El Güiri Güiri

Ya desde hace tiempo se esperaba una película suya. Pudo haber sido con el Dr. Chunga como protagonista. O con Horacio Cascarín, ahora que la temperatura futbolera nos pondrá al borde del infarto cerebral.

O El Hooligan o cualquiera de sus otros personajes, incluida su hilarante versión de Vicente Fox, el de las manotas, esas que le sirvieron al lamentable ex presidente panista para pasar la charola y construir el faraónico Centro Fox.

Pero Andrés Bustamante, el mejor comediante de México, junto con Tin tán, optó por forjar un nuevo personaje: Don Cuino Meléndez de la Popocha, epítome, el non plus ultra, del presidente municipal priista (copyright, por supuesto, no sea que se lo quieran carrancear), para hacer su primera película.


Con todo, El crimen de cácaro Gumaro queda mucho a deber como propuesta cinematográfica. A ratos parece una suerte de Una loca película del cine mexicano, porque lo que aspiraba a ser palimsesto, acaba en pastiche, dicho sea de mala manera.

Y es que las referencias a varios filmes locales a veces suenan como esos bodrios gringos que parodian a cintas taquilleras o que han logrado algún tipo de reconocimiento por parte del público. No sé si el cine mexicano da para un ejercicio de intertextualidad como al que aspira El crimen…

Sin embargo, el genio de Bustamante pone a flote a un barco fílmico que corría el riesgo de irse a pique. Apoyado en su inusual capacidad para el chiste, el comediante ofrece una farsa implacable que se nutre del bestiario político mexicano.

La lacerante corrupción que ahoga al país es la línea axial del relato cinematográfico, que se construye a partir de cuadros repletos de gags memorables, que lo son porque encuentran una brutal correspondencia con la realidad.

Don Cuino, que en el nombre evidencia su puerca naturaleza, es una síntesis del político a la mexicana, que se autoglorifica al verse en el espejo de su soberbia todos los días. Y que además hace de la tranza su modus vivendi.

Con esta breve película, Bustamante finalmente debuta en el cine, quizás no con toda la brillantez que da su genio, pero al menos sí con una propuesta aceptable, que más allá de ese homenaje metafílmico que trata de rendir al cine hecho en casa, se sostiene por su mordaz crítica de un sistema corrupto, que nutre a miles y miles de cuinos. Entre cerdos te veas… aunque qué culpa tienen los pobres chanchos.