CIRA cumple con su propósito inicial de su fundación: González

Gabriela González Mariscal, actual coordinadora del CIRA de la UAT, afirma que este centro ha incidido en el medio local de diferentes maneras, pero el más importante es que inscribió a Tlaxcala en el mapa de la ciencia en México y en el mundo. Foto:Alejandro Ancona/La Jornada de Oriente

A 36 de años de su fundación, el Centro de Investigaciones en Reproducción Animal (CIRA) no sólo ha cumplido con el propósito de su creación, sino también impulsó la apertura de otros espacios de generación del conocimiento e innovación tecnológica, cuyos trabajos han impactado en el desarrollo de la entidad, destaca Gabriela González Mariscal, actual coordinadora de este organismo de la Universidad Autónoma de Tlaxcala (UAT).

El CIRA, que opera actualmente en tres espacios ubicados en los municipios de Panotla, San Juan Totolac e Ixtacuixtla, es formalmente el primer centro de investigaciones de la UAT y su apertura, desarrollo y éxito va de la mano de su fundador, el doctor Carlos Beyer Flores, fallecido en 2013, a quien se le reconoce haber impulsado la descentralización de la investigación científica en México.

A la fecha, este centro tiene adscritos a investigadores reconocidos a nivel nacional e internacional como Óscar González Flores, Ángel Ismael Melo Salazar, Julio César Morales Medina, Kurt Hoffman y Gabriela González Mariscal, cuyos trabajos son referencia de especialistas en biología y fisiología de otros estados de la República mexicana y de otros países.


En entrevista con La Jornada de Oriente–Tlaxcala, la coordinadora del CIRA, adscrito a la Secretaría de Investigación Científica y Postgrados de la UAT, hace un recuento desde la fundación de este espacio en 1980 hasta el presente año; reseña en la que sólo lamenta que el impulsor del CIRA ya no esté vivo para ver los avances de su creación, la cual se logró con el respaldo de instituciones y el apoyo de investigadores con los que Carlos Beyer tenía amistad.

Fue alrededor de 1980, recuerda Gabriela González, cuando Carlos Beyer, en ese entonces jefe del Departamento de Investigación Científica del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y a la vez responsable de la División de Ciencias Biológicas y de la Salud de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), unidad Iztapalapa, decidió iniciar la descentralización de la investigación científica en México hacia  Tlaxcala.

Para ello visitó la comunidad de Panotla, donde el entonces senador Rafael Minor Franco le propuso utilizar para el centro de investigaciones las instalaciones de una escuela primaria ubicada en la plaza principal, que estaban abandonadas, pero cuya extensión y salones amplios resultaban idóneos para ser acondicionados como laboratorios.

“Ahí se inicia el CIRA, con un pequeño laboratorio y un bioterio para conejos”.

Con relación al personal, refiere, se estableció inicialmente una colaboración para la contratación de investigadores entre la UAT y la UAM, pues en ese entonces la universidad no tenía todavía ningún egresado de las licenciaturas en el área biológica que pudieran incorporarse a la investigación en el ámbito de la biología de la reproducción.

Más adelante, en 1984, la UAM se retira de este proyecto, pero a través de la amistad que mantenían Carlos Beyer y Hugo Aréchiga, que era jefe del Departamento de Fisiología del Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados (Cinvestav) del Instituto Politécnico Nacional (IPN), se establece un formal convenio de colaboración entre ambas para la contratación de investigadores. Dicho acuerdo persiste hasta ahora, pues se ha renovado en varias ocasiones.

Este convenio permite que el grupo de investigadores del CIRA comience a crecer y más adelante se incorpora, a través de una comisión personal, el doctor Pablo Pacheco Cabrera, proveniente de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quien trajo consigo a un grupo de estudiantes de la Universidad Veracruzana (UV).

Gabriela González recuerda que ella llegó al CIRA en 1985 contratada por el Cinvestav, pero desde 1974 conocía a Carlos Beyer, pues fue su alumna en la UAM. A su arribo a este centro de investigación, se echan a andar la maestría y doctorado en Biología de la Reproducción, que también se convierten en los dos primeros programas de postgrado en ciencias establecidos en el estado de Tlaxcala.

Para la convocatoria de maestría se seleccionan a 10 alumnos provenientes de Sinaloa, Veracruz, Puebla, Ciudad de México, Jalisco y de Tlaxcala, pero no egresados de la UAT, quienes conformaron la primera generación de maestros en Ciencias formados en la máxima casa de estudios de la entidad, y fue apadrinada por la entonces gobernadora Beatriz Paredes Rangel.

En el caso del doctorado, comenta, como no era escolarizado, fue constituido mayoritariamente por personas que ya eran investigadores en diferentes lugares del país, por lo que no tomaban clases sino que venían a Tlaxcala a presentar seminarios, avances de sus tesis, entre otras actividades más.

