Elecciones y participación ciudadana

Poco a poco, conforme avanza el proceso electoral de 2016, éste va presentándose como tema recurrente en las pláticas familiares, en los centros de trabajo o en la misma vía pública, como también en los medios de comunicación a través de los cuales quienes aspiran a un puesto de elección popular se presentan como las mejores opciones que tiene la ciudadanía para solucionar sus problemas.

El próximo 5 de junio se llevará a cabo la votación para la renovación del Poder Ejecutivo local, el Congreso del estado, los 60 ayuntamientos y las más de 400 presidencias de comunidad; sin embargo, es el cambio en el gobierno estatal el asunto del que más se comenta en las pláticas de los tlaxcaltecas.

A falta de que los partidos políticos concluyan sus respectivos procesos de selección de sus candidatos a gobernador, hasta el momento son seis los personajes que con seguridad verán escritos sus nombres en las boletas de votación, en espera de que la mayoría de los tlaxcaltecas lo cruce y se convierta en el próximo mandatario estatal.


Si bien será media docena de candidatos que competirán por ser el inquilino de Palacio de Gobierno para los siguientes cuatro años ocho meses –según lo establece la reforma electoral aprobada por el Congreso local–, en los hechos, la ciudadanía tlaxcalteca tendrá como opciones para elegir: continuidad o el cambio de siglas en el poder.

La primera representada por quien considera que las acciones hechas por la administración actual han sido de beneficio para la población y merecen ser continuadas, pero, desde luego, con su toque. El cambio lo promueven quienes piensan que no se ha hecho lo suficiente para que Tlaxcala y sus habitantes tengan lo que merecen.

De los seis aspirantes, cuatro provienen del mismo árbol o han sido parte de ese sistema que se pensaba desaparecido, pero todos coinciden, de una u otra manera, en convocar a la ciudadanía a que tenga una aportación mayor en el desarrollo de la entidad, no así en la toma de decisiones, para eso están ellos.

Aquí lo importante es que la ciudadanía asuma el papel que le corresponde y que su participación no se limite sólo a dar el poder a quien considera la mejor opción, sino asegurarse de que esa concesión no es en vano.