Las omisiones de los presidenciables

Ninguno de los candidatos presidenciales de las tres coaliciones contendientes en este proceso electoral tocó, durante su visita a Tlaxcala, dos problemas graves en la entidad: la trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual y la contaminación de la cuenca Atoyac–Zahuapan. Ni mucho menos se comprometió a resolverlos.

El 24 de abril, Ricardo Anaya Cortés, de Por México al Frente (PAN–PRD–MC), en entrevista con medios de comunicación, previa al mitin, respondió que combatiría el delito de huachicol de combustible; luego ante militantes ofreció seguridad y empleo.

José Antonio Meade Kuribreña, candidato de Todos por México (PRI–PVEM–Panal), estuvo el 23 de mayo. Fue el único que expuso propuestas más específicas para Tlaxcala, como el rescate del patrimonio cultural y colonial para detonar al sector turístico, modernizar la infraestructura carretera, concretar el proyecto de un Puerto Seco y hasta vaticinó que el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM) beneficiará al estado por la cercanía que hay entre ambos.


Solo Andrés Manuel López Obrador, de Juntos Haremos Historia (Morena–PT–PES), realizó dos visitas, el 5 y el 22 de este mes. El primer día, que coincidió con la conmemoración Mundial del Medio Ambiente, afirmó en Zacatelco que ningún proyecto de infraestructura social ni de desarrollo industrial atentaría contra el entorno.

Sin embargo, desaprovechó la oportunidad de formular soluciones al daño del río Atoyac–Zahuapan, causado por descargas industriales y municipales, cuyo saldo, según investigaciones de científicos, han sido mortales para habitantes de la zona sur, como resultado del deterioro a la salud.

En el recuento de la estancia de estos pretendientes a la silla presidencial en estas tierras, en la agenda de ninguno de ellos figura esta problemática ni la de trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual, delito al que se ha vinculado la desaparición de personas de este género, sobre todo menores de edad.

Ya no hay posibilidad de escuchar de propia voz de los presidenciables alguna salida ni compromiso con familiares de las víctimas, pues las campañas han culminado.