“Ambos programas fueron muy exitosos y fueron el primer empuje fuerte inicial para consolidar ya una base de investigadores formados, radicados, enraizados en Tlaxcala”, observa.

De los egresados de la maestría, algunos se incorporaron al doctorado y otros se fueron a postgrados que se impartían en otras instituciones, pero para entonces el CIRA ya contaba con más investigadores, por lo que se comenzaron a diversificar las líneas de investigación.

El CIRA es el primer centro de investigación de la UAT

El CIRA, anota, comenzó desarrollando la línea de investigación sobre el control neuro endócrino de la conducta sexual masculina y femenina en las ratas y los conejos, que había iniciado y mantenido Carlos Beyer desde hacía muchos años en la Ciudad de México.

Entre los años 1989 y 1990, se puso en marcha junto con el doctor Jay Rosenblatt, que provenía de la Universidad de Rutgers de Nueva Jersey, la línea de investigación sobre el control neuro endócrino de conducta maternal, en la coneja.

“Las líneas de investigación se fueron diversificando aún más conforme nuestros estudiantes fueron avanzando en su carrera académica, una vez concluidos los estudios de doctorado, varios de ellos realizaron estancias de postdoctorado”, resalta.

Por ejemplo, Mario Salvador Caba Vinagre hizo una estancia de investigación en el laboratorio de la doctora Rae Silver en la Universidad de Columbia, Nueva York, con la línea de investigación en Cronobiología, es decir, los ritmos circadianos.

Óscar González Flores hizo su programa de postdoctorado con la doctora Anne Edge en la Yeshiva University de Albert Einstein en la Escuela de Medicina de Nueva York, en la línea de investigación tradicional de Carlos Beyer, pero enfocada a mecanismos celulares que median la acción de esteroides sobre el sistema nervioso central.

Ángel Ismael Melo Salazar estuvo con la doctora Alison Fleming en la Universidad de Toronto, Canadá, donde aprendió una metodología muy novedosa para estudiar un aspecto específico del área de psicobiología del desarrollo para evaluar el impacto de la deprivación total de contacto madre–críos de ratas. “Esta técnica es muy difícil y ahora la tenemos en Ixtacuixtla. Es la única persona en el mundo que está cultivando esta técnica”, resalta.

La investigadora destaca la incorporación al CIRA, hace aproximadamente 12 años, de Kurt Hoffman, procedente de la Universidad de California, en Irvine, quien estudia algunos síntomas de desórdenes neuro siquiátricos. También recuerda que en 2013, a raíz de la muerte de Carlos Beyer, quedó vacante su plaza en el Cinvestav, la cual es ocupada ahora por Julio César Morales Medina, quien estudió la licenciatura en Puebla, el postgrado en Canadá y dos postdoctorados en Estados Unidos y desarrolla la línea de investigación relativa a nuevos modelos sobre la analgesia en roedores.

En su caso, apunta que inició desde hace tiempo la vertiente de aproximación a la cunicultura.

Respecto de la infraestructura, Gabriela González recuerda que hace 15 o 18 años, durante la administración del rector Juan Méndez Vázquez, a través del entonces Comité Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas (Capfce), se construyen en el campus de Ixtacuixtla, nuevas instalaciones.

Con lo cual ya cuenta con tres espacios, pues también rentan unas casetas en San Juan Totolac para albergar a los conejos que utilizan para sus estudios. “Tenemos dos bioterios de conejos, uno grande y otro chico, dos lugares para ratas, en uno se hace exclusivamente la crianza artificial, y el otro es para reproducción y observación de conductas sexual”, explica.

“Creo que el CIRA ha incidido en el medio local de diferentes maneras, primero el gran mérito, que lo tienen muy pocos investigadores en México, del doctor Carlos Beyer de haber creado en este estado, donde no había, como él decía, ni siquiera la revista científica en el puesto de periódicos, el gran mérito ha sido que este estado ya se inscribió en el mapa de la ciencia en México y en el mundo. Es el mérito más grande y es algo que pasará a la historia de Tlaxcala”.

El segundo mérito, considera, es la creación de programas de postgrado, inicialmente, por el mismo CIRA y ahora por otros centros de investigación, lo que ha permitido que se formen investigadores enraizados ya en el estado de Tlaxcala y que este espacio sea sede de eventos nacionales, como el Congreso Nacional de Ciencias Fisiológicas.

Y el tercero se refiere a las actividades de divulgación científica, pues se espera que los investigadores no sólo den a conocer sus hallazgos en revistas especializadas de circulación nacional e internacional, sino que además se comunique el trabajo científico al público en general, al no especialista.

“Estos son los ejemplos que creo más fuertemente ilustran el impacto que ha tenido el CIRA sobre la vida real en Tlaxcala”.