El año de Paz

La edición facsimilar de “Viento entero”, un poema muy poco conocido de Octavio Paz, será la punta de lanza para celebrar el centenario del natalicio de nuestro Nobel de Literatura.

Quizás la clave para entender el motivo de esta selección está en que se trata de un poema en el que expresa su amor a Marie Jo, su segunda esposa… quien detenta los derechos de la obra del autor de “Piedra de Sol”, texto mucho más memorable que el que será editado.

Esta semana, la Secretaría de Educación Pública (SEP) , de la que depende el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), anunció el programa oficial del centenario, destacando la edición de ese poema, así como la preparación de una antología que constará de un millón 800 mil ejemplares, que serán repartidos entre niños que egresen de la secundaria.


Ojalá sepan apreciar el valor del obsequio, y con ellos sus profesores, que ahora están más preocupados por no perder prebendas y canonjías, que en hacerle un espacio a la poesía, tan necesaria en su accidentalidad.

El resto del programa incluirá un recital en el palacio de Bellas Artes el 30 de marzo, un día antes del centenario, donde estarán Wole Soyinka y Derek Walcott, así como un grupo de poetas mexicanos.

El 20 de marzo habrá una sesión solemne en la Cámara de Diputados y se cancelará un timbre postal; los diputados también tienen previsto leer “Piedra de Sol”, mientras que en la Cámara de Senadores habrá un coloquio sobre el pensamiento político de Paz, quien en ese sentido vivió una regresión, al pasar de cierto izquierdismo naïve, a un muy marcado conservadurismo derechoso, que le cayó de perlas al salinato.

Habrá ecos de la celebración en Madrid, París, Tokio, Río de Janeiro, Londres y Bogotá, amén de la capital del país. El resto del programa se puede consultar en www.octaviopaz.mx.

Ojalá y se haga algo aquí en Tlaxcala. No se debe olvidar que el primer poemario de Paz salió de la prensa de Miguel N. Lira, aquella Luna silvestre que el futuro Premio Nobel no acababa de reconocer como hija suya, aunque a la larga asumió sus ardores juveniles y le dio el apellido a esa obrita, primera piedra de lo que sería una obra magistral (aunque aquí sobran los adjetivos).

Pero si nada ocurre, como ha ocurrido en los últimos años, ojalá y al menos la gente se acerque a este escritor, que si bien no goza de la popularidad de otros poetas, como Sabines o Benedetti, ofrece el ángulo intelectual de cómo se debe asumir el oficio de la palabra. No hay desperdicio en su obra. Y eso es más que suficiente para celebrar.

“Chillen, putas”, diríamos con Paz, “azótalas,/ dales azúcar en la boca a las rejegas/ ínflalas, globos, pínchalas,/ sórbeles sangre y tuétanos,/ sécalas,/ cápalas,/ písalas, gallo galante”. Las palabras.