la trágica tarde del 2 de octubre de 1968, la memoria colectiva de las pasadas y de las nuevas generaciones sigue viva y año con año se renueva, no sólo en los actos conmemorativos, sino en las luchas de las diferentes organizaciones sociales que, respondiendo a los embates neoliberales, se oponen a la privatización de la energía, de la educación y de las riquezas del país.

Y aunque durante mucho tiempo los aparatos de Estado, en manos del partido único, guardaron silencio sobre el injustificable acontecimiento y les brindó impunidad a los directamente responsables (Díaz Ordaz y Echeverría, entre otros muchos), ahora el mismo grupo de regreso al Poder Ejecutivo se proclama como un nuevo partido, un partido diferente que borrando el pasado parte nuevamente de cero; sin embargo, la represión brutal e irracional del movimiento de los campesinos de Atenco en defensa de la tierra, por parte de Peña Nieto como gobernador del Estado de México, fue el preludio de lo que sería la política del “nuevo PRI” respecto a la inconformidad social expresadas en marchas y protestas pacíficas.

La represión de las manifestaciones de repudio a EPN del 1 de diciembre, la represión de los manifestantes que conmemoraban la matanza del Jueves de Corpus el pasado mes de junio y ahora la represión de las marchas que conmemoraban los 45 años de la matanza de Tlatelolco, demuestran claramente cuál es la idea que el Ejecutivo federal y su burocracia tienen de la libre expresión de las ideas y de las manifestaciones organizadas para rechazar las políticas privatizadoras que se quieren imponer: marchas infiltradas por grupos paramilitares pagados por el gobierno que destrozan comercios y vehículos escudándose en un supuesto “anarquismo”, calificativo con el que se pretende crear un “enemigo imaginario” de la sociedad. A esto hay que añadir la infiltración de policías vestidos de civil, que al igual que el batallón Olimpia con su guante blanco hace 45 años, se encargan de identificar y aprehender a los líderes, así como a hostigar e impedir el trabajo de los periodistas.


La estrategia de Tlatelolco 68 es la misma de Atenco, la misma del 1 de diciembre de 2012, la de junio pasado y la de este pasado 2 de octubre: infiltrar, provocar el caos, golpear y aprehender indiscriminadamente (para que sirva de escarmiento) y después decir que algunos “malos elementos” no cumplieron con los “protocolos de contención” establecidos, pero que “se investigará” y se “castigará” a los culpables, cosa que en ninguno de los casos mencionados se ha cumplido. El viejo esquema represivo del PRI está de regreso y mejorado, sólo que ahora tiene en contra la posibilidad del video, de la imagen que circula de inmediato entre los grupos sociales a través de la red, desmintiendo casi en tiempo real, las versiones “oficiales”; pero lo más importante: una sociedad más organizada y que mantiene su conciencia histórica que no olvida y que no perdona.




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