El sexenio de Dante

En este sexenio, al igual que en la Divina Comedia, tuvimos una visita turística al infierno. Nos tomaron de la mano y, como al poeta Virgilio, nos mostraron las entrañas del averno.

En menos de seis años hemos descendido estrepitosamente los niveles del cono o embudo invertido, recorrimos en caída libre esa ruinosa y atroz cartografía, llegamos hasta el infierno inferior, donde se localizan las mezquitas rojas cercadas por murallas de hierro, donde están las sepulturas, los grandes socavones, despeñaderos, profundos pantanos y los extensos arenales fangosos. Ahí estamos todos los condenados, sometidos al castigo, perplejos e inmóviles.

En este sexenio conocimos y observamos a los paganos virtuosos, desfilaron los lujuriosos, sobraron los coléricos, se sumaron más herejes, pulularon los violentos y, sobre todo, descubrimos a algunos nuevos fraudulentos y traidores. Caronte se está volviendo loco.


El itinerario de este notificado descenso se firmó el dos de diciembre de 2012, cuando el equipo de transición de Dante negoció con las cúpulas del PAN y del PRD el Pacto por México. Los objetivos de dicho pacto–itinerario fueron cinco: 1) sociedad de derechos y libertades; 2) crecimiento económico, empleo y competitividad; 3) seguridad y justicia; 4) transparencia, rendición de cuentas y combate a la corrupción; 5) gobernabilidad y democracia.

Este pacto–itinerario permitió impulsar las reformas estructurales que sirvieron como tobogán para el múltiple descenso: la reforma energética, la reforma en telecomunicaciones, la reforma político–electoral que incluyó la creación del INE en sustitución del IFE, así como la posibilidad de que los legisladores federales, diputados locales y alcaldes se puedan reelegir, ello a partir de este año. Se sumó la reforma energética, la cual permitió que Pemex y la Comisión Federal de Electricidad se abrieran a la inversión de las empresas particulares, que se expandieran los contratos de explotación de los hidrocarburos, a la inversión y especulación económica extranjera. En materia de seguridad, se impulsó la fallida creación de una policía–militarizada a través de la Gendarmería Nacional.

En esta magna residencia del inframundo nos encontramos los ciudadanos, aquí estamos en la laguna Estigia, en la fortaleza de las murallas de Dite, flotamos en el río Flegetonte y, desde ahí, acariciamos el Cocito, lo tenemos muy cerca.

Esos gigantes del Cocito nos han dejado suspendidos y aún no termina el itinerario. Nos han desamparado entre copiosos terrenos colmados de fosas clandestinas, cuerpos seccionados, cremados, olas de violencia demencial. Homicidios, feminicidios, secuestros, desaparecidos, ajusticiados: Tlatlaya, Tanhuato, Ecuandureo, Apatzingan, Nochixtlán y Ayotzinapa. Decenas de periodistas ultimados, una prensa sometida, suturada de silencios.

Pobreza extrema, media y moderada, secuestros, delitos sexuales y robos. Una profusa deuda pública, un salario raquítico, devaluación, bajas en la producción industrial, inflación, baja explotación petrolera, despilfarro económico en pago a medios de comunicación, fraudes millonarios a los damnificados de los sismos, una reforma hacendaria errática, aumentos en la gasolina, energía eléctrica, tortilla, huevo, transporte público, etc. Altos niveles de impunidad, corrupción en todos los niveles de gobierno: casas blancas, tarjetas Monex, tarjetas rosas y la debacle de Pemex. Delitos como el lavado de dinero, delincuencia organizada, defraudación fiscal, peculado, desvío de recursos, venta ilegal de terrenos del patrimonio federal, delitos electorales, encubrimiento, abuso de autoridad y tráfico de influencias, sobran ejemplos: Andrés Granier, Guillermo Padrés, Flavio Ríos, Tomás Yarrington, Rodrigo Medina, Fausto Vallejo, Eugenio Hernández, Roberto Borge, Carlos Joaquín González, Alfonso Reyes, Ángel Aguirre, Rubén Moreira, Jorge Herrera, Rodrigo Medina, Edigio Torres y los Duarte. Así como un listado de empresarios muy consentidos: OHL y Grupo HIGA.

En este sexenio se construyeron “verdades históricas”, se escuchó el “ya me cansé” y un carnaval de pifias. Vivenciamos fugas de grandes capos, recapturas, frecuentes cambios en el gabinete y, sobre todo, la erosión de la confianza de los ciudadanos en el gobierno, las instituciones, los políticos y la democracia. ¿La cereza del pastel? La aprobación de la Ley de Seguridad Interior.

El pacto–itinerario por México no es insolvente, es el tronco en el que las campañas electorales para la presidencia en 2018 se apoyan. El pacto–itinerario por México es el camino que el PRI, PAN, PRD y anexos deben seguir para mantener la “grande”. Esto, pocas veces es recordado.

Eso explica que ni los mismos diseñadores de campaña se preocupen por preparar una propuesta política digna. Una campaña alejada de la autoadulación, al juego del sujeto empobrecido y humilde. El sujeto “pueblo”.

Las campañas están fuera de la realidad, lejos de todo, lejos de todos. Los candidatos y sus partidos están hundidos en su propia saturación de ilegalidades, y con profesionalismo cínico se asoman, sonríen, se abrazan. Procacidad pura colmada de desmemoria selectiva, impudor que se recubre bajo el principio del dolor y la vergüenza por las acciones de sus correligionarios.

Ninguno está a la altura de nuestro más profundo hundimiento en este infierno. Todos siguen siendo simples partidos, otros partiditos y muchos más escuetos partidillos, todos postrados en el mismo balde de lodo.

Ninguno parece querer, ni siquiera tener la voluntad de detenernos en esta estrepitosa caída en este cono invertido. Sacarnos de esta ruinosa y atroz cartografía del infierno inferior, donde se localizan las mezquitas rojas cercadas por murallas de hierro, donde están las sepulturas, los grandes socavones, despeñaderos, profundos pantanos y los extensos arenales fangosos. Ahí estamos todos los condenados, sometidos al castigo, perplejos e inmóviles en esta magna residencia del inframundo, en la que, evidentemente, los objetivos de pacto–itinerario: 1) sociedad de derechos y libertades; 2) crecimiento económico, empleo y competitividad; 3) seguridad y justicia; 4) transparencia, rendición de cuentas y combate a la corrupción; 5) gobernabilidad y democracia, no se cumplieron, pero que, paradójicamente, parecen regir las campañas presidenciales.