Estado Saturno

Al observar la colección de Pinturas Negrasde Goya en el Museo del Prado en Madrid, España, uno se detiene, se paraliza y los ojos se postran ante una de las más paradigmáticas escenas de horror de la pintura universal. Una obra colmada de una profundidad oscurecida, tonos lóbregos que se desvanecen, conforman contornos grisáceos, ocres y un rojo sangrevivo que en hilillos aparece resaltando el dolor encapsulado en la imagen. Pinceladas grotescas dibujan a un hombre maduro en apariencia desnudo y que se sostiene en la nada, con posición de ataque. Un hombre de narices anchas, cabello alargado e hirsuto, ojos iracundos de expresión caníbal y un gran hocico oscuro y profundo que deglute un cuerpo desnudo y diminuto. Un pequeño cuerpo atenazado por grandes manos ensangrentadas que lo levantan, exponen por la espalda ese reducido cuerpo mutilado, sin cabeza, sin brazo ni mano derecha. El brazo izquierdo está a punto de ser devorado, se erige como un tronco viejo, seco, sin metacarpianos ni falanges.

Mudez infinita, parálisis ante la violencia explícita que sobrecoge, ante la excelsa muestra de expresionismo desnudo, cruel y desalmado.

Así Goya representó a Saturno devorando a su hijo, en un cuadro que evidencia el súmmum de la brutalidad. Saturno devora a su hijo para que éste no lo castre con la guadaña como su padre Cronos lo hizo a su abuelo Urano. Por ello, Saturno devoró uno a uno a sus vástagos al nacer, excepto a Zeus, quien fue salvado por su madre.


Goya, indirectamente, representó también, a través del infante engullido, la vulnerabilidad del hombre y la mujer indefensos y a merced del poderoso hombre gigante, el brumoso devorador implacable.

Inmediatamente, observé representada en el Saturno devorando a su hijo de Goya la condición humana del México contemporáneo. La recurrente vulnerabilidad de mujeres y hombres indefensos y a merced de los poderosos hombres gigantes, brumosos devoradores implacables de lo humano. El súmmum de la brutalidad del Saturno de Goya es la recurrencia del horror y la violencia circular del México actual, país que pasó del expresionismo al realismo desnudo y cruel de la brutalidad más desalmada.A continuación, los argumentos.

Según el diario El Economista, en su publicación del 26 de julio de 2017, México se posicionó como el país más violento de América Latina, por encima de Honduras, El Salvador y Guatemala y en el número 10 de los más violentos en el mundo, apenas superado por países como Siria, Afganistán, Irak, Paquistán, Nigeria, Srilanka, Sudán y Somalia, los cuales tienen un alto conflicto bélico y, por ende, no gozan de un régimen democrático pleno como México.

En un reportaje publicado por Isaí Lara Bermúdez en el Semanario Zeta, se atestigua cómo los homicidios se han incrementado exponencialmente durante el último sexenio presidencial de Enrique Peña Nieto: durante el año 2013, la tasa de homicidios oscilaba entre 23 mil 653 víctimas, en 2014 fue de 20 mil 10, para 2015 fue de 20 mil 525 muertes violentas, 2016 registró 22 mil 935 homicidios, durante el mes de enero de 2017 se registraron 3 mil 006 víctimas fatales. La cantidad total de homicidios dolosos es de 90 mil 694.

Posteriormente se registrarían, sólo para el mes de octubre de 2017, 2 mil 764 ciudadanos y ciudadanas asesinadas. Es decir, fueron ajusticiadas diariamente 89 personas. Convirtiendo a octubre en uno de los meses más violetos de la historia contemporánea de México. Con estos datos, se puede estimar –modestamente– que, hasta el día de hoy 93 mil 458 personas fueron ajusticiadas en México durante los últimos cinco años.

93 mil 458 personas ajusticiadas en los últimos cinco años equivalen a decir que diariamente han sido ultimadas 51.2 personas. Si comparamos estos datos estadísticos con los del Inegi de 2015, en Tlaxcala, ciudad, había un aproximado de 95 mil 051 habitantes. Sí estos homicidios acaecieran sólo en este lugar, hubieran quedado únicamente vivas mil 593 personas en toda la ciudad de Tlaxcala. De esa proporción es la dimensión del horror que vive México desde hace cinco años.

Basta sumar a este contexto dantesco el Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas que fue presentado en el Senado y publicado por el diario Excélsior. Se estima que existen aproximadamente 30 mil 449 personas desaparecidas en el país. Es necesario recordarle al lector que dicho registro concluyó hasta el día 31 de diciembre del año 2016, falta sumar a estos números los desaparecidos durante los 11 meses del presente año.

Si observamos y comparamos la proporción poblacional de los desaparecidos en México nuevamente con los municipios de Tlaxcala, equivale a decir que poblacionalmente hayan desaparecido los habitantes de Teolocholco, cuya población en 2015 era de 24 mil 380 habitantes y de Tocatlán, cuya población ascendía a 5 mil 843 habitantes. Es decir, la población de Teolocholco y Tocatlán hubieran desaparecido en su totalidad, dejando únicamente 586 personas en ambos municipios.

Amén de mencionar que según el informe intitulado “Violencia y Terror. Hallazgos de Fosas Clandestinas en México”, presentado por la Universidad Iberoamericana Ciudad de México y la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos en 2017, quedó evidenciado que sólo de 2009 a 2014 encontraron 390 fosas clandestinas, distribuidas en 32 estados de la República, computando un total de mil 418 cuerpos exhumados.

Indiscutiblemente, el súmmum de la brutalidad del Saturno de Goya es la recurrencia del horror y la violencia circular del México actual, país que pasó del expresionismo al realismo desnudo y cruel de la brutalidad más desalmada. La representación fidedigna de un Estado Saturno, un Estado gigante, borroso devorador implacable de lo humano. Un Estado Saturno que deglute a sus hijos antes de que éstos lo castren.