Día Internacional de la Mujer, ¿se festeja o conmemora?

Parto recordando un poco de la historia de cómo surge el Día Internacional de la Mujer, como creo ya muchas personas conocemos, la idea de este día surgió a finales del siglo XIX, en plena Revolución Industrial y durante el auge del movimiento obrero. La cconmemoración recoge una lucha ya emprendida desde la Revolución Francesa, las mujeres parisinas, que pedían libertad, igualdad y fraternidad, marcharon hacia Versalles para exigir el sufragio femenino. El 8 de marzo de 1857, las mujeres que trabajaban en la industria textil (llamadas “garment workers”) de Nueva York, en los Estados Unidos, organizaron una protesta. Luchaban contra los salarios bajos y las inhumanas condiciones laborales. La policía cargó contra las manifestantes y las dispersó. Dos años más tarde, también en marzo, estas mujeres crearon su primer sindicato con el fin de protegerse y conseguir ciertos derechos laborales básicos. El 8 de marzo de 1908, miles de mujeres se manifestaron por las calles de Nueva York para exigir un recorte del horario laboral, mejores salarios, el derecho al voto y el fin del trabajo infantil; el eslogan que eligieron fue “Pan y Rosas”; el pan simbolizaba la seguridad económica, y las rosas, una mejor calidad de vida. Tras la declaración del Partido Socialista de América, el primer Día Nacional de la Mujer de la historia se celebró en los Estados Unidos el 28 de febrero de 1909. La lucha continuó y dos años más tarde una tragedia sucedió en una fábrica de camisas ubicada en Nueva York. El 25 de marzo de 1911, 146 trabajadoras textiles fallecieron debido a las quemaduras, los derrumbes y la inhalación de humo. Gran parte de las empleadas eran inmigrantes jóvenes que rondaban los 20 años de edad, ellas fueron asesinadas, sólo por exigir el reconocimiento de sus derechos humanos.

Cada año, al conmemorar el Día Internacional de la Mujer, algunos y algunas lo hacen pensando que es una especie de celebración alegre. Sin embargo, el verdadero origen dista mucho de ser un motivo para sonreír, dar flores, enviar tarjetas de felicitación u ofrecer desayunos, lo que sucedió hace 105 años es realmente terrible. Actualmente conmemoramos cada 8 de marzo, reconociendo a todas las mujeres del mundo y de nuestro país, quienes sentaron la base para el reconocimiento de nuestros derechos humanos.

Lamentablemente se cree que por el hecho de que los derechos humanos de las mujeres están reconocidos en el marco internacional, nacional y estatal, esas injusticias por las cuales miles de mujeres en el mundo desde sus diversas trincheras alzaron la voz quedaron atrás, pero lo cierto es que aún después de tanto tiempo las mujeres continuamos exigiendo el pleno cumplimiento de los derechos humanos, que gracias a ellas hoy están escritos en un marco legal, el cual es obligación para los tres niveles de gobierno y de la ciudadanía respetar.


Sin embargo tristemente vemos cómo año con año, cómo desde las instituciones públicas  hasta la misma ciudadanía, “festeja el 8 de marzo”, sin comprender de fondo que la conmemoración de la fecha parte de seguir exigiendo que las mujeres en nuestro país y estado no continuemos siendo marginadas y discriminadas en el sector laboral, educativo, político, del sistema de justicia y comunitario; que las mujeres de nuestro estado no sean desaparecidas, asesinadas a manos del esposo, el novio, el padre o por algún desconocido,  o explotadas sexualmente por las redes de tratantes que existen en la entidad.

Es preocupante encontrar que en el marco de esta conmemoración, a través de una conferencia dictada por la Comisión Estatal de Derechos Humanos y avalada por el Tribunal Superior de Justicia del Estado, se asevere que “las mujeres no denuncian los delitos que son cometidos en su contra, lo que fomenta actitudes como el machismo entre la sociedad” o que asevera que “las mujeres ya no tienen que exigir espacios u oportunidades de inclusión en los diferentes ámbitos sociales, debido a que éstos ya se encuentran establecidos a través de las garantías legales”.

Es grave que se responsabilice a las mujeres de fomentar las actitudes machistas de los hombres por el hecho de no denunciar, cuando en la práctica, si bien existe la Ley que Garantiza el Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, el trámite de una denuncia resulta cansado, desgastante y casi imposible para la mayoría de las mujeres que sí decidieron denunciar, aunado a la violencia institucional que se generan contra ellas por parte de las instancias de procuración y administración de justicia.

Si bien debemos reconocer que en la entidad existe, como bien lo dice la especialista, un andamiaje legal y jurídico en materia de derechos de las mujeres, justo el parteaguas entre el reconocimiento y su cumplimiento dista mucho, y justo es la exigencia vigente del movimiento de mujeres en nuestro país y en nuestro estado. Como mujeres también debemos sensibilizarnos, generando una concientización femenina de nuestra condición y posición en la cual aún nos encontramos socialmente, y muchas debemos reflexionar que no podemos hablar desde nuestra posición y condición, pensado que es la misma para el resto de las mujeres tlaxcaltecas, diría la Dra. Marcela Largarde, es urgente fomentar la sororidad entre nosotras las mujeres.

Indudablemente cada evento, año con año, que desde diversas instituciones públicas “festeja al Día Internacional de la Mujer”, nos debe llevar a la reflexión a hombres y mujeres, de seguirnos  repensando, sensibilizando y cambiando las ideas, normas, actitudes, prejuicios, estereotipos, etc., que de manera velada y directa son vigentes y que justo entorpecen y frenan el pleno cumplimiento de los derechos de las mujeres; y naturalizan, justifican y toleran en nuestra entidad la desaparición, la explotación y feminicidios que se comenten hacia nosotras las mujeres.

Miles de mujeres en Tlaxcala no tenemos nada que festejar; sí mucho que agradecer y conmemorar a esas mujeres de la historia que nos trazaron el camino que debemos seguir para exigir el pleno respeto y cumplimiento de nuestros derechos ya reconocidos, esperando que en este camino se sumen día a día más mujeres, pero también más hombres que crean que una sociedad justa, equitativa e igualitaria es posible.