Descolonizar el imaginario colectivo

La sociedad contemporánea en todas las latitudes del planeta, en gran medida ha sido moldeada en la cultura del consumo desmedido y en el mito del crecimiento infinito, modelo diametralmente opuesto a las cosmovisiones de las culturas ancestrales, no sólo de América, sino de todo el mundo, para quienes la vida bajo todas sus formas, depende en su totalidad del buen funcionamiento y cuidado de la naturaleza, de la Madre Tierra o Pachamama. Sin duda el desarrollo científico y tecnológico ha aportado una gran cantidad de beneficios a la vida humana, ya sea en salud, en incremento de sus capacidades intelectuales, en sus capacidades productivas, etc., lo cual no es condenable; sin embargo, la historia cambia de rumbo cuando el capitalismo plantea el crecimiento como medida de una supuesta felicidad humana: tener es ser, y por ello, el sentido de la vida humana en esta tierra es acumular, tener bienes, tener el poder que facilite el acceso a esos bienes que le otorgan una identidad vacía, pero que lo distingue del gran resto que no los tiene.

Este modelo de cultura introyectado es el que ha permitido que nuestra civilización haya llegado hasta este punto que nos mantiene al borde de un colapso planetario, del que unos pocos esperan sobrevivir para disputarse lo que quede después de la hecatombe, que finalmente funcionará como un “proceso de selección natural” para eliminar a los menos aptos, es decir, los que no han sido “competentes” en la acumulación y el despojo de los bienes comunes. Este es el programa actual de los amos del dinero, que se fingen ciegos y sordos a las cada vez más frecuentes crisis ambientales generadas por ellos mismos: calentamiento global, cambio climático, incremento de los desastres naturales, crisis humanitarias por guerras provocadas, movimientos migratorios del sur hacia el norte, asesinatos masivos de población por guerras, hambrunas o contaminación deliberada. Y todo ello disfrazado de “desarrollo, progreso o modernización”. Nuestra cultura está hipnotizada con la promesa de una vida llena de lujos y comodidades (que no tiene nada que ver con las verdaderas necesidades básicas de las personas) posibles de alcanzar siempre y cuando colaboremos en nuestra propia destrucción y esclavitud; este es el colonialismo mental que nos está siendo impuesto desde las instituciones sociales, ya sea la escuela, la familia, la publicidad o la propaganda. Y es precisamente contra esta colonización interior, contra la que debemos luchar si queremos construir otro mundo posible basado en otros valores que no sean la competencia, la acumulación, el tener mucho como único estatus social posible, el individualismo y la competitividad como criterios de crecimiento personal, el consumo irracional como signo de distinción social, etc.

En la esperanzadora etapa que estamos por iniciar, es fundamental comprender que cambiar a las personas que integran las instituciones sociales, no cambiará en nada nuestra realidad, si no partimos de nuestra propia descolonización mental personal o nuestra “Concientización”, como la llamaba el entrañable Paulo Freire. Para reflexionar sobre  cómo realizar esta descolonización, se puede asistir a la Primera Conferencia Norte–Sur, sobre Decrecimiento, a celebrarse del 3 al 7 de septiembre próximo, en diferentes sedes de la Ciudad de México. Consultar: degrowth.decrecimiento.org.