El debate

El debate de los candidatos y candidatas a la gubernatura de Tlaxcala se asemejó tanto a aquel juego infantil denominado la “víbora de la mar”. Este juego era acompañado de una pegajosa canción que decía más o menos así: “a la víbora, víbora de la mar, de la mar por aquí pueden pasar, los de adelante corren mucho y los de atrás se quedarán…Será melón, será sandía o será la vieja del otro día…”

Poco tiempo tuvieron los y las aspirantes a la gubernatura del estado para verter sus propuestas en torno a la educación y la seguridad. El debate –que no fue debate– comenzó cuando Salvador García Soto, quien fungió como moderador, omitió presentar a la candidata Martha Palafox, representante de Morena. Titubeos, palabras nerviosas, mala lectura y respiración entrecortada del arbitrante fueron el correr del telón, los ciudadanos avizoráramos lo que en breve sucedería.

Los candidatos y las candidatas –unos más y otros menos– hablaron sin hablar, miraron sin mirar y leyeron sin leer, dejaron pasar el tiempo y cuando se callaban, se notaba un alivio acompañado de un respiro al consumir poco a poco los minutos, cuatro que alternadamente tuvieron cada uno(a) para expresarse, algunos(as) hasta se dieron el lujo de perder más de 30 segundos de su tiempo. No había mucho que decir, asumieron que ser breve y bueno, era doblemente bueno.


Algunos(as) gastaron tiempo en conversar sin conversar, en decir sin decir, prefirieron hablar al estilo Cantinflas, exhibición de circunloquio y anacolutazo puro y rudo. Por ejemplo: “vivimos en una época marcada por el signo de la profundidad, por el interiorismo, lo mismo en física que en biología, que en arte, que en música que en derecho. Nuestra fórmula de educación que se contiene en la Constitución creó una fórmula que dejó atrás la ciencia por la ciencia y ahora la educación por la patria y para la patria. No nos hemos ocupado realmente por la filosofía y el sentido ideológico que tiene la educación en nuestro país y que aquí no se ha escuchado”.

Los ciudadanos escuchamos y leímos también figuras retóricas y semánticas al puro estilo de María Expropiación Petronila Lascuráin y Torquemada de Botija: “Pos ya saben que yo como digo una cosa digo otra, pues si es que es como todo, hay cosas qué ni qué, ¿tengo o no tengo razón?” Por ejemplo: “Transporte SÍ. Habremos de hacer realidad que nuestros alumnos universitarios puedan acudir a estados, a comunidades como Apizaco, Tlaxcala y Puebla. Estos estados en donde el esta… estos lugares donde los universitario realmente apoyarse… (sic)”.

El debate no fue propiamente un debate, ninguno(a) tenía que debatir con el otro(a), además no tuvieron tiempo para debatir, no tuvieron tiempo para decir mucho a favor de sí mismos(as) o contra el prójimo(a), pero fue suficiente tiempo para no decir nada, al menos nada que pudiera marcar una diferencia entre los candidatos y candidatas.

Los debates deber ser útiles para generar una reflexión en el electorado respecto de las propuestas, visiones y proyectos de futuro que tienen los candidatos y candidatas a la gubernatura de Tlaxcala, pero ninguno y ninguna fijó una diferencia partidista e ideológica. Esta diferencia ideológica de los candidatos y candidatas de los partidos se borró, no hubo izquierda, no hubo derecha, ni centro–izquierda ni centro–derecha. Todos(as) cómodamente, se movieron –o quisieron moverse– en el centro ideológico y discursivo.

Hubo un desdibujamiento total como candidatos y candidatas de partido. Sobrado deslinde ideológico y ausencias de un lugar de enunciación. Todos y todas se sumaron a una macro agenda de educación y seguridad sin diferencia. El debate pareció seguir una lógica: hay alguien que va adelante, que corre mucho y los demás no se quieren quedar atrás, no se quedan atrás, no están atrás. Y para no dar la impresión que se quedan atrás, todos y todas tiran su equipaje para ir más rápido, se deshicieron de sus principios y se adhieren al mismo proyecto –¿y quién lo encabeza?– todos(a) y ninguno(as) no quieren ser disonantes, no conviene a nadie discernir, reflexionar, discrepar, increpar ni debatir. Nadie quiere excluirse, nadie quiere ser diferente. Si no hay diferencia en la agenda política para Tlaxcala, entonces hay una sola visión de futuro, hay homogeneidad. En apariencia, nadie va entonces adelante, ni nadie va entonces atrás. Todos y todas son “vanguardia”.

