¿Declinación presidencial?

Ni José Antonio Meade ni Ricardo Anaya declinarán. A estas alturas de la campaña el resultado de una decisión de ese tipo sería catastrófico para los partidos que integran sus coaliciones, por esa y otras razones ambos llegarán al 1 de julio. Ya no hay condiciones que favorezcan una decisión de esa naturaleza, la disputa por el segundo lugar les está cobrando la factura y por más que se empuje para la declinación, ahora el problema es que no pueden dejar tirados por la borda a los candidatos a gobernadores, senadores, diputados federales y locales. Veamos algunas de las razones del fracaso de la declinación como opción para competir contra Andrés Manuel.

Entre las razones se pueden identificar las siguientes: 1. El tiempo, 2. Las profundas heridas de la batalla por el segundo lugar, 3. El bajo impacto de la presión empresarial para hacer declinar a José Antonio Meade, 4. La caída en las preferencias del PRD y de Nueva Alianza, 5. El fracaso del voto útil, 6. La experiencia de la dispersión de los seguidores de Margarita Zavala y 6. La claudicación de Peña Nieto en la búsqueda por dejar sucesor.

En el caso del tiempo, al restar menos de cuatro semanas habría muy pocos días para que los seguidores y militantes se volcaran de manera inmediata a apoyar al otro y aunque hubiera una estrategia de medios y posicionamiento, sería insuficiente para lograr crear en el imaginario colectivo que la declinación de uno de ellos sería por el bien del país. Pudiese darse lo contrario, que los electores percibieran la desesperación por no dejar el poder y las prebendas, a ello debería añadirse que ya no es posible modificar las boletas y eso significaría que ambos, tanto Meade como Anaya, estarían ahí, el factor tiempo, juega en contra de cualquier declinación y puede terminar de hundir a ambas coaliciones.


En el caso de la disputa por el segundo lugar, hasta ahora ha dejado un encono difícil de olvidar, el pleito entre el PRI y el PAN se salió de control, al grado que es impensable que las ofensas pasen a segundo plano, entre lavado de dinero y meter a la cárcel a Peña Nieto, hay heridas profundas entre los cuartos de guerra, los militantes y simpatizantes de ambas coaliciones, el llamado desesperado de Aurelio Nuño y la respuesta de Ricardo Anaya, muestran que ninguno de los dos piensan ceder el paso al otro, las huellas de la batalla siguen estando a flor de piel, esto en sí mismo elimina la posibilidad de una declinación, en cambio sirve para demostrar que el PRI está en un lejano tercer lugar y Anaya ha empezado a mostrar una caída sostenida en las preferencias.

Por otro lado, si bien el Consejo Mexicano de Hombre de Negocios intentó, sin éxito, disuadir a Peña Nieto sobre la declinación de Meade y que el gobierno y el partidazo se sumaran a Ricardo Anaya, a la fecha los ricos empresarios insisten en la declinación de facto y en el voto útil, como una estrategia para detener a AMLO. Ese grupo empresarial ha llegado a tal nivel que busca por todos los medios posibles que gane, ahora sí todos menos el tabasqueño. Sin embargo, hoy por hoy hay un claro rompimiento de los empresarios con Meade. De hecho, el candidato tricolor no ha dado un paso en el sentido de la declinación, no lo hará y con ello de nada servirá el último intento de detener al puntero por parte de los empresarios, pues mientras haya cuatro candidatos de pie no habrá un final de fotografía.

De hecho, la declinación cavaría la tumba del PRD o de Nueva Alianza, por esa razón las cúpulas de esos dos partidos no permitirán que alguno de los dos se baje, ya que hacerlo a estas alturas daría un fenómeno de dispersión tal como ocurrió con los posibles electores que apoyaban la causa de Margarita Zavala, sus votos se diluyeron y terminaron repartidos, aunque muy posiblemente se fueron con el líder de Morena. En ese sentido el llamado voto útil carece de fundamento y si lo hubiera todo indica que se estaría yendo con Obrador. La declinación hundiría a varios al PRI, al PRD, a Nueva Alianza, a Movimiento Ciudadano, al Verde Ecologista y rasparía de forma importante al PAN, por eso nadie correrá ese riesgo. Una cosa es perder la Presidencia y otra es perder las prerrogativas.

Finalmente, a Peña Nieto le conviene más sacar las manos del proceso electoral y entregar el poder a AMLO, pues de ello dependerá el cómo será juzgado por la historia, pues a esta fecha y si insiste en buscar fraudulentamente el triunfo de su partido, se irá el 30 de noviembre de 2018 como uno de los peores presidentes de México. De hecho, varias voces del círculo cercano al presidente han filtrado que Peña Nieto ya apostó por dejar sólo a José Antonio Meade, pudo más la historia que el apoyo para su estancado candidato presidencial. Peña Nieto ha claudicado y veremos en próximos días una campaña de brazos caídos por parte del gobierno federal, pero si no será Meade, tampoco será Anaya, eso corre en los pasillos de Los Pinos.

Entre tanto, la temperatura hizo estragos en todo el país, el calor subió… solo hay una forma de apaciguarlo… ¿usted la conoce? Ver para creer.