De mala calidad

La ciudadanía mexicana, aquella sin fobias ni afinidades partidistas, tendría que sentirse avergonzada por la calidad de los pretendientes a gobernarla.

Si lo visto en el primer debate presidencial de este proceso electoral 2018 será el mismo menú de descalificaciones, imputaciones y carencia de propuestas claras para los dos que aún faltan, ¡qué flojera! Como espectáculo fue suficiente, queda claro que ninguno de los cincos suspirantes es puro. Como se dice coloquialmente, cada uno tiene cola que le pisen y, en algunos casos, es demasiado larga y pesada.

Sin embargo, sigue la expectativa de presenciar otra vez la frescura con la que los integrantes de este quinteto se atreverán nuevamente a pedir el voto de las y los mexicanos. A Margarita Zavala, candidata independiente, se le olvida el saldo mortal que ha generado la guerra declarada al narcotráfico, cuando su esposo Felipe Calderón Hinojosa gobernó México, y a pesar de ello afirma sentirse orgullosa de su familia.

Con qué cara José Antonio Meade Kuribreña, abanderado de la coalición Todos por México (PRI–PVEM–Panal), demanda el respaldo si ha sido parte de los dos últimos sexenios en los que la violencia, la inseguridad, la vulneración a los derechos humanos y la corrupción se han disparado a niveles alarmantes.


Lo mismo Ricardo Anaya Cortés, candidato de la coalición Por México al Frente (PAN–PRD–MC), cuya postulación emergió en medio del escándalo por la falta de claridad en su patrimonio y en el crédito hipotecario asociado a beneficios en su persona.

Aún más, la desvergüenza del ocurrente Jaime Rodríguez El Bronco de aspirar a gobernar este país, con una denuncia penal en su contra por la presentación de firmas falsas para conseguir la candidatura como independiente.

Andrés Manuel López Obrador, de la coalición Juntos Haremos Historia (Morena–PT–PES), no solo carga con su propuesta confusa de amnistía a criminales y el presunto “uso familiar” de Morena, sino con pactos incongruentes con personajes políticos de dudosa reputación y la poca transparencia en la forma de allegarse de recursos.

La ciudadanía mexicana, aquella sin fobias ni afinidades partidistas, tendría que sentirse avergonzada por la calidad de los pretendientes a gobernarla. Si tras el debate ahora fueran las elecciones, seguramente dudaría en votar por alguna de estas opciones.