El después

Después del estruendo de la celebración, no se puede esperar la resolución de las problemáticas del país por la ascensión de una fuerza política distinta a la que hoy gobierna per se. Combatir la corrupción y la impunidad sólo se logrará con el establecimiento de una conciencia diferente que traduzca la participación de las urnas a una participación ciudadana activa, capaz de cuestionar, proponer y actuar.

No podremos cambiar el país si no existe la madurez suficiente entre quienes hoy han ganado con una histórica ventaja y sus seguidores, para erradicar los mensajes que insisten en los discursos de odio. Hay que ser grandes en la derrota y humildes en la victoria.

Es imperante consolidar la reconciliación en las diferencias y valorar el aporte de las y los buenos ciudadanos que no votaron por el presidente electo. Quienes son parte de los partidos políticos deberán convertirse en una oposición responsable. Lo más importante aún está por venir, pues no basta sufragar sin asumir la corresponsabilidad de acompañar, vigilar y exigir a quienes han sido favorecidos con el voto durante su mandato. Ningún país democrático puede mejorar sin procesos reales de crítica y deliberación; sin capacidad de diálogo, pluralidad e inclusión; sin los necesarios contrapesos que detengan los excesos del poder.


Con el “efecto Peje”, varios perfiles cuestionables llegarán a ser autoridad. El mayor reto es que demuestren que están alejados de todo aquello que implicaba eso de ser de “la mafia del poder”; con mejor escenario no podrían contar para trabajar por el bien de Tlaxcala y México, sobre todo para impulsar, garantizar y afianzar una agenda de derechos humanos y género, en la que se requiere avanzar, por ejemplo, en lo referente a los derechos de la comunidad LGBTTTI, al matrimonio igualitario, a la interrupción legal del embarazo y a poner alto a los feminicidios y trata de personas; a combatir la violencia de género y la desigualdad. Es importante recordar que no se debe permitir siquiera la sola intención de poner a consulta los derechos y mucho menos la imposición de creencias religiosas en asuntos públicos. Que este 1 de julio sea un parteaguas y nos permita construir un país más igualitario, justo y plural; un país más democrático.