Crisis del sistema político–electoral

El sistema político–electoral de Tlaxcala está en crisis, requiere de una verdadera reingeniería que permita a los más de 800 mil electores, incluidos los casi 400 mil escépticos que dejaron de acudir a las urnas, volver a creer en la democracia y que el voto es su principal arma.

Pero esa crisis no tiene otro culpable que los propios partidos, quienes a través de sus representantes han hecho de la política un vil instrumento para alcanzar el poder tanto económico como social, pero jamás el bien común.

Unos y otros culpan de la crisis al árbitro electoral, pero pretenden fingir demencia –en algunos justificada y hasta senil– para no darse cuenta que ellos mismos, a través de sus diputados, son los responsables de lo que vivimos antes, durante y después de los comicios del 7 de julio, pues fueron ellos quienes eligieron, impusieron o se repartieron los espacios para integrar el Instituto Electoral de Tlaxcala (IET).


Todos, los nueve partidos, contribuyeron al descrédito en el que está inmerso el sistema político local, soterrado en su peor crisis de credibilidad, porque ante la guerra de acusaciones sobre fraude, robos y otras linduras, el ciudadano se siente utilizado y traicionado por los que se presentan como paladines de la democracia.

Ante esta realidad, es momento de que la ciudadanía se organice y convoque a una verdadera reforma de Estado, sí, una real adecuación del sistema local y no aquella a la que hemos sido acostumbrados sexenio tras sexenio que se queda en un maquillaje maniqueo de nuestra legislación con el único propósito de quien detenta el poder, de perpetuarse en éste.

No, ya es tiempo de una reforma estructural en la que se reconozcan las candidaturas ciudadanas, que se elimine el monopolio de los partidos políticos para postular candidatos a los diferentes cargos de elección popular y se ate de manos a la imposición que hacen quienes detentan el poder económico y político.

Pudiera ser un sueño, pero es tiempo de despertar. Lo vivido la noche del 7 de julio y los días posteriores no se puede ni debe repetir. Tlaxcala no lo merece.




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