El brinco de corrupción

El brinco es la forma en que se conoce y se reproduce todos los días en las instancias gubernamentales para  agilizar los trámites administrativos, es una práctica de corrupción donde los funcionarios públicos de niveles inferiores y superiores obtienen ganancias ilegales, los montos dependen del brinco que se quiera dar, están presentes en los contratos de obra pública, en la adquisiciones de papelería, de mobiliario, de contratación de servicios de todo tipo, se aplica de forma permanente en los centros vehiculares. Es así como se resuelven de forma habitual los procesos engorrosos de la administración pública, la palabra brinco es del lenguaje común entre la ciudadanía que accede a estas prácticas para resolver de forma rápida sus asuntos relacionados con la obligación o con la prestación de servicios con el gobierno, si no hay brinco no hay contratos, no hay pago de impuestos como licencias, permisos u otros trámites.

A pesar de los incipientes avances en materia de corrupción, ésta está incrustada en prácticamente todos los gobiernos u organismos públicos centralizados, descentralizados o desconcentrados de todos los niveles gubernamentales, incluye los partidos políticos y los tres poderes que conforman el estado mexicano, de hecho hay distintas hipótesis que han tratado de explicar el origen de ésta en la sociedad mexicana, veamos algunas.

Las biológicas aluden que los mexicanos somos corruptos porque es parte de nuestro estado natural –así nacimos-, está en nuestro genes y por ende la posibilidad de acabar con ella tendría que pasar por una modificación del ADN, aunque pudiera mover a risa, este planteamiento fue, por ejemplo, el soporte teórico de la corriente de pensamiento iusnaturalista.


Thomas Hobbes, en su famoso libro El Leviatán, sostenía que hay un estado natural y un estado social, en el primero el hombre por naturaleza es malo lo que lo lleva a afirmar que los hombre al momento de nacer ya trae en sí todos los pecados capitales, de ahí la afirmación de que el hombre es el lobo del hombre, la solución a ese estado natural es transitar al estado social, donde encumbremos al poder soberano, al estado monárquico, diría Hobbes, que sólo con un poder absolutista se puede acotar la gula, avaricia-codicia, lujuria, envidia, soberbia, entre otras, sin embargo esta explicación fue posteriormente desechada pues se demostró que el ser humano no nace con esos defectos, más bien se adquieren en un contexto y en una circunstancia histórico cultural, pero no es todo, la corrupción se extendió al propio Estado y de paso en las estructuras eclesiásticas.

Por su parte, el enfoque culturalista trató de demostrar que la corrupción es una construcción social que se reproduce como otro valor, costumbre o regla de una cultura  como la mexicana, así como somos consumidores convulsivos de todo tipo de chiles, así practicamos la corrupción, es parte de nuestra cultura, si no se es corrupto, no se es mexicano. Este enfoque es el más socorrido pues ayuda a justificar el tipo de prácticas que realizamos y deja escaso margen para proponer formas que la eliminen, se han escrito muchos documentos sobre cómo la cultura impacta en la administración púbica, ésta se incrusta en los modelos burocráticos y no al revés, qué mejor forma de blindar a los funcionarios. La culpa es de la cultura.

Sin embargo, el enfoque institucionalista avanza en demostrar que la corrupción se reproduce fundamentalmente por el diseño institucional, es decir ésta es la que somete a los funcionarios y éstos a la sociedad para que consoliden las prácticas, en este enfoque se explica que casi todo ciudadano que se incorpora al servicio público y privado debe dejar sus valores de honestidad en casa, pues para sobrevivir es necesario formar parte del modelo de complicidad.

Más aún, el diseño es más complejo pues reducirlo a que la institución determina la corrupción seria minimizar el problema y probablemente quedaría también como una forma de justificación, simplista con expresiones de yo no era corrupto, la institución me hizo corrupto, de hecho con este enfoque surgen preguntas básicas, si la corrupción es producto de la institución ¿por qué hay distintos tipos de corrupción?, ¿por qué hay jerarquías institucionales, no es lo mismo ser el jefe que ser una empleado de niveles inferiores?, ¿por qué hay prácticas de corrupción que hacen millonarios a muy pocos, mientras que la mayoría no sale de su condición de pobre?. Si bien este enfoque avanza en someter a una mayor discusión el problema de las causas, se debe profundizar en que la institución sí determina, pero ésta es acompañada por hombres y mujeres corruptos que aprovechan las condiciones institucionales para sacar provecho del puesto.

Para dejar de dar el brinco se requiere que el diseño institucional esté sujeto al seguimiento y vigilancia del proceso administrativo, pero no será suficiente, se necesita que se convierta como práctica común, que quienes hayan o estén ocupando el puesto y fomenten las prácticas de corrupción terminen tras las rejas, mientras esto no ocurra, los jefes seguirán amasando fortuna, los funcionarios de bajos niveles tendrán para la torta, pero seguirán siendo pobres y corruptos.

El brinco está incrustado en la administración pública, bastaría hacer público los lugares y los personajes que lo fomentan, a ojo de buen cubero, se sabe de casos de antes y de hoy que viven de la corrupción, ¿usted conoce algunos?, yo sí.




Leave a Reply

Your email address will not be published.