Cuarto informe: La economía no basta

En materia de desarrollo social, el IV informe de gobierno se articula alrededor de cuatro temas: educación, salud, vivienda y asistencia social, bajo el compromiso de “darle a cada tlaxcalteca los medios necesarios para abrirse paso en la vida y lograr salir adelante con dignidad y esfuerzo”.

La realidad de los ciudadanos de a pie es construida a partir de la experiencia inmediata, a la gran mayoría no le importa si la economía está creciendo, si las reservas internacionales son altas, si el precio del petróleo sube o baja, lo que le interesa es si su salario le alcanza para comprar la despensa, si sus hijos pueden ir a la escuela, que sea atendido cuando se enferma.

Si sus expectativas no se ven cumplidas de forma inmediata, automáticamente construye la idea de que el gobierno no es bueno. A ello se suman prácticas que ha internalizado la cultura política: Un gobierno es bueno si da chamba, por la vía que sea, heredando plazas, comprándolas o intercambiando compromisos electorales.


Su realidad cotidiana le permite afirmar que un gobierno es bueno si hace obras monumentales, no importa si se trata de elefantes blancos, lo importante es que se vea que gasta dinero, no sólo porque moviliza a una gran cantidad de sectores de la economía sino porque significa que “hay dinero.

Un gobierno es bueno si regala cosas, es bueno porque la clase política le entrega parte de los dineros públicos, por ello los diputados locales, por ejemplo, hacen tanto énfasis en la gestión social y se asignan dinero para “darlo” en ayudas, en obras o en especie.

Como señalan Amartya Sen y Martha Nussbaum, la expansión de las libertades permite desarrollar las capacidades individuales y sociales para que las personas construyan una vida que merezca ser vivida y en ello mucho tiene que ver la educación y la salud.

Una de las ideas que permanecen en el imaginario social es que la única herencia que pueden dejarle los padres a los hijos es “su educación”, en razón de que se sigue considerando que posibilita la movilidad social y más aun cuando se observa que algún vecino tiene hijos que han alcanzado puestos superiores porque “estudiaron”.

Todos los gobiernos de la alternancia, por determinación del gobierno federal, asignan la mayor parte de su presupuesto a educación y salud (gráfico 1). El fondo para la educación básica (FAEB) pasa en el sexenio del PRD de 918 millones a 2 mil 51 millones y de ésos asciende –en el sexenio del PAN– a 3 mil 45 millones de pesos para llegar a los 3 mil 737 millones de pesos en los cuatro años del gobierno del PRI.

El otro fondo en importancia es el de aportaciones para el sistema de salud (FASSA). A principios del sexenio del PRD este tiene una cifra de 142 millones de pesos que al final se elevan a 462 millones de pesos, para pasar durante el sexenio del PAN a 725 millones de pesos y durante los cuatro años del PRI alcanzan los mil 126 millones de pesos.

Solo para tener un elemento de comparación, en la propuesta que presenta el Poder Ejecutivo al Congreso local para el Presupuesto de Egresos del estado en 2015, a educación se asigna el 58 por ciento de los recursos y a salud el 15 por ciento, en total estos dos rubros se llevan el 73 por ciento, es decir, 73 centavos de cada peso.

El problema es qué tanto repercuten estos recursos en la experiencia de la realidad de la vida cotidiana de los ciudadanos. En educación, de acuerdo con el sistema de información educativa (SNIE), la población de entre 3 y 14 años de edad, que es a la que se tiene la obligación de otorgar educación básica, ha alcanzado una cobertura del 94.2 por ciento, registrándose un incremento paulatino que va en 1998 de 83.8 por ciento a 94.3 por ciento en 2004 y llega a 94.6 por ciento para descender ligeramente en 2013 a 94.2 por ciento. Lo que significa que casi el total de niños que se encuentran en edad escolar encuentra un lugar en la escuela. (gráfico 2)

El problema no es de cantidad sino de calidad, y en ese sentido, de forma marginal, se ha provocado un ligera mejoría de forma procesual a partir de los años de registro de ENLACE (Evaluación Nacional de Logro Académico en Centros Escolares) (ver gráfico 3).

