El grito

A 208 años del inicio del movimiento de Independencia, este año tendrá una singularidad, el grito de ¡Viva México!, expresará la esperanza de que es posible un mejor país, más de 53 millones de mexicanos decidieron por el cambio y se cobijaron con la propuesta de Juntos Haremos Historia con la ilusión de que era posible derrocar, a través de las urnas, al régimen de corrupción que ha secuestrado al país. De hecho, el grito que conmemora la justa independentista será un grito de esperanza y ésta se sitúa en recuperar la soberanía perdida por los gobiernos entreguistas de las últimas décadas. Los mexicanos saldrán jubilosos a gritar ¡Viva México!, como en mucho tiempo no se escuchaba.

Hay motivos para celebrar. Luego de años de gobiernos entreguistas, se avizora un cambio de régimen, cuyas consecuencias iniciales serán replantear el modelo de desarrollo del país, cambiarlo para modificar la distribución de la riqueza, este cambio supone recuperar la soberanía alimentaria, la energética, la tecnológica, entre otras y, desde luego, nuestro papel en América Latina y el mundo. Uno de los principales puntos es disminuir la desigualdad social y económica al interior del país, ésta que fue bandera de los fundadores del movimiento independentista, ir a las causas que generaron la pobreza y la marginación para atenderla desde sus raíces y eso solo se puede lograr si se cambia el modelo de desarrollo, pues está comprobado que el neoliberalismo seguido a pie juntillas, como ocurrió en México, benefició a las grandes empresas transnacionales y a los grupos económicos y empresariales más influyentes en el mundo del negocio del país, incluida la corrupta clase política a costa de la clase trabajadora, de los campesinos, de los jóvenes desempleados y de las amas de casa que tuvieron que amarrarse el cinturón los últimos 30 años, sin posibilidad de aspirar a una mejor vivienda, a una mejor alimentación, a una mejor educación para sus hijos o en épocas recientes a una mejor seguridad.

De eso se trata el festejo de este 15 de septiembre, de ondear la bandera de México, acompañada de una aspiración legítima de ser un país de oportunidades, donde no haya tanta desigualdad, donde los sueños de los mexicanos no se desvanezcan al despertar, sino que haya sueños que se cumplan y que quienes aspiren y hagan lo necesario puedan cambiar su estado de miseria y sobrevivencia en la que han vivido en los últimos años; no es normal y no debe ser normalidad que la máxima aspiración de un mexicano sea sobrevivir al día a día.


Eso se celebrará este 15 de septiembre, la posibilidad de ser un México independiente, soberano y capaz de desarrollar capacidades y abrir oportunidades para la mayoría de los mexicanos que miren el siglo XXI como un periodo que inició con el saqueo como hace 208 años, pero que llegado el momento tendrá un nuevo suspiro para hacer las cosas de modo diferente. De hecho, el mundo de hace 30 años ha cambiado y es poco probable regresar a las características del mundo de la posguerra que en su momento coadyuvó al crecimiento del conjunto de las economías bajo el auspicio de un estado de bienestar vigoroso, pero es posible que aún con un mundo globalizado haya espacio para reconstruir al país y que éste sea próspero, por eso el júbilo, por eso el entusiasmo que seguramente recorrerá las calles de todo el territorio nacional.

Sobran motivos para ondear la bandera, pues a diferencia de hace 208 años, ahora el cambio se ha producido de manera pacífica, sin balas y sin caídos, las armas que ensangrentaron nuestras tierras fueron remplazadas por votos, aun con las prácticas de compra de votos y todas las marrullerías del sistema, los mexicanos decidieron dar el grito de independencia a través de llenar las urnas con un ya basta. YA BASTA DE CORRUPCIÓN, YA BASTA DE TANTA DESIGUALDAD, YA BASTA DE MUERTOS, DESAPARECIDOS Y DE LA VIOLENCIA QUE LA PRODUCE. El grito de ahora es un grito de alivio que expresa que el amor por México es más grande como para seguir permitiendo que lo usen para el beneficio de un puñado de ladrones que vivieron enquistados en el gobierno, éstos que no tuvieron empacho en vender al mejor postor nuestra soberanía, éstos que se adueñaron de los recursos públicos, éstos que lejos de importarles los males de país hicieron fiestas con cada negocio turbio a costillas del pueblo de México.

Por eso será diferente este 15 de septiembre, un pueblo que ha despertado y que espera con entusiasmo que las puertas de la justicia y la igualdad empiecen a brotar, pero el grito no puede ni debe ceñirse al acto simbólico, sino que deber ser un grito que perdure, que denuncie y que esté atento ante los embates de los conservadores que como hace dos siglos querían cambiar para seguir igual. Sobra decir que en tiempos de cambio se requiere una sociedad activa, participativa, que además de celebrar tenga la madurez para enfrentar los desafíos de los próximos años. ¡Viva México!

Ente tanto, recordar es volver a vivir y en el camino de los recuerdos hay unos que merecen nuestra atención sobre todo a 50 años de la matanza del 2 de octubre. ¿Usted qué recuerdos le hacen volver a vivir? Ver para creer.