Desbandada priista en Tlaxcala

Jalisco, Chiapas, Guanajuato, Aguascalientes, Zacatecas y Durango son ejemplos de la desbandada de militantes del PRI que al ver que el barco se hunde, han decidido salirse del partido antes que el agua les llegue a los aparejos, igual ocurre con militantes del PVEM y de Nueva Alianza. La percepción de que el candidato José Antonio Meade está en caída libre se sigue consolidando, de mantenerse la desbandada, el voto duro del partido tricolor seguirá reduciéndose y si éste había sido un factor para lograr triunfos electorales, haiga sido como haiga sido, ahora es posible que el rompimiento de las estructuras provoque un escenario histórico, no sólo por perder la presidencia, sino estar en la antesala del fin de PRI, en Tlaxcala puede darse este mismo escenario. Veamos.

Hasta los coordinadores estatales de promoción del voto, como ocurrió en Jalisco, han renunciado al partido en el poder. Ante la posibilidad de que se termine por desfondar José Antonio Meade, simpatizantes, militantes, funcionarios públicos han hecho sus maletas a Morena o a Por México al Frente, excluidos del reparto de candidaturas o ante el temor de quedar fuera de los beneficios por la cercanía con el poder, de ahí que se están moviendo a opciones triunfadoras. A ningún actor político le gusta perder, ni tomarse una selfie con un candidato perdedor. De hecho, la guerra sucia por bajar al segundo lugar de las encuestas ha centralizado las baterías en el espacio nacional y se han abandonado los espacios locales, la distribución de las candidaturas ha sido en su mayoría decisiones de la cúpula priista y cientos de militantes han quedado fuera, no es casualidad que el enojo social también se esté corriendo en las estructuras del partido tricolor. En ese sentido, las mismas encuestas muestran el deterioro del partido en las entidades federativas donde habrá elección para gobernador, según los datos, es muy probable que el PRI no gane una sola y además pierda gran parte de los distritos electorales en la competencia por la Cámara de Diputados y la de senadores, esto último es lo que tiene al borde de la puerta a cientos de priistas en Tlaxcala, que ven que mantener o ganar el poder es actualmente un espejismo.

En el caso de Tlaxcala, la desbandada de militantes, simpatizantes y funcionarios públicos está a la vuelta de la esquina, hay varias razones, entre ellas la percepción de que el PRI perderá la elección presidencial y que esto deja en libertad a los que comulgan con el partido en el poder, los incentivos se reducen notablemente y como en los viejos tiempos la fila para obtener espacios de poder político y económico es larga y no avanza, pero sobre todo la desbandada tiene que ver con la incapacidad del gobierno por resolver problemas locales que se están agudizando, casos como el conflicto en el Cecyte y ahora Cobat tendrán consecuencias políticas, pues las diferencias entre los docentes y la autoridad educativa ha favorecido que padres de familia y alumnos también se enrolen en el conflicto. El gobierno y el partido no podrán movilizar a los docentes para la promoción y el acarreo de votantes como ha sido su costumbre, pues hay por ahora un repudio a la actuación de sus directores, quienes han hecho caso omiso a sus demandas, sean éstas reales o no, bastaría ver los múltiples mensajes en las redes sociales para saber el rechazo hacia el PRI y hacia las autoridades de la SEP por parte de la base magisterial, para comprobar que no se podrá contar con esas estructuras durante la jornada electoral, a ello se suman los históricos problemas de las normales y más recientemente la decisión de cambiar el horario de las escuelas de tiempo completo en educación básica, ante la inconformidad de los maestros de no tener certidumbre por el pago de sus servicios. Esta estructura también está fracturada y será casi imposible echar mano de ella en la promoción del voto, muchos maestros no podrán ser obligados, ni presionados para apoyar la campaña o para votar por el partidazo, no hay incentivos, por más que el gobierno trate de minimizarlos.


En ese sentido, la debandada en Tlaxcala no necesariamente será pública, aunque no faltará quien se pronuncie mediáticamente, ésta estará cubierta de simulación, cosa que es peor, porque en las cuentas alegres del PRI no les cuadrarán los datos, pues las traiciones serán parte sustantiva a la hora de contar los votos, muchos simularán apoyar al partidazo, pero en la práctica votarán por otras opciones. A ello se añade que al interior del propio gobierno estatal muchos de los burócratas que no pertenecen a las altas esferas rechazan la conducción del gobierno, sobra decir que la inactividad, las malas decisiones y la falta de cambios en el gabinete y en el gabinete ampliado se han convertido en un hastío para la clase trabajadora, a ello se añade casos de corrupción que han sido solapados por el gobierno, ejemplos como El Colegio de Tlaxcala, donde la autoridad hizo mutis, dan fe del por qué la burocracia votará por el cambio, aprovechando que el voto es libre y secreto. De nada servirá la billetera para mover a una estructura que ha sido golpeada en lo que va de esta administración, viene la desbandada aderezada con la simulación. Será el costo de no hacer nada. Ver para creer.