En donde los resultados están para llorar es en la escuela secundaria, porque ahí hasta la fecha, no se logra que más de 16 estudiantes alcancen un logro que entre en la clasificación de bueno y excelente, lo que significa que el 86 por ciento presenta resultados  considerados como insuficiente y elementales (ver gráfico 4).

“El compromiso de ampliar y rehabilitar de modo integral más de 700 escuelas, construir  aulas de medios con computadoras e internet, y nuevo desayunadores escolares [así como]  servicios en 132 bibliotecas [y] un crecimiento superior al 3 mil por ciento” en la transformación de escuelas de tiempo completo ha sido importante, pero no suficiente.

En donde los datos logran un estirón es en educación media superior, en 1998 atiende al 52 por ciento de la población, en 2004 ésta alcanza el 57 por ciento, en 2010  llega a 66 por ciento y dan un buen salto hasta 73 por ciento en 2014. En donde los datos reflejan anemia es en educación superior, para 2013 sólo se atiende  a dos de cada 10 jóvenes que se encuentran entre los 19 y 24 años de edad (ver gráfico 2).

Por cuanto hace a salud, los datos de los Censos de Población y Vivienda 2000 y 2010 permiten observar el incremento de la población derechohabientes del sistema de salud, mientras que en 2000 sólo el 40 por ciento de la población era derechohabientes del IMSS, ISSSTE, Seguro Popular, ISSFAM y otras, en 2010 éste se incrementa 14 puntos porcentuales, lo que hace que la población derechohabiente pase del 40.1 al 64.6, en tanto desciende la población sin protección al pasar del 57 al 33.8 por ciento.

En 2000, el IMSS atiende al 30.8 por ciento de la población y en 2010 desciende a 29.6, en tanto que Sesa incrementa al pasar del 23.2 al 34.2 por ciento, el ISSSTE crece marginalmente del 5.2 a 5.9 por ciento, la seguridad de las fuerzas armadas se mantiene en el uno por ciento y se observa que el incremento de Sesa es producto del descenso en el servicio privado porque éste pasa de 34.2 por ciento a 24 por ciento.

La pregunta central en este rubro ¿Es de qué se enferman  y mueren los tlaxcaltecas?, y ahí se descubre una paradoja: se enferman de enfermedades del subdesarrollo y se mueren de enfermedades del desarrollo. Entre 2003 y 2013 las cinco enfermedades que mayor presencia tiene en la atención de las instituciones de salud son: infecciones respiratorias agudas, infecciones intestinales, infecciones de vías urinarias, ulceras, gastritis y duodenitis y otitis media aguda. (gráfico 5)

En cambio, las primeras causas de mortalidad para los mismos años son: diabetes mellitus, enfermedades del corazón, tumores malignos, accidentes y enfermedades del hígado. La insuficiencia renal ocupa el décimo lugar (gráfico 6).

Los datos de educación, salud y otros, como los ingresos, determinan que la entidad sea calificada dentro de los parámetros de pobreza y uno se pregunta por qué teniendo estos indicadores, el Coneval determine que 710 mil tlaxcaltecas se encuentran en situación de pobreza. 183 se encuentren con carencia por rezago educativo, 412 mil con carencia por acceso a los servicios de salud, 836 mil por carencia por acceso a la seguridad social, 285 mil con carencias por acceso a la alimentación.

Lo que significa que lo realizado “en el mantenimiento y ampliación del 80 por ciento de los centros de salud”, la optimización en la operación de los cuatro hospitales regionales y las jornadas de salud, así como la ayuda a “más de 16 mil personas en situación vulnerable” y el servicio de los millones de desayunos calientes y fríos, han tenido muy poco impacto. Aunque no puede dejar de reconocerse un ligero mejoramiento en los índices de desarrollo humano.

La mala calidad de la educación y la salud es lo que lleva a la población, en su experiencia de la vida cotidiana, a considerar que el gobierno no ha sido bueno, reconociendo que el problema no se gestó en el sexenio, sino que es producto de un proceso de deterioro que se ha agudizado con los años de la alternancia, aunque la apariencia haya sido de que mejoramos para empeorar.