Después del 8 de marzo

Han transcurrido 15 días desde la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, fecha utilizada por gran parte de las autoridades para felicitar a las mujeres “por su día”, se les entregan flores, chocolates, mensajes con buenos deseos, en algunos espacios de trabajo se les hacen reuniones de convivencia, en fin, todo tipo de “detalles” que hacen perder el sentido profundo de esta fecha, sepultando una historia de lucha y sufrimiento por la consecución de derechos, pues recordemos que el 8 de marzo de 1857 fue un día donde las obreras de la textilera Cotton en Nueva York exigían condiciones para mejorar sus jornadas laborales y un salario justo. Si en realidad toda la sociedad y, principalmente, las autoridades recordaran el origen de la fecha, seguramente se rechazarían todo tipo de acciones que lo único que hacen es generar cortinas de humo.

La conmemoración ha sido de un solo día, pero ante los actuales índices de violencia que viven las mujeres, la exigencia para que los gobiernos actúen ha tenido que extenderse más allá del 8 de marzo y se ha convertido en acción constante de diversas organizaciones de la sociedad civil y de diferentes colectivos.

Es claro y palpable que la cultura machista mantiene su dominio expresado en diversas violencias. Por más que los gobiernos niegan, una y otra vez, el agravamiento de la violencia, hay datos que la confirman, entre ellos los resultados encontrados en un diagnóstico de percepción ciudadana realizado por el Centro Fray Julián Garcés en 2017 donde se logra ver que el 49.9 por ciento de los y las encuestadas mencionó que los hombres consideran a las mujeres como objetos que se pueden vender y el 26.6 por ciento de los menores de edad quiere ser tratante.


La cultura machista está fuertemente arraigada en los gobiernos que una y otra vez muestran actitudes misóginas, ya sea minimizando la violencia que viven las mujeres, mostrando desconocimiento o abiertamente realizando acciones que mantienen los estereotipos de discriminación hacia las mujeres. Algunos ejemplos de ello son los siguientes: Nombrar a un festival, en el marco del Día internacional de la Mujer, “Mujeres de calidad”, ¿ello quiere decir que hay mujeres que son de calidad y otras que no? ¿Bajo qué criterios se establecen los estándares de una mujer de “calidad”? ¿Este tipo de afirmaciones no genera discriminación hacia un sector de las mujeres? Otro ejemplo de la misoginia gubernamental está en las acciones del presidente municipal de Xicohtzinco, quien reconoce que en ese municipio se realizó un operativo para clausurar un establecimiento donde se “pretendía” realizar actividades de prostitución y donde se detectó la presencia de hasta 15 mujeres. En primer lugar, sus declaraciones parecieran siempre responsabilizar a las mujeres y no vincular el hecho a la problemática de trata y explotación sexual. Segundo, ante esos hechos nunca asume la responsabilidad como municipio para implementar acciones de prevención del delito.

Las declaraciones del secretario de Gobierno, Tito Cervantes Zepeda, quien señaló: “el hecho de declarar la alerta de género no significa que con eso vamos a resolver el problema”, su actitud evade la responsabilidad que los gobiernos tienen para acatar un mandato federal e invalida una lucha histórica de las mujeres para tener un mecanismo de emergencia que les garantice la integridad y la vida, lo cual es sumamente grave.

De acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, Tlaxcala en 2017 fue el octavo estado con más denuncias por trata, sin embargo, porcentualmente Tlaxcala ocupa el segundo puesto, ya que de cada 100 mil mujeres, 1.62 por ciento ha sido víctima de este delito.

Mientras tanto, el gobierno local aún tiene pendiente la aprobación del Programa Estatal contra la Trata, permitiendo que el delito continúe, mostrando en la práctica lo poco que le importa la vida de las mujeres. Así las cosas después del 8 de marzo.