Los insectos son vitales para la supervivencia de la humanidad: Juárez

Desde el año de 1985, alumnos de la Facultad de Agrobiología emprenden cada semestre una ardua tarea de recolección de las diversas especies de insectos que viven en el territorio tlaxcalteca, lo cual les permite no solo conocer su comportamiento sino cómo éste puede ser de vital importancia para el cuidado del ecosistema e incluso para la supervivencia de la humanidad.

La colecta de estos animales fue iniciativa de la ingeniero Guadalupe Juárez Ortiz, quien a través de la asignatura de Entomología (parte de la zoología que estudia los insectos) promovió la creación de insectarios para que los estudiantes tuvieran la posibilidad de analizar en físico estas especies.

“Contar con un insectario es la única manera que los estudiantes tienen para observar, así en físico, los ejemplares que existen en el territorio tlaxcalteca, y para que, en un momento dado, cuando egresen si deciden dedicarse a la asesoría técnica pueden identificar con facilidad cuál especie es plaga y cuál no”, explica en entrevista con La Jornada de Oriente la catedrática e investigadora de la Universidad Autónoma de Tlaxcala (UAT).


Hay –refiere—agricultores que se alarman por la aparición de insectos en sus cultivos, pero a veces nada más son polinizadores, entonces no tiene sentido que apliquen algún método para su control, al contrario con asesoría pueden conservarlos porque tienen una función para el ecosistema.

Empero, la ingeniero agrónomo fitotecnista egresada de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) advierte la necesidad de que se realice un trabajo más especializado en esta materia, pues el que llevan a cabo los alumnos de Agrobiología es para la materia de Entomología–que ahora ya solo es opcional–, además de que los insectarios deben ser repuestos prácticamente cada semestre, pues por su condición de fragilidad y ser muy susceptibles de polilla los ejemplares generalmente se deshacen al ser manipulados o por el mismo tiempo.

En la entrevista, Juárez Ortiz da todo el crédito de este trabajo a los alumnos, pues son ellos quienes salen a campo para hacer sus colectas, “aquí solamente se les enseña cómo hacer los montajes de los insectos, a clasificarlos por grupos taxonómicos para que ellos vayan haciendo la fauna de insectos que existen en estas áreas”.

Fue tan llamativo para los jóvenes, comenta al recordar el inicio de este proyecto, que algunos decidieron ir a lugares donde la temperatura es más cálida y se encuentra más diversidad de insectos, entonces trajeron especies de diferentes grupos taxonómicos, como son los lepidópteros, que son las mariposas.

“Pero entonces ellos se preguntaban qué especies eran, por qué algunos crecen más, vieron que las condiciones del lugar, las temperaturas, la humedad, la vegetación propician la presencia y desarrollo de esos insectos.

Gracias a la diversidad que tenemos en ecosistemas en el país, tenemos esa variabilidad de seres, en este caso de insectos, que nos proporcionan algunos muchos beneficios, pero otros depende, pues a veces es nuestra culpa porque cuando nosotros modificamos un ecosistema, por ejemplo un área natural, ¿qué va a pasar con una población que se mantenía estable?, a lo mejor ese insecto se convierte en plaga porque ya quitamos de ahí especies que eran sus controladores o que los mantenían en poblaciones bajas y al ya no tener enemigos naturales se convierten en plagas.

Por eso, observa, debemos de ser muy cuidadosos cuando modificamos un ecosistema para abrirlo al cultivo, si es un área natural hay que pensar primero si ese poquito terreno donde vamos a tirar vegetación natural que existe nos va a beneficiar y en qué tanto o si nos va a perjudicar, aunque de hecho siempre nos va a perjudicar porque al eliminar poblaciones que mantienen a otras en un estatus o en un control, hay insectos que se van a convertir en plaga.

Luego bajo las condiciones de buena temperatura y humedad estos insectos tienen más posibilidades para su reproducción, comenta.

Por ejemplo, agrega, los coleópteros se convierten en plaga, mientras los lepidópteros todos son dañinos a cultivos, pues las larvas son mucho muy voraces para consumir toda clase de vegetación, sobre todo la que cultiva el hombre como son frutales, hortalizas, maíz, gramíneas, “entonces debemos pensar un poco más sobre el cuidado de estos ecosistemas”.

Los insectarios que elaboran los alumnos manejan ocho grupos que, apunta, en realidad son órdenes: coleópteros, que son los mayates; himenópteros, que contempla avispas, abejas, abejorros; lepidópteros, que son todas las mariposas y polillas; ortópteros, que son los chapulines; un nuevo grupo denominado blattodea, que son las cucarachas; hemípteros, que son las chinches; y la orden de los neurópteros que solamente se ha encontrado un ejemplar en Tlaxcala que es conocida como crisopa.

