Democracia social

La promesa de un posible “acomodo” de todas y todos los eternos excluidos de la política local y federal que encontraron acomodo en Juntos Haremos Historia hoy se reaviva al calor de las encuestas que colocan a Obrador en el primer lugar de las preferencias electorales. La marea Morenista levanta mucha espuma y cúmulos de arena que invisibiliza, enturbia la realidad de la promesa del cambio hechas por Obrador. ¿El cambio en qué consiste, qué significa? Los medios de comunicación han mediatizado el término populismo, sin aparatos críticos ni contrapesos informativos. El populismo es la amenaza para México después de julio.

El populismo se ha convertido en un concepto atemporal, en algún contexto histórico el populismo como categoría política y sistema de gobierno fue bien visto en la política local e internacional, por ejemplo, en México el llamado periodo populista del PRI fue aceptado, valorado por la ciudadanía, más habría que cuestionar el concepto. México ha tenido pocos sistemas realmente populistas, podríamos decir, en términos prácticos y de ejercicio de gobierno el régimen de Santa Anna o de Porfirio Díaz. Esos regímenes populistas suprimieron la posibilidad de una sucesión presidencial, la cual formalmente se concretó como regla bajo el periodo gubernamental de Lázaro Cárdenas.

El régimen del PRI más que populista fue un régimen corporativo, clientelar, incluso presidencial, pero no populista como tal. Hoy el populismo es utilizado como una estrategia de miedo y un insulto político, pero en México no tenemos un régimen populista, ningún político alcanza a unificar la voluntad del pueblo, aun tratándose de Obrador. Obrador no es populista ni para la derecha ni para la izquierda, Obrador no representa un régimen –tal como lo describe Nadia Urbaniti– de “hechos de negativos”: antipolítico, antiintelectualista, antiinstitucional, anticontitucional. Obrador no es y no pinta para ser un hombre, un político extraordinariamente poderoso, no lo fueron ni los hombres fuertes del PRI en sus épocas de oro.


Obrador no puede adaptarse a todas las situaciones, aun las que tiene bajo influencia política, social e intelectual. Obrador no ha dado muestras como gobernante, ni como candidato de tomar decisiones fuera de los procedimientos constitucionales, democráticos. Hasta hoy Obrador como candidato no ha realizado ofertas políticas irresponsables, irrealizables, demagógicas.

Evidentemente, hace falta replantear, reinventar las formas de nombrar las cosas, las situaciones, la política y sus tensiones. Obrador no atenta ni ha atentado contra la democracia, el peligro de Obrador estriba en prometer transformar nuestra exacerbada democracia neoliberal en una democracia social. Eso sí es un peligro mayúsculo, pero para los grupos políticos y empresariales que se han enquistado en el poder político y económico a nivel nacional y local.

El establecimiento de una democracia social necesita de un robustecimiento institucional, de un Estado regulador y de un mercado fuerte. Esto no es populismo, podría ser corporativismo, clientelismo, institucionalismo fuerte, pero no populismo. Si así fuera, Europa representaría el modelo global de populismo.

El establecimiento de una democracia social implica socavar la democracia neoliberal y, por ende, todos los anclajes de poder que durante años se han mantenido y transmitido como un patrimonio familiar.

La promesa de la democracia social como alternativa para paliar la desigualdad tiene límites y pueden ser identificados en la práctica política de Obrador y, por ende, de Morena como partido. Estas prácticas son señales claras de que la democracia neoliberal no será eliminada. Morena se ha convertido en un partido “Cachol” o “atrapalotodo”, que en aras de obtener mayoría de votos ha sumado en sus filas a múltiples líderes, ex mandatarios, funcionarios y militantes priistas que se han enquistado en el poder político en el Estado. Nuestra localidad es el espejo de la política nacional de Obrador y Morena representado por candidatos prototípicos de un priismo más añejo en la entidad.

La marea Morenista levanta mucha espuma y cúmulos de arena que invisibiliza, enturbia la realidad de la promesa del cambio, de la promesa de una democracia social. Así no se puede “hacer historia”.