¿Cuestión de fe?

En el remoto caso que Enrique Peña Nieto se decantará por el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, como candidato del PRI a la Presidencia de la República, ¿usted votaría por un funcionario que pide públicamente tener fe en la procuración de justicia?, imagínese como le iría al país si la solución a los múltiples problemas públicos se resolvieran con llamados a la fe. De pena ajena la expresión pública de Osorio Chong, pero para fortuna de éste, la fe movió montañas y el juez resolvió procesar a Javier Duarte, las plegarias tuvieron un efecto, veamos ahora si los diablos no siguen sueltos. Amén.

Si fuera cuestión de fe, el INE hubiera anulado los procesos electorales de Coahuila y Estado de México, ambos plagados de irregularidades. Si fuera cuestión de fe, la pobreza sería un mal pasado y en México hubiera una menor y radical pobreza extrema y moderada. Si fuera cuestión de fe, se hubiera nombrado fiscal anticorrupción con autonomía, presupuesto y oficinas. Si fuera cuestión de fe, ya hubiéramos encontrado respuestas objetivas sobre los 43 desaparecidos de Ayotzinapa. Si fuera cuestión de fe, hubieran hecho renunciar al secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, por el caso del socavón en Morelos. Si fuera cuestión de fe, la corrupción y la impunidad sería erradicada del país. Si fuera cuestión de fe, el modelo de desarrollo que tanto publicita el gobierno sería exitoso con altas tasas de crecimiento, menor desigualdad y una tasa de endeudamiento bajísima. Si fuera cuestión de fe, el fenómeno de la violencia, crimen organizado y los cárteles enquistados en el país ya hubieran sido mermados radicalmente en su capacidad de acción y organización. Si fuera cuestión de fe, entonces deberían enviar a negociar a los pastores que custodian el arzobispado de México para resguardar el TLC de América del Norte y no correr el riesgo de enviar expertos en negociación de comercio internacional, no vayan a resultar falsos fiscales de la PGR.

De hecho, los problemas públicos que atiende el gobierno, no pueden ser atendidos por actos de fe, independientemente de cualquier religión que se profese, al menos ese fue uno de los legados más importante del presidente Benito Juárez; en el siglo XIX, política y religión han coexistido en la historia de la civilización, pero una cosa es la creencia individual cuyo ejercicio de libertad se respeta y otra muy diferente es que ante la incapacidad, ineficiencia, ineficacia, corrupción, los gobernantes clamen por la ayuda de instancias supremas. Las experiencias sangrientas de medio oriente deberían tenerse presentes permanentemente y los funcionarios deberían ceñirse a la histórica separación de la religión y la política, pues resulta lamentable que quien lleva las riendas de la política interna del país pida tener fe ante la incapacidad de la procuración de justicia para llevar un caso que en apariencia estaba totalmente respaldado por un expediente robusto.


Según la información pública y mediáticamente publicitada, Javier Duarte cometió diversos delitos, entre ellos delincuencia organizada y lavado de dinero, pero que una primera audiencia fue prácticamente desechada, no fue sino hasta este fin de semana en una segunda audiencia que el juez resolvió vincular a proceso al ex gobernador de Veracruz, que en los hechos significa que el señor Duarte permanecerá recluido durante el juicio, sin embargo, el asunto no termina ahí, pues ahora inicia la defensa férrea del ex gobernador y hasta ahora no se sabe, por ejemplo, si Duarte decida iniciar su propia cacería y de nombres de la complicidad política y del gobierno que seguramente con su silencio o colusión fueron parte del saqueo que nos han dicho que ocurrió. Sin embargo, ante la opinión pública, varias preguntas merodean las voces de los ciudadanos, ¿a poco nadie sabía de las corruptelas cometidas por el ex gobernador?, ¿será tan fácil burlar la ley y desviar recursos públicos a diestra y siniestra, sin que nadie se entere?, ¿por qué fue que hasta la última parte de la administración de Duarte fue que se hicieron públicas las anomalías que según la PGR y la PJEV evidenciaban, delincuencia organizada, lavado de dinero, peculado y otras arbitrariedades?, ¿quién nombró a los fiscales de la PGR en la primera audiencia, que por lo visto eran unos improvisados o esa era la intención, si fue así les salió el tiro por la culata?

De hecho, vendrán más desaguisados, pues el expediente robusto, resultó un costal de papas, ahora la procuraduría tendrá que demostrar sus dichos, un caso que en sí mismo resultaba de trámite, se les está complicando demasiado. Desgraciadamente para el gobierno de Enrique Peña Nieto, las cuentas no le cuadran y los fiscales han dejado muy mal parada a la procuración de justicia, ejemplo notable de la ineficacia en la impartición de justicia en México, pero ante las burradas de la PGR, las consecuencias son ridículas, en lugar de despedir a los fiscales de la primera audiencia, despedir al procurador federal y a las autoridades veracruzanas, nuestro flamante secretario de Gobernación pidió tener fe; de pena ajena.

Una vez más se muestra el deterioro de las instituciones, de ahí que ante un escenario de vil impunidad, los consejeros del INE han sostenido que no renunciarán, si el llamado es a la fe, que “dios nos coja confesados en el 2018”. Mientras que Roberto Gil, el senador calderonista, demuestra con actos de contrición su lealtad a los que le han dado de comer y beber. Así sea.