El hambre en México

Hace unos días tuve la oportunidad de entrevistar a Felipe Torres Torres, uno de los más destacados expertos en materia de economía de la alimentación. Adscrito al Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, Torres ha desarrollado un brillante y metódico trabajo sobre la pobreza alimentaria en México.

Apoyado en sus propias evaluaciones, que contrasta con las manejadas por entidades gubernamentales, Torres da cuenta de una cifra sencillamente pavorosa: más de 53 millones de mexicanos padecen hambre. Así de sencillo. Así de grave.

En su más puro estilo clientelar, el PRI retornado a Los Pinos ha pergeñado una nueva estrategia para mantener el ciclo de la pobreza: la Cruzada Nacional contra el Hambre, el programa estrella de la administración federal con el que busca abatir una situación histórica, pero que realmente sólo servirá para captar votos.


Para Torres es importante que el gobierno reconozca que hay hambre, aunque también le exige que sea realista con las cifras. Y es que para la Cruzada sólo hay 7.5 millones de personas en pobreza alimentaria, es decir, que no cuentan con los recursos suficientes para adquirir los productos de la canasta básica, y que por lo tanto enfrentan un déficit nutricional.

El investigador arguye que al menos son 11 millones de mexicanos en esta situación, aunque bien podrían ser 13 millones, más de diez por ciento de la población.

Y para eso se apoya en cifras oficiales. De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), 25 por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA) gana un salario mínimo. 64.76 pesos diarios, si está en la magnífica zona A, o 61.38 si tiene la mala suerte de estar ubicado en la B, donde nos encontramos los tlaxcaltecas.

Otro dato duro: 20 por ciento de los trabajadores percibe dos salarios mínimos. No más de 140 pesos diarios. Otro 10 por ciento gana tres salarios mínimos: menos de 200 pesos al día. Si medio kilo de carne de res cuesta 80 pesos y se trata de alimentar a una familia de tres integrantes, ya no alcanza para las tortillas.

Una cifra más que aporta el doctor Felipe Torres tiene que ver precisamente con este alimento. Durante el periodo en que el Partido Acción Nacional (PAN) estuvo en Los Pinos, las tortillas tuvieron un incremento de 400 por ciento en su precio. ¿Y estos son los beneficios de la dizque alternancia?

¿Qué se puede hacer con salarios de miedo? Nada. O muy poco. Irla llevando. Sobrevivir como se pueda. Tener hambre y engañarla con unas papas y un refresco, lo que nos lleva a una paradoja más: el de la obesidad, que no es signo de bienestar, sino reflejo de la pobreza y de las latigueantes condiciones laborales impuestas a los trabajadores.

En este país de contrastes, donde en la avenida Insurgentes se puede ver estacionado un BMW o un Mercedes–Benz al lado de un puesto de tortas, que a su vez está frente a un local de Starbucks… en este país tan desigual e injusto, la gente está acostumbrada a jugar ruleta rusa.

Torres me enfatizaba que los dos grandes movimientos armados, la guerra de Independencia y la Revolución de 1910, tuvieron un fuerte componente de malestar social acicateado por el hambre.

Si bien ahora los muros de contención y manipulación de las masas son más eficaces (bendita televisión que todo nos das y nada nos quitas, salvo el juicio y el entendimiento), el creciente deterioro económico ya evidencia un agrietamiento en el edificio social.

Michoacán, Guerrero y Oaxaca son auténticos polvorines, avisperos que se antojan a un paso de la revuelta o de la franca revolución. Y la mano dura que ahora muestra el Partido Revolucionario Institucional (PRI) retornado no sirve para distender el enojo. Y ya no digamos el norte, que es territorio comanche, si plagiamos a Pérez–Reverte.

Si finalmente los testaferros que nos gobiernan se salen con la suya, para beneficiar a sus benefactores, y se aprueba la modificación constitucional que le abra las puertas del petróleo a las trasnacionales, entonces podríamos acercarnos varios pasos más al abismo de la violencia originada por la miseria. Si nada se tiene, ¿qué se puede perder?




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