Corrupción en el TSJE, el negocio es de todos

Una verdadera tolvanera es la que se dejó sentir en Ciudad Judicial, porque la mayoría de los jueces fueron movidos y cambiados de adscripción, situación que seguramente generará una tormenta en aquellas áreas en las que despacha Héctor Maldonado Bonilla como presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado (TSJE).

La medida fue una acción en contra de la corrupción. Una de las quejas más recurrentes es en contra de los jueces, quienes con el paso del tiempo habían hecho de su espacio un coto de poder.

El tráfico de influencias y el nefasto apoyo para el impulso procesal, entre otras prácticas nada legales, ya se habían enquistado en una red de complicidades que desde el Consejo de la Judicatura buscan desterrar.


Como era de esperarse, la medida molestó a casi una veintena de juzgadores quienes en su mayoría se vieron afectados, porque “tardarán” en recuperar su negocio y hacerse de una buena base de clientes, como aquellas que ya tenían en su anterior adscripción.

Pero no todo fue benéfico, ya que en eso de los movimientos, el presidente del Poder Judicial aprovechó el viaje para empezar a pagar el apoyo recibido para su función al frente del Tribunal.

Solo así se explica que la amiga de la magistrada Rebeca Xicohténcatl, Yenisei Esperanza Flores Guzmán, que estaba en el juzgado de ejecución especializado de medidas aplicables a adolescentes y de ejecución de sanciones penales, fuera cambiada, a petición de Maldonado Bonilla, al nuevo sistema penal como jueza de control.

De los casi 30 jueces, solo Anel Bañuelos Meneses, Guadalupe Castillo, Laura Marcela Ramos Vela, Ernestina Carro Roldán, Claudia Pérez Rodríguez, Angélica Aragón Sánchez, María Elvia Diazcasalez y Gerardo Felipe González Galindo se mantendrán en su espacio, mientras que el resto fue cambiado a fin de tratar de inhibir algunas prácticas.

Sin embargo, si el motivo de los cambios fue los visos de corrupción, estos no cambiarán por obra y gracia de la disposición, sino de acciones legales ejemplares y verdaderas en contra de los corruptos. Pero como dice el refrán, perro no come perro, rolar jueces es un paliativo de magistrados, no soluciones reales, ya que el negocio lo hacen todos.