Ésta última se trata, explica la titular de las materias de Entomología y Apicultura y colaboradora en el Laboratorio de Zoología, de un insecto muy pequeñito de ojos dorados de un verde muy claro, que normalmente se encuentra en los alfalfales porque se comen a los pulgones, aunque hay más especies de neurópteros en zonas cálidas, como la sierra de Puebla.

Agrega que el insectario llega a tener especies de todos los grupos porque estudiantes se han apasionado tanto con este trabajo y muchos salen a zonas cálidas para conseguir más ejemplares, pues el clima de Tlaxcala a veces no es favorable y hay poca diversidad de estos.

Sin embargo, no se tiene inventariado un número de las especies recolectadas, porque como son muy delicados se destruyen con mucha facilidad; “son muy susceptibles de la polilla y, además, como se utilizan como material didáctico constantemente se están revisando y se destruyen.

“Por eso cada semestre se reponen los insectos que se van perdiendo. Por ejemplo, a un estudiante, cuando toma la materia de Entomología, se le pide para evaluación un insectario con 100 ejemplares diferentes, los cuales, a veces, llegan a formar parte de la colección, pero en ocasiones cuando termina el semestre se lleva su muestrario y solamente dona 10 ejemplares”.

En Tlaxcala, el Parque Nacional Malinche (PNM) es la zona más rica en insectos, donde hay mayor diversidad, pero por el momento no se tiene un registro de cuáles especies existen en esa región.

Por ello, la ingeniero considera que sería importante un trabajo más especializado, si bien en la colección científica de la Facultad se tienen ejemplares de coleópteros y de lepidópteros que viven en Tlaxcala y han sido trabajos de tesis. Pero, insiste, “sí sería importante que todos los insectos que llegan a la Facultad sean clasificados para ver qué especies viven en la entidad, desgraciadamente no somos especialistas en taxonomía y tenemos que recurrir a los especialistas para hacer estas especificaciones”.

Tenemos que ir hasta la UNAM para las asesorías o en el Instituto de Biología de Jalapa, con el cual existe un convenio de colaboración, abunda.

–¿Cómo le nació la idea de los insectarios?—se le pregunta.

–Cuando alguien tiene una inquietud, sobre todo que los estudiantes se interesen, se busca la forma de seguir dando este conocimiento o dirigiéndolos, porque a veces como maestro no sabemos todo, pero si ellos tienen esa inquietud nada más se les va orientando y ellos siguen los pasos.

“Este trabajo es gracias a ellos, porque son los que han hecho las colectas, los montajes, les ha costado pero lo han hecho, a pesar del cansancio que implica la formación del insectario, la tolerancia y paciencia que han tenido es admirable, si no fuera por ellos no tendríamos estas colecciones y ojalá que continúe.

“Ojala que no se pierda esta tradición, porque casi casi ya es una tradición, que los estudiantes lo continúen porque es un legado que van dejando en sus comunidades, porque ya me ha tocado casos de alumnos que los mandan a llamar para que den asesorías en sus comunidades y han funcionado”.

Realmente, asienta, aquí no se les dan recomendaciones para eliminar a los insectos, sino para hacer un buen manejo de ellos, porque todos tienen una forma de vida, un crecimiento biológico y si se modifica su ecosistema, su medio ambiente, eso propicia que en un momento dado se conviertan en plagas.

“Pero si nosotros regresamos a los cultivos tradicionales, que anteriormente se tenían en Tlaxcala, como maíz, frijol, calabaza, va haber un equilibrio, sí va haber insectos que sean plagas pero no van a causar daño porque están estables, hay polinizadores que son controladores de otros, entonces las poblaciones se mantienen en equilibrio.

Entonces hay un beneficio mutuo, se ayuda el productor porque sus cultivos no tienen plagas, pero también se beneficia de los polinizadores como las abejas, que ahorita son afectadas con tanto uso de pesticidas, de herbicidas e insecticidas, y va haber un momento dado en que la gente solamente pueda comer puras gramíneas porque éstas se autopolinizan y los demás cultivos requieren de una polinización de insectos o de aves, como los colibríes”, advierte.

A raíz de estos trabajos, los alumnos han participado a través del Laboratorio de Zoología en ferias del Centro Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) para presentar y explicar ciclos biológicos de los insectos, metamorfosis, especies benéficas y perjudiciales, así como en jardines de niños del municipio de Ixtacuixtla.

También en primarias como parte de la Semana de la Ciencia y en eventos organizados por presidencias municipales y dependencias estatales como la Coordinación General de Ecología (CGE), con la intención de vincular a la sociedad con el trabajo de investigación que realizan.