El balde de lodo

La intencionalidad de Ochoa al llamar a sus tránsfugas no es inocente, no es una expresión manifestada al calor de las precampañas, no es síntoma de preocupación, frustración porque su partido no despuntó en las preferencias de la ciudadanía y además que su partido no puede o no quiso detener a los migrantes.

Eso no resulta ser suficiente para convertir una expresión de ese tipo en algo legítimo. La expresión de Ochoa no es más que el reflejo, la evidencia de que casi todo mexicano tiene, posee como cultura, la cual siempre oculta, siempre calla porque expresarlo, manifestarlo no es ético, moral, político, social, ni diplomáticamente correcto.

Esta generación de políticos nos ha demostrado todo, hoy Ochoa nos invitó a cuestionar nuestro nivel de hipocresía.


El empeño de este gobierno, y en general la clase política ha implementado la estrategia del balde de lodo, esta estrategia consiste en legitimarse a través del hundimiento del otro, del crítico y de la sociedad que disiente. Hundir a todos en el balde de lodo implica que nadie sale limpio de ahí.

Todos debemos aceptar que somos como ellos, que todos somos iguales, que todos cojeamos del mismo pie. La lección es que todos somos o podemos ser corruptos, todos tenemos propensión a ser antiéticos, inmorales, fáciles, tramposos, doble cara, aspiracionistas, clasistas, elitistas y, sobre todo, racistas.

La palabra “prieto–prieta” para referirse a alguien en México es expresar un mensaje poderosamente negativo pero que, paralelamente, expresa algo que cada uno de los mexicanos ha guardado, maquillado durante miles de años. Nadie en su sano juicio se refiere a otra persona con este calificativo, ni como broma de mal gusto. La expresión de Ochoa escandalizó porque tocó todo aquello que es prohibido y por todos y todas negado.

El argumento de salida más simple ante este yerro lingüístico de Ochoa ha sido, nuevamente, meter a todos al balde de lodo, apelar a la conciencia y doble moral de los mexicanos para que dejen de criticar, someter a prueba su calidad ética al asegurar que todos en algún momento de la vida hemos sostenido, aún en el inconsciente, una aseveración de este tipo.

Lo que de entrada, nunca se le perdonó, fue asumir que por tener el privilegio de pertenecer a la oligarquía política, ya estaba salvado, ya había sido blanqueado.

El balde de lodo ha sido efectivo también para Obrador, éste ha supeditado el trabajo político que por años realizó en las bases sociales a nivel nacional. De qué sirvió a Obrador establecer vínculos, acuerdos con representantes a nivel de calle, con líderes barriales, laborales, empresarios y miles de kilómetros caminados para escuchar a la gente para después ignorarla. No tomarla en cuenta en las decisiones importantes del partido y, sobre todo, de lo pactado con ellos y ellas. De qué sirvió el trabajo de base forjado durante años, la asesoría de sus intelectuales cercanos, cada vez más fanáticos y escasos. Es sabido ya la dificultad de Obrador para establecer una relación estrecha y, sobre todo, cordial con los intelectuales.

De qué sirvió a Obrador tanto tejer la esperanza, la fe de un proyecto de futuro, de un nuevo proyecto de nación si al final lo metieron al vado de lodo, o él mismo cayó de bruces. Obrador justificó la adhesión de Napoleón Gómez Urrutia a su equipo de trabajo, en aras del supuesto voto minero. La practicidad, la inmediatez y el cálculo al calor del momento, Obrador limpió a Napoleón bajo la misma lógica del balde de lodo.

La colocó como un mártir de la enlodada que le hiciera el sistema político. Como si su exilio por el desvío de recursos económicos pertenecientes a los mineros, y las múltiples órdenes de aprehensión fuera una injusticia del régimen perpetrada contra un hombre recto, ético y de altura moral, elementos necesarios para ser un digno representante de una institución política de izquierda, que durante años acuñó, discursivamente, la posibilidad de dar a la ciudadanía una esperanza, un cambio anclado en un ferviente combate a la corrupción y la elaboración de una constitución moral.

Así los tiempos, unos se justifican con el balde de lodo, y otros la utilizan para lavar la imagen de sus futuros representantes populares.