Contra la trata

La erradicación de la trata de personas, una de las expresiones extremas de las violencias de género, implica mucho más que la conmemoración de días específicos, requiere el genuino compromiso de gobiernos y sociedad de realizar un trabajo diario que permita combatir la impunidad ante cualquier conducta que vulnere los derechos humanos de niñas y mujeres, sustentados en la discriminación y estereotipos sexistas, incluso de aquellas que pudieran parecer sutilezas.

El reto no es menor y aunque existen avances, éstos son insuficientes, pues no hemos logrado garantizar que las mujeres puedan sentirse seguras caminando por la calle y dentro de sus hogares; si persisten los prejuicios de “se habrá ido con el novio” que impiden una acción eficaz y eficiente ante la desaparición de una mujer por parte de las autoridades; si se sigue celebrando el acoso y el hostigamiento sexual como emblema de poder y de hombría.

Uno de los grandes pendientes y grandes retos continúa siendo el trabajo con los hombres para desmontar la idea de que la masculinidad debe ser violenta y encasillada a roles de reproducción, proveedor y autosuficiencia, de control y de negación a su propia vulnerabilidad. Además, en el momento de cuestionar los privilegios de los hombres persisten las resistencias incluso de aquellos que en redes sociales presumen su “feminismo”, pero que fácilmente recurren al mansplaining que se refiere a la tendencia de muchos a dar explicaciones “paternalistas y condescendientes” a las mujeres, incluso cuando sus conocimientos en el tema en cuestión sean básicos; o la manterruption, término utilizado para interrumpir innecesariamente a una mujer cuando habla, para acaparar el diálogo y la atención y minimizar el aporte femenino.


La tarea de erradicar la trata de personas nos convoca a todas y todos y nos exige esfuerzos continuos y permanentes, no de fechas. Los municipios deben dejar de evadir sus responsabilidades y obligaciones, especialmente los 13 identificados en la solicitud de alerta de género, ocuparse en fortalecer las capacidades de sus institutos de la mujer y a sus policías, pues las negligencias, omisiones y simulaciones desde sus territorios han permitido la expansión de las redes de trata.