El “lucro cesante”

Este es el nuevo argumento legaloide de las corporaciones multinacionales, robarse impunemente las riquezas naturales, económicas y sociales en todo el orbe. El razonamiento es simple: yo empresario, poseedor de un capital (¿acumulado cómo?), invierto en una rama de la economía, sí, y sólo sí, el Estado me garantiza, con leyes ad hoc,  obtener ganancias millonarias en cierto tiempo, pase lo que pase y a costa de lo que sea, (devastación ambiental, afectaciones a la salud, violación de derechos humanos, etc.). En caso de que por algún motivo (movilización, rebelión social o hasta desastres naturales), se me impida seguir lucrando con mi negocio, acudo a los tribunales internacionales que yo mismo instituí, a demandar al gobierno en cuestión, para que me “indemnice” con dinero público, por las ganancias que voy a dejar de percibir (este es el lucro cesante), previstas cuando realicé mi inversión. En pocas palabras: mi derecho al lucro (haiga sido como haiga sido), está por encima de cualquier derecho y de cualquier consideración. Esta es el arma que las empresas nucleares emplean en numerosos países de la Unión Europea, especialmente en España, para asegurar sus ganancias a costa de muertes y enfermedades generadas por la contaminación nuclear.

A pesar de las crueles experiencias de Chernobil y Fukushima, las empresas pretenden que los permisos de operación de sus plantas pasen de otorgarse cada 10 años, a cada 60 años, asegurando sus ganancias por mayor tiempo y en detrimento de la seguridad de la población. Ante esta pretensión irracional y criminal, se está generando una amplia movilización social, no sólo para impedir que las empresas se salgan con la suya, sino que por el contrario, con base en las catástrofes antes mencionadas, se vayan cerrando de manera escalonada y ordenada las centrales nucleares que aún siguen funcionando en ese país.

Recordemos que precisamente los países con gobiernos derechistas autoritarios, Chile en América Latina y España en Europa, fueron el laboratorio de ensayo de los proyectos de muerte del neoliberalismo. En Chile, se instaló un régimen dictatorial, represor de los disidentes, privatizador de las empresas nacionales, la educación, la salud y los recursos naturales, declarando que el Estado no debía intervenir en los procesos económicos, y que su papel se reducía a ser el “perro guardián” de los intereses de las empresas. En España ha sucedido lo mismo: un régimen dictatorial y represivo que ha favorecido siempre a las empresas y ha impuesto a los ciudadanos un modelo político anacrónico y al servicio del capital; por ello, en ese país, se siembran transgénicos, se utiliza el glifosato, el tráfico de influencias y la corrupción hermanan a los funcionarios del gobierno y las empresas, y hasta han establecido un “impuesto” por la luz del sol, ya que precisamente las empresas proveedoras de electricidad, reclamaron que quienes utilizan sistemas fotovoltaicos, aprovechando la luz solar, los perjudican en sus intereses, porque “dejan de percibir ganancias” que por principio les corresponden. Todo esto es lo que se juega en un proyecto de nación neoliberal como el que mantienen muchos de los candidatos a las próximas elecciones en nuestro país. Esto hay que tenerlo en mente a lo hora de votar.