Como el lector puede apreciar, los candidatos y las candidatas “coincidieron” en materia educativa y asumieron, propusieron y demandaron porque la educación en Tlaxcala tenga infraestructura física, sea incluyente y se reduzca la deserción. Así como el establecer y ampliar becas, convenios de vinculación laboral y mejorar la calidad educativa a través de la capacitación docente. Las únicas diferencias y mínimas entre los candidatos y candidatas en este rubro fueron: los desayunos escolares, transporte sí, vales de útiles e investigación científica y tecnológica.

La inocente o racional estrategia de homogeneización de la agenda política en materia educativa realizada por los candidatos y candidatas al gobierno del estado de Tlaxcala tiene múltiples implicaciones que es preciso subrayar.

Acaso los y las candidatas comparten la problemática en materia educativa del estado o no quieren los candidatos(as) analizar a fondo dicha problemática. Asumen que hay un puntero(a), líder o lideresa en las preferencias que dicta la agenda y para evitar competir con éste o ésta, se suman para no generar diferencia y evitar verse reducidos o disminuidos en la preferencia electoral.

La inocente o calculada estrategia de homogeneización de la agenda en materia educativa muestra que los cargos políticos en Tlaxcala son pluripersonales, que van más allá de los partidos, de su ideología y principios políticos y que se trata más de una disputa por los intereses de las nuevas camarillas emergentes ante los moribundos liderazgos de los viejos enclaves partidistas en el estado. Se diputan el privilegio de poder dirigir las negociaciones políticas a nivel local. Ahí radica entonces que las nuevas generaciones de políticos y políticas en la entidad busquen reducir la agenda con el fin de limitar las complicaciones de negociación a mediano y largo plazo ante quien resulte ser ganadora o ganador.

Sea o no real esta imaginación política, no se deben obviar los efectos que esta estrategia o inocencia puede acarrear. La homogeneización de la agenda política o la reducción de la diferencia presentada por los candidatos y candidatas a la gubernatura del estado de Tlaxcala muestran –indirectamente– que éstos y éstas no buscan un voto ideológico, razonado y partidista. Buscan un voto anclado en la percepción y valoración ciudadana del sujeto más que del partido, buscan un voto más de credibilidad que de propuesta política.

Ello evidencia que el resto de las campañas políticas se encaminarán en sobresaltar la buena imagen del candidato y la candidata. El que mejor logre construir una imagen social carismática y con apego a lo tradicional es el que tendrá –dentro de esta lógica– la mayor posibilidad de obtener votos, de generar –al menos momentáneamente– confianza en la ciudadanía y llevar a cabo las propuestas políticas compartidas.

No hay diferencia, no hay exclusión ni autoexclusión en la contienda electoral. Todas y todos en igualdad de condiciones–visiones, ninguno y ninguna adelante y ninguno y ninguna atrás. Si la diferencia personal, carismática y tradicional se empeña en dejarlas y dejarlos atrás, cabe la posibilidad de aliarse por una agenda común –como hasta lo ahora visto en el debate–, una agenda compartida por la cual vale la pena primero luchar de manera individual y posteriormente colectiva si es necesario –es posible una macro alianza de los y las de atrás contra él o la que corrió mucho, el o la que va adelante, al final de cuentas no está en juego la agenda política, la cual es compartida– al estilo de “a la víbora, víbora de la mar, de la mar por aquí pueden pasar, los de adelante corren mucho y los de atrás se quedarán…Será melón, será sandía, será la vieja del otro día…”

Dilemas pues de un gobierno liberal con la misma agenda. Sigue siendo Tlaxcala la cuna de la alternancia política y hoy enfrenta –ante el debacle de los “viejos” enclaves de poder partidista– su mayor problema, lamentablemente las “nuevas” generaciones no parecen combatirlo, tal parece que se suman para reducir la diferencia y ganar aún con la derrota una sobrada agencia pluripersonal–partidista.

Para muestra observemos una síntesis de las propuestas que en materia de educación anunciaron los y las candidatas: